De lemas y epitafios (II)
16.09.09 @ 07:20:19. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Acuarela de Rafael García Bonillo en su exposición de 1980 en la Caja General de Ahorros de Granada)(*)
En mi artículo anterior les hablé de los epitafios, esa exhibición de la vanidad humana cuya inoportunidad sólo puede ser purificada por el humor. Ahora, en esta segunda parte, me referiré a los lemas - o mejor, a los “lemas de vida” - es decir, a esas píldoras en las que se intenta concentrar el principio inspirador de una conducta o de lo que enfáticamente podríamos definir como una actitud vital.
Navegando hace unos días por el generoso océano de Google para realizar un reconocimiento del terreno, encontré varias iniciativas encaminadas a recoger entre la gente este tipo de expresiones íntimas que, o bien se encuentran sin querer, o se concretan mediante la reflexión en torno a aquello que nos mueve a hacer o dejar de hacer desde lo más profundo de nosotros mismos. Una observación rápida me pareció revelar que aquello despertaba un interés perfectamente descriptible, pese a tratarse de un tema que sintoniza con buena parte de esos mensajes que por la Red circulan tratando de hacer salir de dentro de cada uno de nosotros los resortes más secretos de la conducta humana. Claro que mis primeras impresiones pudieron ser una cuestión de mala suerte o simplemente el fruto de la inexperiencia que aún me atenaza a la hora de utilizar tan novedosos utensilios.
La mayor parte de las aportaciones que encontré eran frases muy manidas y convertidas ya definitivamente en tópicos (como “No hay mal que por bien no venga”); otras, una especie de síntesis de esos libros tan de moda a los que se conoce como “manuales de ayuda”, en los que nos explican cómo podemos sacudirnos los complejos, triunfar en la vida, hacer amigos o prosperar en los negocios (“Lo esencial es estar en paz con uno mismo”; o “Disfruta el momento, vive el presente; el futuro no está escrito”); y alguna que otra se confundía con un epitafio conocido (“Quien resiste gana”, por ejemplo). Lo cierto es que esto no me resultó en absoluto extraño, puesto que solemos vivir de oído improvisando sobre la marcha según el principio de acción-reacción, y no resulta fácil identificar las causas de lo que hacemos o dejamos de hacer nosotros mismos. Pero el caso es que en el camino acumulamos experiencia, y ésta bien podría expresarse en una breve frase afortunada que, naturalmente, sería simplificadora, puesto que resumirse uno a sí mismo es algo rayano en lo imposible y, en consecuencia, el lema de nuestra vida se verá limitado a expresar un rasgo peculiar, y a la vez definitorio, de nuestra propia y compleja personalidad.
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