Editado por

Bustamante, Arévalo y Pardo de S.Bustamante, Arévalo y Pardo de S.

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Junio 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS



La autoridad de los profes

Permalink 24.09.09 @ 07:35:56. Archivado en Artículos

Por José María Arévalo

(Solo volar. Acuarela de Lola Catalá en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009.70x50)(*)

El propósito de Esperanza Aguirre de convertir a los profesores en autoridad por ley, con las garantías que tal condición conlleva, ha sido acogida favorablemente, aunque no guste demasiado, por los moderados, que pienso somos la mayor parte de la opinión pública. Si bien somos conscientes de que esta medida no va a solucionar el problema, está claro que hay que hacer algo para apoyar al profesorado. Es triste que haya que adoptar este tipo de medidas, sin duda para circunstancias extremas, y por ello de dudosa eficacia. Lo mejor de su planteamiento es que ha dado lugar a que se hable de la situación y se discutan los medios para resolverla. Parece que la idea tiene más apoyo en las autonomías –no ha sido idea original de la madrileña, aunque ha sido la que ha levantado la liebre- que tienen la competencia y la responsabilidad de la aplicación de la política educativa, y en buena parte de su diseño, que en la administración central. Ésta, de momento, se limita a estudiar los problemas legales de su implantación, lo que ya es algo. En lo que coincide todo el mundo, o casi todo, es en que hay que fortalecer la autoridad de los profesores.

Sin embargo pocas voces han sido las que han aprovechado para denunciar el problema de fondo, la crisis social en que se desarrolla la tarea educativa. La primera reacción de muchos ha sido echar la culpa a las familias. Y al Gobierno. Y a la Iglesia, claro. Si todos tienen, o tenemos la culpa, es evidente que, para reforzar la autoridad de los educadores, padres y profesores, no habría que cambiar la escuela, habría que cambiar la sociedad. Hubiera sido ésta una ocasión estupenda para que nos cuestionáramos seriamente la falta de valores a la que hemos llegado. Pero en nuestra sociedad del pretendido bienestar, eso es políticamente incorrecto. Ese debate nos llevaría a cuestionar la política abortista -¿qué se puede esperar de una sociedad en la que la principal causa de muerte es el aborto?-, la Educación para la Ciudadanía, los programas de la tv en horario familiar, etc., etc.. Una sociedad donde impera la mentira, el “culo veo culo quiero”, un sociedad, en fin, infantilizada y consumista.
De aquellos polvos, estos lodos.

No voy a insistir en generalidades. Creo que poner de moda un discurso sobre valores sería muy conveniente en nuestra sociedad. Como el tan alabado en su día, de Nicolás Sarkozy, sobre la educación en su país. Creo que lo mejor es reproducir, siquiera parcialmente –dada su extensión, omito la parte central, específica de las circunstancias en Francia- aquella carta, que es de la mayor actualidad, aquí y allí, no tiene desperdicio.

Carta a los educadores (4 de septiembre del 2007)

Nicolás Sarkozy, Presidente de la República Francesa.

Señoras, Señores:

Con ocasión del comienzo de este año lectivo, el primero desde que he sido elegido presidente de la república, deseo hablaros de nuestros hijos.

Este futuro se encuentra en las manos de todos y cada uno de ustedes que tienen la responsabilidad de enseñar, de guiar, de proteger estas mentes y sensibilidades que aún no están del todo formadas; que aún no han alcanzado su plena madurez, que se buscan a si mismas, que aún son frágiles, vulnerables. Sobre vosotros recae la responsabilidad de guiarlas en el desarrollo de sus aptitudes intelectuales; en el desarrollo de su sentido moral; de sus aptitudes físicas desde su más temprana edad y a lo largo de su adolescencia. Esta es una de las mayores responsabilidades pero también una de las más bellas y gratificantes.

