El viudo ordenado. Sistema de limpieza.
10.09.09 @ 08:00:02. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Sois profond. Acuarela de Cao Bei-An en caobeian.com/aquarelle.php. 39 x 54)(*)
Me voy unos días de vacaciones (otros), así que tengo que dejar unos cuantos artículos “colgados”, más por seriedad que por necesidad. Así que he echado un vistazo a las materias tratadas, a ver si queda algún hueco. Pues sí, queda uno: no he continuado desde las navidades pasadas, la saga del “viudo ordenado” o viudo organizado, en la que colgué al menos un par de artículos sobre mis listas de menús. En el de apertura de materia, del 11 de diciembre, ya explicaba por qué me decidía a escribir sobre mis experiencias de llevar la casa, “de lo que hace solo unos meses –decía entonces- he comenzado a enterarme lo mucho que da de sí, como viudo. Es verdad que no valoramos, los hombres, el curre de las mujeres en la casa. Así que a ustedes, caballeros, les puede servir para comprender el mérito que tienen, y a las señoras de cómo racionalizar unas tareas que de por sí son francamente desordenadas y en las que siempre puede `coger el toro´ a cualquiera”.
“A los varones nos gusta teorizar”, comenté también. Pues bien, una de las experiencias más claras que he vivido de lo poco que sirve la teoría y de la constancia que requiere el trabajo en la casa, ha sido la relación de tareas de limpieza periódica que con gran entusiasmo preparé, con ayuda de mi hija, para asegurar realizaba Alta Gracia, la chica que tengo, y que es una máquina –el señor aprieta pero no ahoga-. Estoy convencido de que ya las hacía, y no solo las habituales diarias, pero necesitaba asegurar que no se dejaba nada de estas otras que no son del trabajo diario. Así pues, preparé la relación de tareas no habituales pero que deben realizarse periódicamente, y para asegurar hacíamos lo correcto, escribí a mis hermanas y a alguna amiga de mi mujer, pidiendo correcciones. Las incorporé, y el primer mes aplicamos, Alta y yo, a rajatabla cuanto decía el programa, ayudándola yo a mover muebles, que es tarea pesada; repetidamente me decía ella que esto o aquello ya lo había hecho recientemente, así que lo saltábamos, pero en general funcionó. Aquel mes, claro. Después me olvidé ya de la lista y dejé la cuestión en sus manos expertas, no sé si por falta de tiempo o de interés o ambas cosas. Quizá el fallo estuvo en que me comprometí en hacer cada mes la lista específica (como hice el primer mes, la que adjunto al final de este artículo), y no lo cumplí.
En todo caso ha sido una buena experiencia, y a lo mejor ahora, al empezar el nuevo curso, reanudamos el seguimiento ordenado (no sé, no sé, tengo tanto que pintar y escribir…,je,je).
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