Mis amores. Amor que vienes cantando…
24.10.09 @ 07:30:46. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Santa Catalina. Acuarela de José María Arévalo. 34x48)(*)
Convaleciente y sentado en el mirador desde el que divisaba toda la plazuela de San Miguel y avenidas, veía cada día como salían o entraban al colegio las niñas del colegio de las Teresianas. Se “fijó” particularmente en dos que a partir de la casa contigua pasaban por debajo del mirador tantas cuantas veces se dirigían al colegio o volvían de él. Una de ellas era más rubia que el oro; la otra morena gitana y los ojos como las zarzamoras. Cuando se dieron cuenta de que alguien las observaba varias veces (cuatro) al día, tañían sus risas como cascabeles al tiempo que, furtivas y un tanto arrobadas, miraban fugazmente hacia el observatorio.
Ricardo no habló con ellas, pero al llamarse una a la otra –pequeñas granujas- supo que se llamaban Milagros la rubia, y Marifé la morena.
Al atardecer y desde la galería de su casa, oía gorjeos alegres en la vivienda que hacía pared con la suya. Sin verse ni hablarse, establecieron un curioso “diálogo”...
Ahora era Marifé la que le gustaba; y como creo haber dicho en alguna parte la voz y canciones de Ricardo eran más que aceptables, con ellas “dijo” a Marifé cuánto le agradaba su belleza:
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