¿Existe, realmente, tarea más bella, más grande que ayudar al desarrollo de la inteligencia, de la sensibilidad de un niño; existe tarea más bella que ayudarles a encontrar su camino? ¿Existe a la vez tarea más ardua? Porque, más allá del orgullo de ver al niño crecer, ver como se afirma su carácter, su juicio, más allá de la felicidad de transmitir lo que uno tiene como más preciado en lo más profundo de su alma. Más allá de todo esto, está el temor a equivocarse, el temor a refrenar un talento, a aplacar el entusiasmo, el temor a ser demasiado indulgente o demasiado severo, a no entender el ser más íntimo del niño, lo que siente, lo que es capaz de hacer.

Educar consiste en intentar conciliar dos tendencias contrarias: la que nos conduce a ayudar al niño a encontrar su propia vía y la que nos conduce a transmitir lo que uno mismo cree justo, bello y verdadero.

El adulto tiene una responsabilidad para con el niño que crece: la de no ahogar su personalidad sin renunciar a educarlo. Cada niño, cada adolescente tiene su manera propia de ser, de pensar, de sentir. Debe poder expresarse. Pero también debe aprender.

Durante mucho tiempo la educación no tuvo en cuenta la personalidad del niño. Todos tenían que entrar en el mismo molde, todos debían aprender lo mismo, al mismo tiempo, de la misma forma. Se anteponía el saber por encima de todo. Ésa educación también tenía su grandeza. Era exigente y rigurosa, tiraba hacia arriba y conducía a la superación.

La exigencia y el rigor de esa educación la convertían en un fuerte factor de promoción social. Sin embargo, muchos niños la sufrían y no disfrutaban de sus beneficios. No porque les faltara talento, tampoco porque fuesen incapazes de aprender y entender sino que su sensibilidad, su inteligencia, su carácter no encajaba en ese molde único que pretendíamos imponer a todos.

En una especie reacción a ello y desde hace algunas décadas, se colocó, en lugar del saber, la personalidad del niño como centro de la educación.

Era necesario y sano dar más importancia a las características propias del niño, a la manifestación de su individualidad, a su carácter, a su psicología. Era necesario que se utilizaran todos los medios para sacar el mejor partido de ellos mismos, para desarrollar sus puntos fuertes, corregir sus debilidades. Pero valorar demasiado la espontaneidad, tener temor a obligar a la personalidad; a no saber ver la educación más que a través del prisma de la sicología, nos condujo al extremo contrario. Ya no se aplica lo suficiente en transmitir conocimiento.

Antaño había desde luego demasiada cultura en la educación y no suficiente naturaleza. Ahora hay quizás demasiada naturaleza y ya no suficiente cultura.

ntaño se valoraba demasiado la transmisión del saber y de los valores. Ahora, por lo contario, ya no se les valora lo suficiente.

Con ello se quebrantó la autoridad de los maestros. También la de los padres e instituciones.

La cultura común, que se transmitía de generación en generación, enriqueciéndose con el paso del tiempo, se desintegró, hasta tal punto, que es más difícil comunicar y entenderse. El fracaso escolar alcanzó niveles inaceptables.

Aumentó la inigualdad ante el saber y la cultura, cuando era precisamente la sociedad de la cultura, la que imponía a todos los niveles en el mundo, su lógica, sus criterios, sus exigencias. Las oportunidades de promoción social de los niños, cuyas familias no son capaces de transmitir lo que las escuela ya no enseñan, han disminuido.

Por lo tanto, no tendría sentido intentar recuperar una edad de oro de la educación, de la cultura, del saber que nunca existió. Cada época tiene sus exigencias propias.

No volveremos hacia la escuela de la III. Republica, tampoco reproduciremos la de nuestros padres y ni siquiera la nuestra. Nos corresponde aceptar el desafío de la economía del conocimiento y de la revolución de la información.

