Al final fue Río
18.10.09 @ 07:27:41. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Feria. Acuarela del pintor potosino Ricardo Pérez Alcalá, primer premio de la Tercera Trienal Internacional de la Acuarela, 2009, en la ciudad colombiana de Santa Marta)(*)
La verdad es que nos lo temíamos. Según parece la ley de la alternancia funciona inexorablemente, y así era difícil que con un Londres-2012 otro país europeo se llevase los Juegos de 2016. Además, ahora se presentaba Brasil, país de probada capacidad de seducción al que, para mayor abundamiento, se ha adjudicado el título de “potencia emergente” y cuenta con un presidente carismático: un obrero, entre revolucionario y moderado, venido a más. Cierto es que Río tenía en contra una criminalidad rampante y la concesión de otro evento importante - un campeonato mundial de fútbol, que allí es casi más que unos Juegos Olímpicos - sin haber demostrado aún su capacidad organizadora.
Tokio era un hueso de roer, porque estos japoneses son imparables cuando se ponen manos a la obra. Pero los Juegos de China estaban demasiado recientes. En cuanto a Chicago, éste tenía poco que ganar, sobre todo porque el envite no contaba con el entusiasmo popular, y, la verdad, así no se va a ninguna parte. Pero surgió Obama anunciando su aparición en carne mortal, y el muerto resucitó y las apuestas subieron como la espuma, de forma que aquél por quien nadie apostaba ni un ochavo aparecía ahora como favorito.
Para completar el panorama, durante el proceso de elaboración de las candidaturas cayó el chaparrón de la crisis financiera y el desastre económico, y algunos países quedaron más maltrechos que otros. “¡Sólo nos faltaba tener que cargar con el gasto!” pensaron muchos por nuestros pagos. “Y si no nos los dan, ¿para qué habrá servido todo ese dinero gastado?” se preguntaban otros. O quizá los mismos. Pero claro, la crisis nos había sobrevenido en el largo proceso de preparación de la candidatura, y tampoco era cuestión de apearse en marcha.
Con todo, a España no le había dejado mal sabor de boca su primer fracaso. “Se lo cargó el de Mónaco” pensó más de uno. Porque en aquella ocasión el príncipe Alberto aprovechó un atentado de ETA para, con una malintencionada pregunta, echar su cuarto a espadas en beneficio de la candidatura francesa. Y bien le debieron sonar los oídos con los sapos y culebras que vomitaron los españoles, porque esta vez se guardó muy mucho en repetirlo.
Pese a tanto inconveniente, esta vez recibimos una inyección de esperanza: la famosa “corazonada”. Y la cosa empezó bien. Los delegados del Comité Olímpico Internacional dieron a Obama en todos los morros nada más empezar, y los esforzados japoneses cayeron a continuación; todo ello en pocos minutos. La corazonada parecía funcionar, y esto nos animó. Todos los oradores españoles habían cogido bien el tono, y lograron crear un cierto ambiente de contenida emoción. Yo pensé que las palabras de Samaranch podrían obrar el milagro, porque el ex presidente, verdadero icono del movimiento olímpico, había presentado la eventual decisión a favor de Madrid como un postrer regalo a su ancianidad.
Pero nada resistió al embrujo de la ciudad mágica. Y es que, verdaderamente, ¿alguien cree que un poblachón manchego como Madrid puede llegar a superar aquel espectacular abrazo de la montaña y el océano, o la imponente presencia de Cristo sobre la cima del Corcovado? Además, durante una noche de embrujo, a los delegados les habían metido por los ojos unas garotas de Ipanema que movían las caderas al ritmo de un samba que sonaba algo así como “maracaná, copacabana, maracaná, copacabana”, y a ver quién se saca esto después de la cabeza.
Al final, Río arrolló. El Manzanares no pudo con la fuerza de un Atlántico remansado entre los riscos y las playas de arena dorada, y la austera solemnidad del barrio de los Austrias poco pudo hacer frente a la febril sensualidad de los sambódromos.
“Río de Janeiro” dijo el presidente del COI mientras París y Roma - agazapados hasta entonces - se frotaban las manos pensando en 2020. Y la corazonada terminó en nada, o sea como su propio nombre indica.
Desde luego esto era lo que temimos desde el principio. Pero, como yo digo, ¿es que esta vez nadie - por ejemplo, alguno de sus muchos amigos - se atrevió a decir al oído del monegasco: “Alberto, corazón, ya que tanto te preocupa la seguridad, por qué no te interesas un poquito por Río de Janeiro, que tiene una de las tasas de criminalidad más altas entre las grandes ciudades del mundo?”
---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm4.static.flickr.com/3516/3997747827_7c7469a4be_o.jpg
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


