Pequeño saltamontes
14.10.09 @ 07:35:47. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Caserío de Medina Zahara, en el Camino Viejo de Simancas. Acuarela de Manuel Prieto Hernández.32x52)(*)
No, no me refiero a Kun-fu.. Escribo sobre un saltamontes “solitary” del orden de los orthópteros. O sea, para “aclarar”…: caelífero o celífero.
Tendría diez o doce años cuando mi afición por la caza y la pesca era tal, que la caza era pesca y la pesca, caza. Para que nadie piense en tomadura de pelo, me explicaré:
Para pescar, necesitaba antes cazar: moscas, lombrices… ¡o saltamontes! Los había en abundancia junto a la era que llamábamos “de las alubias”. Era una era (perdónenme la repetición, pero es que ya no existe), en la que se trillaban legumbres. O, dentro de ella, se apaleaban alubias con el “mayal”. Por no sé qué apetencia de los saltamontes a la dieta mediterránea, la caza era allí segura para asegurarme una buena pesca.. No eran langostas, que ésas suelen agruparse en verdaderos enjambres, que arrasan con insaciable voracidad cuantos cultivos encuentran a su paso (vuelo). Éstos eran saltamontes solitarios -¿ven como la cosa va en serio?- que si había muchos allí era como los humanos que nos reunimos gustosos en torno a una mesa bien servida. Aquélla lo era (la era, era una mesa para ellos). Especie solitary de robustas patas y puñeteras alas, por las que su caza era (¡coño!) en extremo dificultosa. Saltos portentosos y cortos pero continuos vuelos. Tan apetecible cebo para los barbos, merecía la pena el sacrificio de cazarlos para que la pesca fuera abundante…
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