Santiago
29.07.09 @ 07:26:50. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Acuarela de Jose Ysmer, de la Asociación Española de Acuarelistas, en la exposición del XII Simposio Nacional de Acuarelistas, en Santiago de Compostela, Septiembre 2004)(*)
Con unas cosas y otras fui perdiendo la idea del tiempo, y hoy, cuando escribo este artículo, me doy cuenta de que es veinticinco de julio, festividad de Santiago Patrón de España. Mi mujer saca la “colgadura” y la coloca de forma que la enseña española se vea bien desde la calle. Luego, en nuestra parroquia, asistimos junto a algunos feligreses a la misa conmemorativa del acontecimiento. Es sólo un pequeño grupo, pese a que el párroco tiene tirón y buena mano. Yo pienso que si se hubiera motivado más a la gente habrían acudido bastantes más. Quizá hubiera que haber recordado, al anunciar la misa, que estamos viviendo una época difícil en la que se pretende erradicar la fe como si esto fuera un signo de progreso.
Podría habérseles dicho, quizá, que, según la tradición, Santiago, que conoció a Cristo y vivió toda su peripecia vital, su muerte y su resurrección, sembró la fe en lo que sería esta nuestra nación, y que dio testimonio de ella con su sangre. Y que generaciones y generaciones de españoles extendieron esa fe por todo el país con su voz y su ejemplo, y también por el sencillo procedimiento de dar la vida por ella. Y recordaríamos que miles de españoles de la generación de nuestros padres o abuelos ofrecieron también su sangre generosa, no por razones políticas o de otra clase, sino porque tuvieron que dar testimonio de lo que creían. Y que ahora estamos a punto de perder, quizá no la vida, pero sí la fe, porque ésta es de nuevo objeto de persecución.
También se les habría podido motivar diciéndoles que no es ésta la hora de la dejadez, del todo da igual, del dejar correr. Que hay que hacer algo para que España siga siendo fiel a sus raíces; que vamos por mal camino. Y que hay que dar, de nuevo, testimonio. Yo sé que los españoles estamos como anestesiados por el bienestar y el materialismo; sé que nos han neutralizado educándonos en la indeferencia moral mediante la engañosa seducción de la progresía, pero sé también que entendemos cuando se nos dice la verdad y se nos habla con el corazón. Por eso me parece que hoy hay que añadir, por tanto, un punto más de mordiente a lo que se dice. Hay que hacer ver que vivimos momentos duros, difíciles; momentos en los que hay que dar la talla.
Nuestro olvido de Santiago Apóstol es, por tanto, significativo. Porque Santiago es pura cultura española, pero es, sobre todo, raíz histórica de la que no podemos apostatar; y también algo de nosotros mismos a lo que no debemos renunciar, porque es unidad de España en la fe y en el grito simbólico ¡Santiago y cierra España!, que, exclamado en otro tiempo al unísono por españoles de todos las regiones de nuestra patria, como acertadamente recordó hace poco Arturo Pérez Reverte, resume poéticamente nuestra decisión de ser y defender lo nuestro Por eso bien podría convertirse, hoy también, en el lema que necesitamos enarbolar serena y apasionadamente para animarnos a salir definitivamente de nuestra culpable ignorancia y despertar de la atonía y la mediocridad que nos domina.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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