Mis amores. Juegos peligrosos.
10.10.09 @ 07:38:14. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Palomares en Peñaflor de Hornija. Acuarela de José María Arévalo.32x42)(*)
Las diversiones que por entonces se buscaban los adolescentes, por fuerza tenían que ser diferentes a las actuales. A mi entender no tuvieron, gracias a Dios, ni mucho menos las posibilidades del gasto disparatado que hoy es la base para que las pandillas de amigos y amigas se distraigan en cafeterías, por ejemplo (que antes no había), en discotecas (¿qué sería eso?), en “zonas” ni “cuadros”, de los que en la ciudad castellana no hubo más parecido que la Zona de Reclutamiento, que no por necesaria y muy digna, (¡faltaría más!), era precisamente divertida.
Dudo, por otra parte, que aun disponiendo de las actuales y mentadas posibilidades de diversión, y habida cuenta de cuáles eran los amores de ambos hermanos, hubieran hecho uso de ellas, pues nada más contrario a la necesidad de los grandes espacios, despejados, libres..., que semejantes lugares. Sin compartir, pues, las aficiones y modos de divertirse ahora la juventud, que desde luego respeto, y como yo, seguro que también ellos, digo, porque lo viví muy de cerca, que a Rodrigo, Ricardo y su pandilla les faltaba tiempo para salir al campo cuantos días tenían de vacación en el colegio.
Un domingo de primavera, acordaron ir al Soto de Medinilla, de tan gratos recuerdos. Las chicas, hermanas de sus amigos y amigas también suyas, prepararían la comida: sin duda paella. Mientras tanto los hombres… “jugarían” con el tiro al plato; platos de los de verdad, de loza, previamente cogidos de las cestas de las chicas; y tiro con pistola, que alguno encontró casualmente... en su casa.
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