La autoridad de los profes
24.09.09 @ 07:35:56. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Solo volar. Acuarela de Lola Catalá en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009.70x50)(*)
El propósito de Esperanza Aguirre de convertir a los profesores en autoridad por ley, con las garantías que tal condición conlleva, ha sido acogida favorablemente, aunque no guste demasiado, por los moderados, que pienso somos la mayor parte de la opinión pública. Si bien somos conscientes de que esta medida no va a solucionar el problema, está claro que hay que hacer algo para apoyar al profesorado. Es triste que haya que adoptar este tipo de medidas, sin duda para circunstancias extremas, y por ello de dudosa eficacia. Lo mejor de su planteamiento es que ha dado lugar a que se hable de la situación y se discutan los medios para resolverla. Parece que la idea tiene más apoyo en las autonomías –no ha sido idea original de la madrileña, aunque ha sido la que ha levantado la liebre- que tienen la competencia y la responsabilidad de la aplicación de la política educativa, y en buena parte de su diseño, que en la administración central. Ésta, de momento, se limita a estudiar los problemas legales de su implantación, lo que ya es algo. En lo que coincide todo el mundo, o casi todo, es en que hay que fortalecer la autoridad de los profesores.
Sin embargo pocas voces han sido las que han aprovechado para denunciar el problema de fondo, la crisis social en que se desarrolla la tarea educativa. La primera reacción de muchos ha sido echar la culpa a las familias. Y al Gobierno. Y a la Iglesia, claro. Si todos tienen, o tenemos la culpa, es evidente que, para reforzar la autoridad de los educadores, padres y profesores, no habría que cambiar la escuela, habría que cambiar la sociedad. Hubiera sido ésta una ocasión estupenda para que nos cuestionáramos seriamente la falta de valores a la que hemos llegado. Pero en nuestra sociedad del pretendido bienestar, eso es políticamente incorrecto. Ese debate nos llevaría a cuestionar la política abortista -¿qué se puede esperar de una sociedad en la que la principal causa de muerte es el aborto?-, la Educación para la Ciudadanía, los programas de la tv en horario familiar, etc., etc.. Una sociedad donde impera la mentira, el “culo veo culo quiero”, un sociedad, en fin, infantilizada y consumista.
De aquellos polvos, estos lodos.
No voy a insistir en generalidades. Creo que poner de moda un discurso sobre valores sería muy conveniente en nuestra sociedad. Como el tan alabado en su día, de Nicolás Sarkozy, sobre la educación en su país. Creo que lo mejor es reproducir, siquiera parcialmente –dada su extensión, omito la parte central, específica de las circunstancias en Francia- aquella carta, que es de la mayor actualidad, aquí y allí, no tiene desperdicio.
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