Contradictoria España
25.10.09 @ 08:00:47. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Ferrari, Valladolid. Acuarela de José María Arévalo. 35x22)(*)
Que España es un país contradictorio es algo de lo que no hay vuelta de hoja. Esto de que nos parezca normal vivir en contradicción con nosotros mismos es, desde luego, chusco, aunque a veces resulte típico y hasta simpático. Cuando se sublima se convierte en surrealismo y da hasta para presumir, pero en el día a día resulta inaguantable y, a largo plazo, funesto.
Ahí tenemos eso de la “memoria histórica”, que resulta ser, más que memoria, todo lo contrario, porque lo que se intenta con ella es, precisamente, eliminar los testimonios de la historia. Se trata de un intento de dejarnos como si hubiera pasado sobre nosotros una especie de oleada selectiva de Alzheimer consistente en borrar lo que no les gusta a determinados señores. Pues qué bien, ¿no?
Menos mal que nuestros antepasados no hicieron lo mismo, porque si hubiera sido así nos habríamos quedado hasta sin turismo. El arco de Bará habría sido abatido con el pretexto de que los romanos eran unos malditos invasores, y lo mismo habría sucedido con el teatro romano de Mérida, símbolo de un imperialismo cultural que personalizaríamos especialmente en la estatua de Trajano, español traidor a la causa y que llegó a ser nada menos que emperador. Y a la dama de Elche la habrían hecho pedazos argumentando que los iberos debían ser unos tíos bastante bestias.
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