Tristes noticias del “bel canto”
01.07.09 @ 08:00:02. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Imago. Acuarela de Teresa Gómez Pous, en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009. 70x50)
Al usar la expresión “bel canto” me refiero, no al estilo vocal clásico que comenzó a finales del siglo XVIII ( bello canto, que en el arte vocal clásico italiano prefería la belleza sonora a la palabra), sino, en general, a la ópera y a sus intérpretes, ya que también suele usarse ese calificativo por extensión, aunque “belcantistas” propiamente dichos haya cada vez menos. Pues bien, llegan estos días dos noticias tristes para los amantes de la ópera, entre los que me incluyo: la retirada de Carreras y una nueva puesta en escena “conceptual” de Rigoletto, en el Teatro Real. De esta me salvé por los pelos y por la dificultad de obtener entrada en el Real, ni con suficiente antelación, lo que nos lleva a muchos a desistir por anticipado, salvo que te la regale un amigo influyente y que no puede a última hora asistir, que alguna vez ha pasado. Menos mal que no tuve esta vez esa suerte, porque no aguanto las puestas en escena “conceptuales” –parafraseando los artículos que sobre el arte conceptual en pintura he colgado estos días-, falsamente novedosas. Hace unos años, cuando la ópera enlatada lo era en vídeo, me cayó por Reyes uno de la celebérrima tetralogía wagneriana, “El anillo del Nibelungo”, donde Sigfrido se movía, con mono de ferroviario, entre vías y máquinas de tren. No he sido capaz de verlo entero, a pesar de las estupendas voces, de que durante varios años no tuve más versiones en peli, y de que adoro a Wagner, tanto que todos los veranos procuro escuchar el festival de Bayreuth por radio.
La crítica de Fernando Herrero, en nortecastilla.es, al Rigoletto del Real, muy complaciente esta vez, se refiere a “algunas injustas muestras de desaprobación a la puesta en escena”, y la describe así: “Mundo oscuro reflejado en una escenografia abstracta, una plataforma que permite diversos espacios, una luminotecnia que nunca deja ver la luz”. Parece que el montaje, reconstrucción del presentado hace varios años en Amsterdam, de la directora de escena Monique Wagemakers, ha tenido mucho mérito técnicamente, “muy complicado -dijo antes del estreno- técnicamente y con muchos problemas de seguridad. Requiere de todo un estudio de ingeniería». El centro del escenario lo ocupaba una plataforma de 18 por 18 metros que se movía en todas direcciones gracias a un mecanismo hidráulico que hacía desaparecer y aparecer a los intérpretes. “Quería una escena vacía, de líneas limpias, en la que poder trabajar imágenes muy fuertes en combinación con la música”. No sé si de esta abstracción se salvaba el vestuario, de rojo intenso, pero inspirado en el Renacimiento. Y todo para conseguir el ambiente agobiante donde se entretejen los deseos de la “tremenda vendetta” de Rigoletto.
Encima, otro crítico, Alberto González Lapuente, dice en abc.es que “la vista puso lo que el oído no acabó de encontrar” ¡ Pues vaya ¡ Parece -también lo insinúa Herrero- que el barítono, José Bros, que encarnó al jorobado, no estuvo en todo muy a la altura de tan difícil y lucido papel. Cabe destacar que Juan Diego Flórez, el tenor peruano justamente en boga, se cayó del cartel, pues renunció a asumir un papel – il Ducca- en el que todavía, tras un par de experiencias, su voz no se encuentra cómoda. Esperemos que no tarde en interpretar al Duque de Mantua de una manera estable y que todos disfrutemos de su timbre lírico.
No cabe duda de que esto del belcantismo tiene enorme dificultad. Uno de estos pasados días ha anunciado su retirada José Carreras, uno de los famosos “tres tenores”. Recordemos que el que bordó verdaderamente ese papel del Duque fue Alfredo Kraus, al que los tres tenores parece le habían dado la espalda, dicen algunos que porque era muy picajoso. De Kraus reconoce Wikipedia que fue “uno de los mejores tenores líricos ligeros de la segunda mitad del siglo XX”, pero no lo incluye entre los famosos del, propiamente dicho, “bel canto” contemporáneos, tras el renacimiento de este arte con la Callas. Incluye, en cambio a Teresa Berganza, y a Montserrat Caballé, pero no a Victoria de los Ángeles. Bien que no considere a los tres tenores, me parece normal, porque ninguno de ellos tuvo en su repertorio papeles belcantistas; pero la exclusión de Kraus me ha extrañado mucho, pues Kraus ha sido y será, en todo, un modelo tenoril. No así Victoria y Teresa, modélicas e inalcanzables, sí, pero en otra línea de canto y de repertorio.
En fin, le había pedido a mi amigo Manolo Prieto, aficionado intenso y extenso donde los haya, que entrara en estos extremos, pero ha declinado, añadiendo que, si acaso, lo hará el día que haya que escribir sobre Victoria de los Ángeles, una de las artistas más excelsas y una maravillosa persona. Bueno, pues con lo dicho sobre el belcantismo, le brindo a Manolo esa ocasión, poniendo ahora las ideas en su sitio, que falta hará, seguramente. Victoria, que falleció en el 2005, con 81 años, y dio su último recital en 1996 a los 72 años, creo recordar nunca anunció su retirada, pero al final de su vida se limitó a repertorios que sabía era muy capaz de seguir bordando exquisitamente. No como otras que, habiendo sido de las “grandes”, dan el espectáculo tras brillantísima carrera.
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