De lemas y epitafios (I)
12.09.09 @ 07:34:17. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Árbol en Boecillo. Detalle. Acuarela de Francisco Roldán)(*)
Pocas cosas visibles deja el hombre tras de sí una vez que pasa a la condición de difunto, y sin embargo el ser humano tiene una decidida vocación de permanencia. Quizás sea esta la clave por la que, según se dice, algunos se encapsulan a sí mismos en pequeños lemas y epitafios.
Empezando por estos últimos, les diré que no creo que nadie sea tan pagado de sí mismo o tenga tan escaso sentido práctico como para acuñar una frase exclusivamente destinada a ornar su propia tumba, porque, para empezar, lo normal es que a uno le tenga sin cuidado lo que se haga o no se haga con sus propios restos, de por sí bastante asquerosos en cuanto pasa cierto tiempo. Por eso supongo que es falsa la idea de que hay quienes pierden el tiempo con estas cosas pensando en que les va a beneficiar en algo. Para mí que quienes escriben los epitafios son los otros, supongo que con la buena intención de enaltecer al finado, y que lo hacen simplemente porque se sienten obligados a adornar el nombre del difunto con algún detalle que recuerde sus títulos, sus logros o su personalidad, evitando así que la lápida quede demasiado sosa. Y perdonen la naturalidad con que me refiero a cosas que suelen tratarse con mayor respeto y consideración.
Claro que como en este caso no es cuestión de escribir un capítulo entero del Quijote, y el grabado a cincel vale lo suyo, lo que venimos en llamar “epitafio” suele quedarse en una breve frase laudatoria. Pero la realidad es que aun así la gente insiste - y ésta es la convicción más generalizada - en que, efectivamente, hay quienes se sienten tan importantes que dejan todo escrito a la hora de hacer previsiones sobre su inútil futuro. “Hay gente para tó” dijo el torero, y nunca sería esta sentencia más oportuna que para el caso de quienes, según me han dicho, pormenorizan hasta el atuendo que desean llevar para el descanso eterno, algo sólo justificado en aquellas personas a las que repele la ostentación incluso en tan particular circunstancia.
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