La bombilla
02.09.09 @ 08:10:10. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Village Cigars. Acuarela de John Salminen, en johnsalminen.com. 25x36) (*)
¡Menudo revuelo el que se armó en la casa! ¡Abuelo, la bombilla! ¡Ya llegó la bombilla! Pero en realidad la bombilla no ha llegado todavía. Lo que llegó fue un vale amarillo parecido a una entrada para los toros, en el que se lee “Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. Gobierno de España”. ¡Que tío más listo debe ser ese ministro! dice no sé quien. ¿Cómo le dará tiempo para ocuparse de tantas cosas? No te preocupes, majo, que éstos se atreven con todo, contesto.
Hay que coger el vale e ir no sé dónde, y te dan la bombilla. Por lo visto es una bombilla de bajo consumo, de esas con las que no se ven tres sobre un burro. ¡Qué espléndidos! exclama alguien, emocionado. Tenemos un gobierno que no nos lo merecemos, añade el portero, que ha venido para avisarnos de una avería en el cuarto de contadores, y que, además de ser adulador por naturaleza, se escora ligeramente hacia la izquierda.
Como verán, la llegada de la bombilla prometida por nuestro gobierno está constituyendo un auténtico acontecimiento familiar, extendido por lo menos hasta la portería del inmueble. ¡Pues no llevamos tiempo esperándolo! ¡Pero si nos tenían desde hace no sé cuántos meses con la miel en la boca!
El vale por una bombilla ha llegado en plena crisis y se supone que causará un gran alivio a las modestas economías familiares, a la vez que fomentará el ahorro de lo que el gobierno suele llamar “la ciudadanía”, o sea, lo que antes significaba “calidad y derecho de ciudadano”. (Pero bueno, como éstos ni abren el diccionario…)
De pronto, en medio del entusiasmo familiar, un comentario en voz alta: ¡Menudo regalo! Inmediatamente otra voz bastante menos alegre y feliz, la mía, que cae como una tormenta de verano sobre un chiringuito: ¿Regalo dices? Ojo todo el mundo: ¡refrenad vuestros ímpetus! ¡Mucho cuidado con los regalos!
Efectivamente, el horno no está para bollos. Lo de aceptar o no aceptar regalos se ha instalado en el candelero nacional y está llevando a mucha gente ante los tribunales. Así que antes de ir a recoger la bombilla del ministro será preciso tener en cuenta las circunstancias. ¿Tendrá nuestro espléndido obsequiante la intención, quizá, de obtener algún beneficio a cambio? Y al hacer memoria me doy cuenta de que incluso ya lo recaudó, porque el ministro prometió la bombilla en vísperas de las elecciones, o sea, cuando el gobierno empezaba a tirar de la chequera como un poseso. Pues menos mal que he caído en la cuenta a tiempo…
Uno de los miembros de mi familia puntualiza: Ya sabrás, supongo, que ese regalo no sale del bolsillo del ministro, sino del tuyo propio, ¿o qué te crees? Son aquellas famosas bombillas made-in-China… Y la verdad es que el tío tiene razón, así que prosigo con mi reflexión: O sea que esto es como si alguien me sacase un fajo de billetes del bolso derecho y luego me metiese un par de monedillas por el izquierdo ¿no? ¡Pues vaya gracia!
Luego me imagino a mí mismo con el vale en la mano y haciendo cola para que me den una bombilla, y el bochorno que siento sólo es comparable al de verme engañado y agradeciéndolo encima. El resultado es que me pongo a escribir esta carta que me permito recomendar a ustedes. Va dirigida al Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Paseo de La Castellana, 160, 28046 - Madrid, y dice textualmente:
“Señor Ministro: Siguiendo el eslogan que usted me propone - “cada pequeño gesto cuenta” - le devuelvo el vale que me envió, esperando que haya muchos otros pequeños gestos como el mío. Aun siendo consciente de que el obsequio no está costeado por usted, sino por el dinero de los contribuyentes entre los cuales me cuento, con la devolución evito cualquier acusación de corrupto que pudiera hacérseme por aceptar regalos como éste, que busca la contrapartida de mi voto. Suyo afectísimo, Fulano de Tal y Tal.”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm3.static.flickr.com/2612/3837108133_6228eeaf7f_o.jpg
Comentarios:
nadie era de bajo consumo. ¡Qué disparate! Empleados, suministradores, policías, camareros, cocineros...¡¡la releche!! ¿No será eso un regalo? Pagué religiosamente mi hotel ¿Lo habrá pagado el Z?Y ¿con qué dinero? Sin comentarios.
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