Mis amores. Amores compartidos.
08.09.09 @ 08:09:49. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(En la desembocadura de la Esgueva. Acuarela de José Mª Arévalo. 46x32) (*)
A cazar, en el sentido más ortodoxo o formal, que utilizan los cazadores de grupo, no aprendería mucho. Pero ellos no eran un grupo y no tenían que andar en cuestiones que son siempre las mismas: “que si tú te has salido de la mano, que me has madrugado esa perdiz, que tu perro se adelanta y espanta la caza, que tu perro le ha quitado al mío una pieza”... y así otras tantas, que estropean muchas cacerías y muchas amistades.
Aquí todo era colaboración. Y del pato, que abatía uno, como en este caso, disfrutaban los dos y cada cual quería que el otro tuviese enseguida su ocasión, para que cediese la escopeta, que todo hay que decirlo; pero tampoco había cuestiones porque eran hermanos y se querían; también si el uno hubiera sido egoísta, el otro le habría respondido de la misma manera y no se trataba de una emulación personal , sino de terminar emulando al “Zazo” o a cualquiera que se presentase y, a ser posible, ganarle.
Era muy importante conocer el campo, conocer a los animales, conocer a los elementos que influyen en el resultado de un lance y, fundamental, conocerse a uno mismo, para estar en la mejor disposición en el momento decisivo. Así lo iban entendiendo ellos, como entendían que se hacían hombres y debían renunciar a ciertas cosas que serían perdonables cuando eran unos críos. Pero ya no lo eran.
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