El camelo económico
29.10.09 @ 08:00:50. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Crudo invierno. Acuarela de Antonio Pascual)(*)
De entrada confesaré mi ignorancia de fondo respecto a cuanto tiene que ver con los dineros. Sé que conviene - o mejor, es prácticamente obligado - saber de estas cosas, y admito, incluso, que puedan llegar a ser interesantes, por lo menos tanto como lo son otras cosas de la vida a las que prestamos una mínima atención. Pero añadiré que, pese a lo dicho, tanto he leído y oído sobre esta cuestión durante la última parte de mi vida, que el lector no debería sacar un juicio equivocado de mi capacidad para comprender lo que está pasando ahora mismo en una economía que, como la española, va de capa caída, o más que caída, arrastrada.
Digo todo esto con objeto de que se entienda que no es necesario ser un broker experimentado para darse cuenta de que nos están engañando como a chinos - y perdónenme la comparación, porque ahora caigo en que los chinos no son tontos ni nada que se le parezca, como tampoco los brokers se dan siempre cuenta de que les toman el pelo, y ahí tienen ustedes el caso del fraude piramidal de Madoff, en el que cayó hasta el presidente del Banco de Santander, o sea, un águila de las finanzas.
Cómo será la cosa, que yo mismo, ciudadano de a pie aunque a veces sobre ruedas, he percibido algunas cosas que me parecen evidentes. Por ejemplo, que en materia de economía hay gente que se da cuenta de lo que está pasando y lo dice, y gente que se da cuenta de lo que pasa y, o no lo dice, o lo disfraza en beneficio propio o del partido.
Pensarán ustedes que quienes se dieron cuenta de lo que estaba pasando se darán también cuenta de que les están tomando el pelo, cosa que suele fastidiar bastante porque a la gente no le gusta pasar por tonta. Pero ustedes, mis sufridos lectores, que son de los que siempre se dan cuenta de todo, sabrán que si los embaucadores son astutos y tienen el poder en sus manos, lo utilizarán para disfrazar la realidad. ¿Se acuerdan, por ejemplo, de aquellos sacamuelas que vendían cualquier porquería haciendo creer a la gente que servía para algo?
También supongo que habrán caído en la cuenta de que los que tienen la sartén por el mango se han inventado una especie de retórica para no llamar a las cosas por su nombre, y que ahí se les ve el plumero, aunque para eso tienen toda la habilidad que les falta, en cambio, para resolver los problemas, tanto si tropiezan con ellos como si los crean ellos mismos, que para esto son unos verdaderos artistas.
Y sin necesidad de saber mucho de Keynes y de Adam Smith también estarán ustedes al día de que quienes así actúan no quieren que nadie les eche una mano como no sea para aplaudirles, y que en esto no distinguen entre unos y otros, porque han desdeñado los consejos de todo el mundo, empezando por la oposición y acabando por algunos premios Nobel y por las más prestigiosas organizaciones internacionales. Y que lo mismo han hecho, y esto es ya asombroso, con los más insignes cerebros de entre los de su propia cuerda, como es el caso del economista que se ofreció en su día para impartir un par de clases básicas, o del mismísimo Gobernador del Banco de España, que ya no sabe como explicarles lo que conviene hacer para que el país no se vaya al traste. En realidad podríamos resumir todo esto diciendo que, menos a sí mismos, han descalificado a todo bicho viviente. Y ustedes, que no son tontos, se habrán dado también perfecta cuenta de que si éstos actúan así es porque lo que verdaderamente les importa es no perder votos, y para eso piensan que es condición sine qua non que los sindicatos les dejen la fiesta en paz.
Para remate han subido los impuestos diciendo que sólo afectarían a las “clases altas” y que se trata de una medida temporal, para, presionados por la evidencia, confesar luego que serán las “clases medias” las verdaderamente perjudicadas, y que no se sabe hasta cuando tendrá que mantenerse tan indeseable medida. No es de extrañar, por tanto, que hasta los españolitos de a pie - cuya mayor parte se cree a pies juntillas lo que les dicen los medios de comunicación adictos al poder, y se sienten aliviados por los insistentes eslóganes oficiales - empiecen ya a darse cuenta de que ni éstos, ni los efectos estupefacientes de las leyes de educación previamente implantadas a tal efecto, son suficientes para ocultar la realidad de las cosas y hacer que siga funcionando la mentira. Y, poco a poco, quienes no llegan a fin de mes, hacen colas ante el INEM, tienen que regresar al hogar paterno o se ven obligados a cerrar su pequeño negocio familiar, van cayendo en la cuenta de que están siendo engañados por la ignorancia enmascarada de frases hechas y convenientemente aderezadas.
Ahora la gran duda está en si el efecto de este decepcionante descubrimiento nos conducirá de la incredulidad al pasotismo o, como sería deseable, nos animará a desembarazarnos definitivamente de un fastidioso lastre que, además de abocarnos a la ruina, nos está haciendo pasar a todos por imbéciles.
PS: Como verán, todo esto se puede trasponer en su mayor parte a otros muchos sectores de la actividad nacional.
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