Tres libros interesantes
03.07.09 @ 07:57:14. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Luz plateada. Acuarela de Manolo Lamadrid, en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009. 42x60)
Estos últimos días he asistido por diversas razones a la presentación en sociedad de tres libros interesantes. Dos de ellos corresponden a trabajos en los que yo mismo he intervenido, pero no se asuste por ello el amable lector, porque otras plumas más ilustres intervinieron también y porque todos ellos tienen que ver con esta España nuestra tan insistentemente maltratada.
Me refiero, en primer lugar, a “España. El final de una época”. Es la salida al gran público de una de esas organizaciones que están surgiendo como reacción natural ante el ambiente de engaño y confusión que venimos sufriendo últimamente. La organización a la que me refiero es el Foro de la Sociedad Civil. Entiéndase que si se habla de sociedad civil no es porque haya otras sociedades distintas a la de siempre, sino simplemente porque ésta excluye a las instancias oficiales.
El Foro va camino de reunir a un centenar de personas de reconocida autoridad intelectual que han destacado en sus respectivas profesiones: embajadores, generales, rectores o catedráticos de universidad, economistas insignes, sociólogos renombrados y representantes cualificados de otros sectores. También incluye algún ministro que otro.
El libro, que presentaron varios “artistas invitados” - el profesor Víctor Pérez Díaz, el ex -ministro de Exteriores Pérez Llorca y el conocido economista Ramón Tamames - es una visión crítica de nuestra nación en un momento histórico que parece requerir una nueva formulación de nuestras bases de convivencia, puestas en tela de juicio por la vía del incumplimiento casi sistemático de la Constitución y de los mismos principios democráticos. Véanse, por ejemplo, las concomitancias entre el poder ejecutivo y el poder judicial o la aplicación del nuevo estatuto de Cataluña. Mi colaboración consistió en redactar el borrador del capítulo dedicado a “Luces y sombras de la Defensa Nacional” y a coordinar el grupo de personas que en éste intervinieron.
El resultado es un libro esperanzador en lo que tiene de voz que, si Dios quiere, no clamará en el desierto. Es una voz que osa profundizar en el diagnóstico de nuestros males y que señala lo que debiera hacerse para enderezar el camino, sin resignarse sencillamente a dar por buenas las consignas oficiales del no-pasa-nada.
El segundo libro habla de la dimensión moral de nuestros cuadros de mando (el título es en realidad un poco más largo). Se trata de un libro promovido por el Apostolado Castrense, pero no de un libro “eclesial”, y fue acogido con entusiasmo por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, que lo ha incluido en una de sus colecciones. Nos ofrece una visión múltiple de lo que es la moral militar para un conjunto de plumas escogidas procedentes de sectores muy diversos: el pensamiento, el derecho, la universidad, la Iglesia, el periodismo, y, naturalmente, la milicia. Yo he estado en su gestación desde el arranque y he aportado también un par de capítulos. El resultado es un documento muy variado en cuanto a enfoques y estilos, y por tanto sumamente idóneo para el análisis y el debate en conferencias, seminarios y mesas redondas. Y puede decirse que el momento de su publicación es de lo más oportuno, puesto que se acaban de presentar unas nuevas Reales Ordenanzas - código moral de las Fuerzas Armadas - que no abordan expresamente las virtudes militares, es decir, aquellas virtudes sin cuyo ejercicio diario los ejércitos se convertirían en una especie de herramienta deslavazada incapaz de cumplir su misión. Porque, como he repetido muchas veces, las virtudes militares no son un bello adorno relacionado con la tradición, sino una condición sine qua non para el buen funcionamiento del instrumento militar. Esperemos que se sepa aprovechar bien el libro, incorporándolo al currículo de los futuros mandos, aconsejándolo como cuerpo de lectura para los jóvenes oficiales y suboficiales, o utilizándolo como base para programas de corte cultural en torno a la milicia.
El tercer libro - que es el de presentación más reciente - se refiere a Gibraltar, y más concretamente a Gibraltar como base militar. El título lleva una precisión añadida: el interés anglo-norteamericano por la Roca. Su autor es Ángel Liberal, que repite el nombre de su padre, el prestigioso almirante que fue Jefe de Estado Mayor de la Defensa.
El texto contiene un estudio exhaustivo de la Roca como base militar, y la evolución que ésta ha sufrido a lo largo del tiempo. Las conclusiones son esperanzadoras en el sentido de que los datos concretos revelan un declive muy consistente.
En la presentación del libro intervinieron Eduardo Serra y Gustavo Suárez Pertierra, ex-ministros de Defensa con populares y socialistas respectivamente. El primero recalcó que el libro defiende los intereses de España sin el menor asomo de victimismo; el segundo, el valor que representa la visión militar de un asunto casi siempre abordado desde el punto de vista político, social, económico o diplomático. Juan Velarde se refirió a los nocivos efectos económicos que acarrea la presencia de una base militar impuesta en una zona llamada a constituir uno de los pivotes de la prosperidad de España.
Al enfocar inicialmente su trabajo, el autor se marcó algunas rayas rojas: no analizaría la respuesta militar de España a la presencia británica, ni se apoyaría en documentos clasificados, ni criticaría la actuación de los diferentes gobiernos españoles. Sólo hablaría sobre la Base Militar. Pero en su interesante y amena disertación, el cuarto presentador y gran impulsor de la publicación, el embajador de España Fernando Olivié - uno de los españoles con mayor conocimiento y criterio sobre los asuntos de la colonia británica y autor, a su vez, de un interesantísimo libro titulado “La Herencia de un Imperio roto” -, evocó, entre otras muchas cosas, la satisfacción de los políticos ingleses por el acuerdo de Córdoba. Quizá recuerden ustedes que éste ha sido un acuerdo por primera vez tripartito, es decir, con presencia de la autoridad gibraltareña. Y creo yo que es mala cosa ésta de que haya originado una respuesta entusiasta y unánime entre nuestros invasores ingleses, tan imperturbables y flemáticos incluso en su vida diaria.
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