Aciertos y fallos de la política de exposiciones del Ayuntamiento de Valladolid
27.09.09 @ 07:46:38. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Portada de la revista Vogue. Acuarela y témpera de Eduardo García Benito.)(*)
Este año la temporada de exposiciones ha empezado con enorme fuerza. En Burgos, Caja Circulo de Burgos, con motivo de su centenario, ha inaugurado el día 11 “100 años 100 artistas”, todos acuarelistas, lo que pone de manifiesto la fuerza y actualidad de este arte nuestro, tan difícil, de la acuarela, con una muestra de lo mejor de nuestros pintores, los clásicos ya fallecidos, Meneses, García Bonillo, Infante, Quesada, Martinez Lozano, Ceferino Olivé, Requena, etc., o todavía en activo como Visconti, y los más cotizados ahora entre los nuevos valores, como Cano, Castro, Plana ... Estará en la Plaza de España de Burgos hasta el 15 de noviembre. Enorme exposición, pues, como la que el 23 se ha inaugurado en la Biblioteca Pública de Palencia, con 110 acuarelas del la XI Exposición Internacional de Acuarelistas, correspondiente al Simposio que se celebró en Segovia, con más de trescientos acuarelistas europeos, el pasado mes de Junio, a la que ya dedicamos dos post en este blog. Esta exposición pasó de Segovia a Burgo de Osma, en julio, ha estado hasta el 23 de agosto en Burgos y después, hasta el 20 pasado, en León, e irá a Salamanca en Noviembre y a Avila en Diciembre. En todo Castilla y León menos en Valladolid. ¡Increíble¡.
El Ayuntamiento no ha dado facilidades en Valladolid. Cuando se le planteó hace un año, alegó que tenía obras en verano, en el Calderón, el Salón de Otoño ahora, la coronación de Nuestra Madre de la Angustias en octubre, y así sucesivamente, y en las demás salas que posee también lo mismo; todo cierto, claro. Pero una exposición así no puede dejarse pasar. Ahí está el Museo Patio Herreriano, donde hay sitio para dar y tomar (dice la prensa que ahora “acoge un ciclo de cine experimental y de animación para niños”; cualquier cosa que no sea pintura, claro). Y si hace falta se habilita el Ayuntamiento, como hizo Burgo de Osma. Grave error, señor alcalde, don Francisco Javier. Y siento no poder condonarlo por las facilidades que nos dan en Artecalle, en la marquesina de la Plaza de España, los segundos domingos de los meses de primavera y otoño, y en la de Portugalete en Navidad. Un congreso internacional de esta categoría es otra cosa, no puede dársele la espalda.
Decepcionados, dolidos, nos hemos quedado. El mal sabor, más aún, el mal cuerpo que nos ha dejado este bofetón al acuarelismo, se ha aliviado un poco con las exposiciones de los carteles de García Benito, en la Sala de La Pasión, y de las litografías de Picasso en la de las Francesas, indudablemente de menor nivel, a pesar del mayor que ostentan los protagonistas, por tratarse de reproducciones. Algún original hay de los carteles de García Benito, de grandísimo interés.
Y está muy bien que Condé Nast haya regalado a nuestra ciudad, que fue donde nació García Benito, todos los facsímiles originales de las portadas que hizo para las revistas Vogue y Vanity, y están colgados en la exposición. Pero no dejan de ser facsímiles.
En fin, así como la tauromaquia de Picasso es superconocida, la exposición de Eduardo García Benito me ha dejado de piedra. ¡Qué pedazo de artista¡. Mientras veía ese graciosísimo dibujo suyo, prototipo de los famosos carteles modernistas, pensaba en que nuestro paisano se adelantó, con mucha mayor originalidad, estilo y color, en fin creatividad, a los ahora tan cotizados de Warhol, ya sabes ustedes, esos que repiten el rostro de Marylin Monrroe, por ejemplo. García Benito le da cien mil vueltas a Warhol, por favor.

