Picasso en Las Francesas
16.10.09 @ 07:37:27. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Tauromaquia, grabado de Picasso)(*)
Un convenio de colaboración entre la Fundación Picasso y el Museo Municipal de Valladolid, nos permite ver estos días, en la Sala de Las Francesas y hasta el día 18, once litografías realizadas entre diciembre de 1945 y enero de 1946 por Picasso, y algunas cerámicas y libros con ilustraciones suyas. La exposición se titula “Sangre y arena”, pero bien pudiera haberse llamado “La deformación de la figura en el arte de Picasso”, a lo que alude el programa de mano que se facilita, y que, en mi opinión, es lo que mayor interés tiene de la muestra. “Once estampas que recogen las posibilidades realistas de la expresión, su sometimiento a las normas cubistas y, posteriormente, su despojamiento según una estética próxima al surrealismo.”
En mi artículo del pasado 27.09.09 “Aciertos y fallos de la política de exposiciones del Ayuntamiento de Valladolid”, restaba importancia a la exposición por tratarse de solo reproducciones, pocas y conocidas, de la tauromaquia de Picasso. Creí que en vez de esta "Suite Toros", se trataba de la más conocida que en 1957, Picasso completó de las veintiséis planchas para el manual clásico de Pepe Hillo sobre el arte de la lidia, y que es la más conocida, con una de las cuales ilustro este artículo, a falta de alguna de la presente edición. Eso me pasa por escribir antes de ver, aunque es lo cierto que prometí acercarme, y centré aquel artículo en la exposición de Eduardo García Benito, en la sala de La Pasión. Mantengo la calificación, pero rectificando el interés, en torno a esa transformación que la muestra permite contemplar. Junto a cuatro magníficos dibujos figurativos, ejemplo de la mano y la capacidad de síntesis del gran maestro, la destrucción de las formas es evidente en los demás, no precisamente ordenados con este criterio, ni el cronológico, pero el espectador minimamente avisado no encuentra dificultades en compararlos. Me trajo a la memoria un texto del propio Picasso que ha publicado el segundo número de la revista Hartismo, y que puede verse en http://www.hartismo.com/descargas/revista/harte_0002.pdf
“Confesión de Picasso a la que hace alusión el texto anterior. Picasso, el gran mutante, el inventor de formas y superformas, cuando tenía 83 años y no tenía nada que perder, dijo: “Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta que el arte, tal y como se lo concebía hasta el final de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía (...) Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.
"Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento".
"Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte poco a poco relegado a los museos y a las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatenería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso.
Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza.
En la actualidad como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra". "Ha habido grandes pintores como Giotto, Ticiano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda aparecer, pero que tiene el mérito de ser sincera”.
Realmente Picasso sintió enorme fascinación por la figura del toro y el torero, y con su tauromaquia se abre su producción pictórica, desde el cuadro "Pequeño picador amarillo" de 1890, hasta los autorretratos toreros de Aviñón, en 1972. Como señala el programa, “Picasso reflejó en su obra no sólo los resultados de reelaborar una tradición artística ni únicamente la formulación plástica de una serie de intuiciones geniales, sino también sus obsesiones, sus gustos y sus pasiones.” Pero sobre todo, ya digo, es la destrucción de las formas, incluso la destrucción del arte, lo que ahora podemos contemplar, en la sala de las Francesas. Para tomar buena nota.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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