Tenemos que fijar los principios de la educación del siglo XXI, para los cuales no sirven los principios de ayer y menos aún los de antes de ayer. ¿En qué queremos que se conviertan nuestros hijos? En mujeres y hombres libres, que muestran curiosidad por lo bello y lo grande, que tengan corazón y espíritu, capaces de amar, de pensar por si mismos. Capaces de ir hacia los otros, de abrirse a ellos. Capaces de aprender una profesión y de vivir de su trabajo. Nuestro rol no es el de ayudar a que nuestros hijos continúen siendo niños; ni siquiera a que se conviertan en grandes niños. Pero sí es el de ayudar a que se conviertan en adultos, en ciudadanos. Todos somos educadores.

Educar es difícil. A menudo hay que volver a empezar de cero para alcanzar el objetivo. No podemos desanimarnos. No debemos dudar en insistir. Cada niño alberga un potencial que está a la espera de ser explotado. Cada niño tiene una forma de inteligencia que espera a ser desarrollada. Hay que encontrarlos. Hay que entenderlos. La educación no responde solamente a una exigencia hacia el niño sino también hacia el propio educador.

Nuestra finalidad no es la de contentarse con un mínimo fijado anteriormente; ni la de ahogar al niño en un río de conocimientos demasiado numerosos, que lo único que lograría es que acabara por no dominar ninguno. El objetivo es llegar al límite de las capacidades del niño. Despertando en él el gusto por aprender, despertando su curiosidad; su apertura de mente; su sentido del esfuerzo. La autoestima en sí misma debe ser el principal pilar de esta educación.

Lograr que cada uno de nuestros hijos, que cada adolescente de nuestro país sienta autoestima haciéndole descubrir que tiene talentos que lo capacitan para hacer cosas, de las que jamás se hubiera creído capaz: Ésta es, a mi entender, la filosofía a seguir en la refundación de nuestro proyecto educativo.

Les debemos a nuestros hijos el mismo respeto, el mismo amor que esperamos de ellos. Ese amor y ese respeto que les debemos, no acepta ninguna forma de renuncia ni demagogia. Precisamente porque amamos y respetamos a nuestros hijos, la educación que les damos debe elevarlos y no rebajarlos. Nuestro amor y respeto hacia ellos no debe permitir que renunciemos a educarlos cuando nos encontramos frente a una dificultad. El hecho de que a un niño le cueste concentrarse, que no aprenda rápido o que no memorice fácilmente sus lecciones, no le debe privar de ese tesoro que es la educación, sin la cual nunca podría convertirse en un hombre libre.

Son precisamente el respeto y el amor que tenemos hacia nuestros hijos lo que nos tiene que llevar a enseñarles a ser exigentes consigo mismos. Tenemos el deber de enseñarles que no todo vale, que cualquier civilización reposa sobre una jerarquía de valores y que el alumno no es el igual del maestro. Tenemos el deber de enseñarles que nadie puede vivir sin obligaciones y que no existe la libertad sin reglas. ¿Qué tipo de educadores seríamos si no enseñáramos a los niños a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal; entre lo que está permitido y lo que está prohibido? ¿Qué tipo de educadores seríamos si no fuéramos capaces de reprender a nuestros hijos cuando cometen alguna falta? El niño se afirma con un «no». No le hacemos un favor al decirle siempre «sí». El sentimiento de impunidad es una catástrofe para el niño que está tanteando continuamente los límites impuestos por el mundo de los adultos. No se educa a un niño haciéndole creer que todo está permitido, que sólo existen los derechos y ninguna obligación. No se le educa, dejándole creer que la vida no es más que un juego o que el acceso ilimitado a cualquier información le exime de aprender. Tenemos que reflexionar sobre el lugar de la tecnología en la educación del siglo XXI. No obstante, no hay que olvidar que la relación humana entre el educador y el niño continúa siendo esencial y que la educación debe inculcar al niño el gusto por el esfuerzo; hacer que descubra la alegría de haber entendido, después de dedicarle ese esfuerzo de reflexión necesario.

