Desde la orilla. Stito paracaidista
04.07.09 @ 07:54:09. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Patio. Acuarela de Leovigildo Contrel Gorriz, en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009)
Reunidos días después de la Jura de Bandera la mayoría de los soldados del campamento, se presentaron varios jefes "forasteros" en solicitud de voluntarios para la recién creada Bandera Paracaidista. No se puede decir que la recluta entre personas que proceden en su mayoría del campo, fuera precisamente un éxito. Es tal el silencio del auditorio, que paradójicamente lo dice todo; aunque todos se miran, nadie se atreve a mover un dedo, arropados tras la callada por respuesta. Si ya desconfían del avión al que muy pocos vieron de cerca, cuánto más de un oficio tan disparatado como es tirarse desde tan alto, por mucho que digan con paracaídas.
Aunque insisten los mandos, la tropa continúa en absoluto silencio, mudos; hasta que entre los del “África 53” se levanta un voluntario. ¿Quién había de ser si no Stito? Porque desea continuar en la profesión iniciada, no duda en solicitar destinos en los que, aun a costa del riesgo, pueda servir mejor a su nueva Patria y ascender cuanto antes en la profesión de su terente Quivir en quien se mira como en un espejo.
Después de varios años en que éste le vio crecer, hacerse hombre, español y cristiano, aunque realmente sienta su marcha, está verdaderamente orgulloso del espíritu militar del que aprecia como a un hijo. A Pedro Ajmed sólo le queda un día libre antes de incorporarse a la Bandera; día que el cabo primero lo dedica a despedirse de superiores, amigos y compañeros. De tal forma le estiman, que todos sienten muy de veras su marcha y desean sinceramente que vuelva pronto al lugar donde no es exagerado decir que nació de nuevo.
-Stito viene pronto, mi terente Quivir; Stito coge los galones de sargento y güelve con terente Quivir al Regemiento -le dice con el mayor afecto a Drito, sin menoscabo de la disciplina que exterioriza en un saludo tan marcial como siempre acostumbra.
Drito baja la mano del cabo primero (alumno destacado en el curso para el ascenso a suboficial), que se mantiene en el primer tiempo del saludo; a continuación, y no sin que la emoción haga acto de presencia en ambos y en cuantos les contemplan, en nombre propio y en el de sus compañeros le da un fuerte abrazo de despedida.
Como privilegiado relator de semejante acontecimientos, he de decirles, que éstos no son normales ni habituales en las FF.AA., pero no es menos cierto que, vividos muy de cerca, no puedo calificarles –porque a mi entender no lo son- de normales, ni habituales. Si tuvieron la paciencia de seguirlos en este foramontano blog, ustedes, no obstante, tienen la palabra; mas no la demoren, porque las aventuras y desventuras de Stito, se barrunta que pueden llegar a su fin.
Comentarios:
Debo hacerte una cofesión, la del 53 era mi quinta, a parte de la que instruí como Alférez de Artillería en prácticas, con gran emoción y camaredería, un motivo más para aumentar en algo el mucho interés de tu narración, en vivo y en directo, en la que tantos puntos, más de que de contacto, de apoyo, encuentro.
Y espero que la ,archa de Stito a la Bandera Paracaidista no nos prime de su contacto, tan rico en esos valores que nos hemos pasado la vida, y la que Dios nos dé de propina, cultivando. Abrazos y gracias de los del 53.
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