Renault, el arte de negociar
17.09.09 @ 08:00:32. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Calle de la Pasión, Valladolid. Acuarela de José María Arévalo. 34x46)(*)
Las declaraciones de Jean Pierre Laurent, presidente de Renault España, hace un par de semanas, de que había que firmar el convenio –el vigente acaba a final de este año- antes del día 18 de este mes, esto es mañana mismo, y con importantes cesiones, o se cierra la vallisoletana factoría de Montaje y se lleva su producción a Eslovenia, fueron una auténtica bomba. Lo nunca visto en el largo, largísimo historial de negociación en esta empresa, desde que dejaron de recuperarse las horas perdidas por huelga, con la del 1 de Diciembre del 73, que marcó el inicio de la negociación de verdad en la Renault. La viví de cerca, más como asesor jurídico que como negociador, hasta mi prejubilación, y sé del arte negociador de la Fasa y de sus sindicatos, siempre sorprendente. Pero ni con Fernández Sevilla, que dio la vuelta a la tortilla negociadora varias veces. Eran aquellos años en que negociábamos en la Calle de la Pasión, con una acuarela de la cual ilustro este artículo.
El órdago que ha puesto sobre la mesa Laurent no es su afirmación de que hay que trabajar más y con menos sueldo, con más “eres” y competitividad, para que la empresa no se lleve la producción al Este. De estas propuestas hemos visto muchas hechas realidad, con las correspondientes compensaciones, claro. Hasta los años ochenta, la negociación colectiva, en todas las empresas, no pasaba del tira y afloja de hasta donde conceder lo que pedían los “sociales”. Yo creo que fue la Renault pionera en plantear reivindicaciones empresariales en el convenio colectivo. Do ut des, dar mejores condiciones a cambio de facilidades para la empresa, sobre todo flexibilidad. Lo que es factible con ese arte de negociar, y teniendo mejoras que ofrecer, en lo que llevaba ventaja la gran empresa, sobre todo si, como era nuestro caso, los costes salariales no sumaban más del 4% del coste total del producto. Aquellos tiempos en que la inflación rondaba el 12%. ¡Qué tiempos¡.
La genialidad de la Renault española se ha visto, en esta ocasión, nuevamente acreditada. Unos días después de echar las patas por alto –“ provocación”, busca una “autopista de lujo”, incumple lo prometido- como merecía aquel órdago, los sindicatos han aceptado negociar a la baja alguna cosilla, y la empresa ha retirado la fecha del 18 S como ultimátum. Estas aventuras no son gratuitas, suponen un gran riesgo real para las dos partes. Y mucho desasosiego en el normal funcionamiento de la empresa. Menos mal que las dos partes tienen lo que se suele llamar “mucha cintura”. Esperemos buenos resultados. Entre tanto, se produce la tradicional “música celestial” de las declaraciones de los políticos locales, apelando a la comprensión y el buen entendimiento.
Conviene a los demás espectadores de lo que ocurre en Renault, otras empresas y otros trabajadores, que no tomen excesivo ejemplo de lo que se negocia en la puntera –sí de lo que realmente ocurre-, porque la negociación en Renault, además de todo un arte, es muy peculiar, hay que conocer muy bien ese convenio para entender ofertas y reivindicaciones. Por ejemplo, lo de bajar los salarios, que pide el señor Laurent, matizando, según la prensa, que será “en ocasiones”. Hay que leer la letra pequeña, donde vemos se refiere al salario de los futuros contratados como mano de obra. Y esto no es ninguna novedad, por eso los sindicatos han entrado al trapo tan fácilmente. Se puso de moda hace unos diez años, y aunque tenía muchos problemas jurídicos, por aquello de que hay que respetar el principio de no discriminación, en esta materia “a igual trabajo, igual salario”, en empresas como la Renault, con trabajadores de mucha antigüedad, era ya entonces viable configurar una categoría profesional, con menos salario, para los nuevos ingresos. En este caso, ya no había, de hecho, trabajadores “especialistas”, todos habían ascendido a “oficiales”, por el dominio de la habilidad en la mayoría de los puestos de trabajo habituales, que normalmente requiere una costosa formación. Inicialmente se solucionaba con los llamados “comodines”, que sin ser categoría profesional, cobraban un plus. Desaparecieron los comodines a medida que todo el mundo iba ascendiendo a oficial de tercera.
En fin, que lo que ahora pide la empresa es una variación de lo de siempre, también en expedientes de regulación de empleo y en flexibilidad de las jornadas. No digamos en la movilidad Valladolid-Palencia, implantada poco después de crearse esta última factoría, a finales de los setenta, y que tras tantos años sin mejoras sustanciales –para empresa tanto como para los trabajadores- bien merece un retoque actualizador.
Siendo razonablemente optimistas, va a conseguirse una solución para la amenazada factoría vallisoletana. La amenaza es real, ya hace meses. Lo comenté en este blog, en artículo del pasado 7 de octubre, que todavía puede leerse incluyendo el título, “¿Nos quedamos sin la Factoría de Montaje?” en el buscador de este blog, y pinchando en la lupita, arriba a la izquierda. Escribí entonces:
“Me decía un amigo funcionario que no hay que preocuparse de que los franceses nos jueguen una mala pasada, porque los costes salariales y de producción son mucho mayores en las factorías francesas que en la españolas, y me decía que cuenta con datos que lo avalan. Gran ingenuidad la de mi amigo si se cree que por tener salarios más bajos o conseguir mayor calidad en el producto - como hace mucho que es de dominio público por aquí- en estas tierras que en las propias, la multinacional va a mantener una factoría aquí. La productividad no cuenta cuando las vacas son flacas, porque donde éstas pacen no se gana suficiente, más bien se pierde, y naturalmente, puestos a perder dinero, uno prefiere gastarse lo que tiene, antes en el propio país que en el ajeno. Por otra parte, si a la empresa le conviniera trasladar su producción a países con salarios más bajos que el nuestro, este sería un momento que ni pintado para preparar el salto, cerrando ahora aquí, justificadamente, y abriendo dentro de unos años en otras latitudes.”
Quizá pequé, yo también, de ingenuo suponiendo que la jugada francesa iba para más largo. Hace unos meses sabíamos ya de la crisis económica, que no quería reconocer Zapatero, y de la que ahora dice que estamos ya saliendo, sin haber entrado, claro. Francia sí empieza a recuperarse, muy poco a poco, pero las ventas en España son un desastre cada vez mayor, y “lo que te rondaré, morena”, lo que pone en cuestión la producción española. Esperemos no tener un mayor disgusto en Castilla y León, especialmente en Valladolid, que se hundiría sin esta Factoría. Confío en el arte de negociar de mis antiguos compañeros, que, ya digo, es grande. ¡Ánimol¡.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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