Recompensar cuando lo merece, reprender cuando hay falta, fomentar la admiración de lo que está bien hecho, de lo que es justo, de lo que es bello, de lo que es grande, de lo que es verdadero, de lo que es profundo; e inculcar el odio hacia lo que esta mal, hacia la injusticia, hacia la fealdad, hacia la mezquindad, hacia la mentira, hacia lo superficial, hacia lo mediocre. Así es como el educador le hace un favor al niño que tiene a su cargo y así es como mejor expresará el amor y el respeto que siente hacia él.

Cualquier educación debería fundamentarse en el respeto. Respeto del profesor hacia el alumno; de los padres hacia el hijo. Respeto del alumno hacia el profesor, del hijo hacia los padres. Respeto hacia el otro y respeto hacia uno mismo. Estoy convencido de que si el respeto ya no existe en nuestra sociedad es debido a un problema de educación.

Deseo que nos encaminemos hacia una educación fundada en el respeto, hacia una escuela del respeto. Deseo que nuestros hijos aprendan a ser corteses, a tener una mente abierta y que aprendan la tolerancia, ya que todas estas, son formas de respeto. Deseo que los alumnos conozcan a sus compañeros cuando están en la escuela y que se levanten cuando el profesor entre en el aula, porque es una señal de respeto. Deseo que todos y cada uno aprendan a respetar un punto de vista que no sea el suyo propio; a respetar una convicción que no comparten; a respetar la creencia que le es desconocida. Deseo que aprendan que la diferencia, la contradicción y la crítica, lejos de ser obstáculos a su libertad, son, por lo contrario, fuentes de enriquecimiento personal.
(…)
Padres, vosotros sois los primeros educadores. Soy consciente de que este papel es difícil cuando amenaza el paro, cuando la familia se reestructura, cuando el padre o la madre se encuentran solos para criar a sus hijos. Sé que la vida puede llegar a ser muy pesada. Quiero deciros que seréis apoyados, que recibiréis ayuda siempre que lo necesitéis para educar a vuestros hijos, desde su primera infancia; y que la política familiar es parte integrante del proyecto educativo.

Quiero aseguraros que las guarderías y las escuelas infantiles serán para mí, en los cinco próximos años una prioridad y que estoy decidido a que ningún niño quede abandonado a sí mismo después de las clases, para que ustedes puedan terminar su jornada laboral sin angustiarse por tener a su hijo o a su hija sin vigilancia, sin cuidadores. A partir de ahora se harán los deberes en la escuela, vigilados por una persona, y para los buenos alumnos de familias desfavorecidas, y que no puedan ofrecer a sus hijos un marco idóneo para el estudio, se crearán internados de excelencia.

Seréis ayudados en vuestra tarea. Pero tenéis obligaciones para con vuestros hijos. Tenéis que dar el ejemplo. Sois responsables de que vuestros hijos asistan a sus clases, de inculcarles el respeto de las leyes y de la cortesía; de controlar que hayan hecho los deberes. Si permitís que falten a clase, si los dejáis sin vigilancia, entonces es normal que la sociedad os pida cuentas, que se questione vuestra responsabilidad y que las ayudas que podáis recibir sean puestas bajo tutela.

Profesores, maestros, ustedes también tienen derecho a ser respetados. Vuestro lugar es capital. A menudo habéis hecho largos estudios. Tenéis que demostrar inteligencia, paciencia, sicología, competencia. Sé hasta que punto la maravillosa profesión de profesor es exigente, hasta que punto os obliga a una entrega absoluta. Hasta que punto todo esto se volvió difícil y a veces ingrato desde que la violencia entró en los centros de enseñanza. Soy consciente de que vuestro estatuto social, vuestro poder adquisitivo se han degradado a la vez que vuestra tarea se ha vuelto más difícil y vuestras condiciones de trabajo más arduas. La nación os debe un reconocimiento mayor, mejores perspectivas de carrera profesional, mejor nivel de vida, mejores condiciones de trabajo.