(Portada de la revista Vanity Fair. Acuarela y témpera de Eduardo García Benito)(*)
No voy a criticar al cartelismo, que en estos casos singulares hay que reconocer incluido en el arte pictórico. Eduardo García Benito es uno de ellos. Genial en sus composiciones, en su expresividad, en la síntesis con la que refleja toda una época. Lo cierto es que cuando pensamos en aquellos años veinte del siglo pasado, las imágenes que nos vienen a la cabeza son estas de García Benito, quizá fruto de la publicidad. Por entonces empezó el “marchandismo”, y el arte se empezó a comprar a precios estratosféricos. Me cuenta un compañero que cuando murió García Benito, en 1981 y en Valladolid, estaba exponiendo en la Sala Castilla una magnífica muestra de sus óleos, mucho más valiosa que esta de los carteles - se echa en falta una repetición, señor alcalde, de su obra más significativa-. Y que cuando se decidió a comprar unos dibujos, de formato pequeño, por cada uno de los cuales estaba fijado el precio en quince mil pesetas, le dijo Eliseo que ya no se vendían, que había fallecido García Benito. Como es sabido, la cotización sube mucho en estos casos.
Vuelvo a Warhol, del que creo recordar hubo también, en una de estas salas oficiales, una exposición de facsímiles de sus cartelitos, a la que no acudí, claro. Los carteles de Warhol son simplones, no tienen la profundidad ni la riqueza de matices de los de García Benito. Por si decía algo de que aquel se hubiera inspirado en nuestro paisano, busqué en la red, y me encantó encontrar la siguiente reseña, en Wikipedia, la enciclopedia de la red, por excelencia:
“Andy Warhol, fue un artista plástico y cineasta estadounidense que desempeñó un papel crucial en el nacimiento y desarrollo del pop art. Tras una exitosa carrera como ilustrador profesional, Warhol adquirió notoriedad mundial por su trabajo en pintura, cine de vanguardia y literatura, notoriedad que vino respaldada por una hábil relación con los medios y por su rol como gurú de la modernidad. Warhol actuó como enlace entre artistas e intelectuales, pero también entre aristócratas, homosexuales, celebridades de Hollywood, drogadictos, modelos, bohemios y pintorescos personajes urbanos. Ha sido objeto de numerosos análisis, exposiciones de arte, libros y películas, como el documental "I Shot Andy Warhol".
Una de las aportaciones más populares de Warhol fue su declaración sobre los "15 minutos de fama".
Fue personaje polémico durante su vida - algunos críticos calificaban sus obras como pretenciosas o bromas pesadas - y desde su muerte en 1987 es objeto de numerosas exposiciones retrospectivas, libros y documentales. No en vano, está considerado como uno de los artistas más influyentes del siglo XX.”
Y naturalmente, aprovecho para buscar lo que dice de García Benito, y no lo encuentro. Pero sí una queja contra Wikipedia, en joseignaciocenoz.blogspot.com:
“7 de septiembre de 2009
Eduardo García Benito: el ilustrador olvidado de la cultura española.- Antes que Jordi Labanda pusiera el nombre de España en boca de los editores de Wallpaper otros ya habían andado este camino con bastante anterioridad. New York y París fueron los epicentros de la actividad de las ilustraciones de Eduardo García Benito y Vogue o Vanity Fair disfrutaron de su arte. Se le considera como uno de los desarrolladores del Art Deco, defensor de la vida sencilla “¿Qué voy a hacer yo en París o Washington, si lo que me gusta es comer cocido y jugar al dominó con mis amigos?" y en esa frase también intuimos su amor por España a pesar del éxito cosechado en EEUU, reconocido por el mismísimo Congreso. No tiene entrada en la Wikipedia, enorme injusticia, ya que su obra requiere mucho más que una exposición retrospectiva en su Valladolid natal prevista para este otoño, en este país deberíamos cuidar mucho más nuestro pasado cultural.”
Así es la vida. A lo mejor tiene la culpa el Ayuntamiento. ¡Qué desastre¡. Por cierto, se ha publicado estos días que según puede leerse en el libro “La Ciudad de Valladolid Y Su Ayuntamiento: 100 Años De Historia Común”, editado por el propio municipio, escribió Juan González-Posada Martínez que, “en unas declaraciones aparecidas en El Norte de Castilla, del 19 de octubre de 1955, el pintor Eduardo García Benito comentaba que hacía falta en Valladolid un Museo de Arte Contemporáneo, siendo su aportación la cesión de su obra.” Pues ya tenemos museo, pero ni García Benito, ni Castilviejo, ni Meneses, ni tantos otros, tienen cabida en él, sencillamente porque no se consideran “contemporáneos”. Si don Eduardo levantara la cabeza...Como venimos repitiendo, y no nos cansaremos, ¡nuestros pintores a nuestros museos¡. También los acuarelistas, claro. Señor alcalde, haga usted algo, por favor.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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