La casita del pescador
07.10.09 @ 07:43:37. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Pike. Acuarela de Ros Ridley, en flickr.com/photos/rosridley.25x 35)(*)
Es un puerto nuevo: Rubicón. Entre el lujo circundante, hay una casita. La casita del pescador. Dice el letrero en la puerta de entrada: “Hasta aquí llegaba la mar”. A su alrededor nombres ampulosos. Edificaciones de lujo. Hoteles: Timanfaya, el Volcán… Islotes en urbanizaciones a cuál mejores: los Calamares, las Coloradas, Castillo de Lancelot, Papagayo…
La imaginación recorre otros parajes y navega por otros tiempos. Tal vez por distintos mares. Porque el primitivo –vueltas las tornas- se lo engulló la tierra.Tostado como la Playa Dorada, el viejo pescador dormita a la puerta de la humildad. Su casa.
Pero no se fue. No aceptó sobornos. No quiso dineros. Tampoco ventajosas permutas. Quiere sólo su casa. Su humildad con el contrasentido: apariencia de humildad. En realidad orgullo canario. Conejero. No dice nada. No comenta. Pasea. Triste por calles muy cuidadas. Junto a piscinas de aguas cristalinas. Climatizadas por el clima privilegiado. Islas Afortunadas.
-¿Por qué sigue usted aquí? –le pregunto.
-Es mi casa-. Y silencio.
En la mirada de amo y señor, que abarca la mar encogida, lo dice todo.
Eran su afición y su despensa.
Los que antaño fueran arrapiezos curtidos por el sol, son hogaño mocetones de una pieza. Trabajan en el castillo de Lancelot: jefe de “metres”. Jefe de cocinas. Administradora del servicio.
Sólo Zulema sigue en la casita del pescador. Sale de pesca con el pequeño bote de su padre anciano.
Con la cesta repleta de corvinas, viejas, chernes y otras especies, pasea por delante de la casita. Y del lujoso Timanfaya. Y de los restaurantes. Y del castillo de Lancelot. Y de las Coloradas. Como la princesa Yaiza. Es la princesa Yaiza. Sombrero de paja por corona; pañuelo de rayas en vez de vaporosos tules. La hija del último pescador. La princesa Yaiza del Marina Rubicón.
No puedo odiar; pero detesto el entorno.
En la umbría de tu patio pequeñito, estoy feliz. Mejor que entre tantas estrellas lujosas del “Volcán”. Mejor que en los yates majestuosos en los pantalanes del puerto robado al mar. Mejor que en el Paseo Marítimo a salvo de las aguas, como el paseo de los israelitas por el mar Muerto.
Aquello fue un prodigio. Esto un atropello. Insultante.
Se está bien en la “molinera” casita del pescador. Huele a mar. Pero le han achicado. Tu casa, padre de la princesa Yaiza, es un palacio que no absorbió el maremoto urbanizado.
Casita-palacio del último pescador. Se está bien en tu casa. Paquebote en la mar.Tu casita. En el Rubicón. Playa Blanca. Lanzarote.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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