Antaño el maestro, el profesor tenían un lugar reconocido en la sociedad, porque la República estaba orgullosa de su escuela y de las personas a las cuales les había sido confiada la carga. El maestro, el profesor estaban orgullosos de su profesión, orgullosos de servir a la República y a una cierta idea del Hombre y del progreso. Deberíamos recuperar ese orgullo. En esta escuela del mañana seréis mejor remunerados, mejor considerados y en contra del igualitarismo, que lleva reinando desde hace demasiado tiempo, ganaréis más, progresaréis más rápido si eligís trabajar y comprometeros más.

Podréis elegir la pedagogía que a vuestro parecer mejor se adapte a vuestros alumnos, porque creo que hay que confiar en los profesores, en su capacidad de juicio, porque son los que se encuentran en mejor posición para decidir lo que es mejor para sus alumnos. Los centros de enseñanza donde trabajaréis tendrán más autonomía a la hora de elegir su proyecto, a la hora de organizarse. Se procederá a la evaluación de los alumnos y los medios se repartirán según los resultados y las dificultades con las que se encuentren estos.

Se facilitará la reconversión, dentro del funcionariado o incluso fuera de él, a los que después de haber enseñado largo tiempo necesitan cambiar de profesión y hacer valer sus competencias, sus conocimientos de otra forma. A los que después de haber adquirido experiencia fuera de la enseñanza deseen entrar en ella, se les acogerá mejor que hasta ahora. En la educación nacional, como en el resto de la función pública, debe haber más flexibilidad y apertura para permitir que exista la circulación de personas, de ideas, de competencias.

Deseo que la revalorización de la profesión de profesor sea una de las prioridades de mi legislatura, porque es el corolario de la renovación de la escuela y de la «refundación» de nuestra educación. Pero usted como profesor, maestro, como padre, debe mostrar el ejemplo. Ejemplo en el comportamiento, en su actitud. Ser un ejemplo por su rigor, por su espíritu de justicia, por su compromiso. Ser un ejemplo por su capacidad de hacer prevalecer la autoridad del maestro, por su preocupación a la hora de recompensar méritos y sancionar la falta.

En esa escuela que deseo, donde se dará prioridad a la calidad sobre la cantidad, donde habrá menos horas de clase, donde se emplearán con más eficacia los medios, porque la autonomía permitirá una mejor gerencia de las necesidades del profesorado, los profesores serán menos numerosos. Pero eso será la consecuencia de la reforma escolar y no el objeto de ésta. Me comprometo totalmente a que los medios, que de esa forma queden libres, sean reinvertidos en la educación y en la revalorización de las carreras profesionales. Se trata de ser más eficaces, no de ahorrar. Se trata de ser eficaces no solamente para alcanzar un objetivo económico, no solamente para que el día de mañana nuestra economía disponga de mano de obra bien formada, sino también, y quizás sobre todo, para que nuestros hijos sean portadores de valores de civilización, para que una cierta idea de civilización continúe viviendo en ellos. Cada uno de ustedes, lo sé, mide la importancia del desafío que se nos presenta. Cada uno de ustedes entiende que la revolución del saber, que se está desarrollando ante nuestros ojos, ya no nos deja tiempo para reflexionar sobre el sentido de la palabra «educación». Todos ustedes son concientes de que frente a la dureza de las relaciones sociales, frente a la angustia de un futuro percibido cada vez más como una amenaza, el mundo necesita de un nuevo «Renacimiento» que será posible únicamente gracias a la educación. Nos corresponde retomar el hilo conductor que une la humanística del Renacimiento con la escuela de Jules Ferry pasando por el proyecto del Siglo de las Luces.

Ha llegado el momento del «Renacimiento». Os invito a ser partícipes de este proyecto. Lo llevaremos a cabo juntos. Ya tendríamos que habernos puesto en marcha.”
---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm3.static.flickr.com/2518/3940917805_120e3172d4_o.jpg


Bookmark and Share

Comentarios:
Gracias Carlos, tienes toda la razón. Yo destacaría de esta carta de Sarkozy la frase "Tenemos el deber de enseñarles que no todo vale, que cualquier civilización reposa sobre una jerarquía de valores", y por eso digo que un discurso sobre valores sería muy conveniente en nuestra sociedad. En vez de estar continuamente sacando a debate las dicrepancias, como hace el Gobierno cuando impone sus ideología, debía hablar y plantear encuentros, valores que la gran mayoría podamos sucribir. Pero eso no le conviene, me parece a mí, prefiere la provocación, para llevarse los votos más radicales. Así le va. En el pecado tiene la penitencia, que eso si que e su n valor traqdicional, je,je.
Enlace permanente Comentario por José María Arévalo Riera [Blogger] 24.09.09 @ 21:24
Extraordinario el artículo de
nuestro compañero y amigo Arévalo sobre educación, respeto... en las escuelas, colegios,aulas... y fenomenal el discurso del presidente de Francia Sarkozy. Entresaco: "Estoy convencido de que si el respeto ya no existe, es debido a un problema de educación". No es difícil pensar (otra cosa es aplicar el remedio)de dónde procede la actual situación. De entre todos los posibles orígenes(padres,gobierno, Iglesia...(?)).Excepto de la última, me inclino por la política del "cambio", que nos trajeron a padres e hijos, los gobiernos y costumbres socialistas más que nadie. Tema complejo, arduo, que les invito a considerar.No es tiempo ni es lugar,para comentarlas. Pero "háylas". ¿O no? Gracias José Mª.
Enlace permanente Comentario por Carlos de Bustamante Alonso 24.09.09 @ 17:54

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Blog de Orlando Carmona

Blog de Orlando Carmona

El verdadero siervo de Dios y apóstol de Cristo

Orlando Carmona

Pacos

Pacos

Ser o no ser...

Paco Sande

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

El genio femenino entra en el Vaticano

Carmen Bellver

Comunicación Institucional: desde la Academia

Comunicación Institucional: desde la Academia

Project Glass de Google

Rolando Rodrich

Punto de vista

Punto de vista

El suicidio de España

Vicente Torres

Un país a la deriva

Un país a la deriva

Anasagasti obsesionado con las marcas.

Vicente A. C. M.

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Juez Dívar inocente hasta prueba de lo contrario

Juan Fernandez Krohn

Religión Digital

Religión Digital

Nueva evangelización y vida contemplativa

Religión Digital

Opinión

Opinión

Entre Andorra y Gibraltar - Que intervengan la economía si nos libramos de los políticos.

Opinión

El blog de X. Pikaza

El blog de X. Pikaza

Dom 3 VI 12. Fiesta de Dios, Trinidad

Xabier Pikaza Ibarrondo

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Franco autoritario

Manuel Molares do Val

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Retiro: EL CORAZÓN DE JESÚS

Josemari Lorenzo Amelibia

Ríase, aunque sea de mí

Ríase, aunque sea de mí

"O Fortuna" no es una marca de cigarrillos.

Chris Gonzalez -Mora

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Easy Fruit una nueva licuadora que ayuda...

Juan Luis Recio

La Isla de Pascua

La Isla de Pascua

Más de 300 bolilleras se darán cita este sábado 2 de junio en Ampudia

Julio César Izquierdo

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

El naufragio es evidente

Ángel Sáez García

Salvando al Soldado Ryan

Salvando al Soldado Ryan

Brasil: impávido coloso

Jaime Noguera

Latino

Latino

Mega-terremoto en Lima…. ¡Uff, fue sólo un simulacro!

Paul Monzón

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Salvan? ¿De qué?

Asoc. Humanismo sin Credos

Voto en Blanco

Voto en Blanco

La "enfermedad" que ha hundido a Bankia es la misma que está destruyendo a España

Francisco Rubiales

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias