Ha muerto Michael Jackson
30.06.09 @ 07:38:10. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayan

(Dibujo de Freitis en cosassencillas.com/2009/06/29/homenaje-artistico-a-michael-jackson/)
Ha muerto Michael Jackson. Como es natural, antes de cumplir los cincuenta. No se podía esperar otra cosa de un mito del espectáculo, y menos de un Peter Pan andante. ¿Cómo ocurrió la cosa? El cómo es lo de menos. Quien luchó toda su vida por una imagen infantilizada hasta la caricatura de sí mismo - siempre en busca de otro que no era propiamente él - no podía amoldarse a un cruel proceso de envejecimiento. Y en realidad ya se había autodeteriorado lo suficiente como para convertirse en un banco de pruebas, siempre en busca de algo que ni siquiera él era capaz de definir.
Dicen que llevaba sobre sus espaldas un profundo trauma personal: la imposición por su padre, tiempo ha, de una agenda impropia para su edad. Todo porque su avisado progenitor procuraba sacar el máximo partido del grupo familiar, tocado entonces por el éxito. A los ”Jackson five” se les conocía en todo el mundo, y el pequeño Michael era tan sólo un niño.
¿Por qué quiso renegar de su condición de negro y convertirse en hombre blanco? No lo sé; se trata de algo difícil de imaginar. Habría que habérselo preguntado a él, y no sé de nadie que se atreviera a hacerlo. El proceso fue destructivo y aparentemente innecesario: de mostrar un rostro agradable y equilibrado pasó a ofrecernos la imagen de un Dorian Grey en imparable proceso de deterioro. Con fotografías suyas debidamente espaciadas en el tiempo podría confeccionarse la historia de una tragedia: la de un hombre insatisfecho consigo mismo. Primero, fue el palidecer de la piel que le confirió la fisonomía de un ser anémico, luego un adelgazamiento de la nariz como de enfermo de cáncer. Si al principio fue evidente su deseo de cambiar de raza mediante la decoloración de la piel y la transformación de su cabello, luego adquirió unos rasgos feminoides, reflejados en ciertos ademanes. Pero había más: simultáneamente, el cantante hacía lo posible por parecer un pobre niño desvalido. Y al final ya era un híbrido de blanco y negro, de hombre y mujer, de adulto y niño.
Este querer y no querer revelaba, sin duda, un ser atormentado. Y, sin embargo, se trataba de un ser favorecido por un raro privilegio, puesto que estaba tocado por el arte. Cuando sonaba la música se transformaba en un personaje único. Él mismo era todo música; su voz no se adaptaba simplemente a la partitura y a la letra, sino que él mismo era partitura y música y movimiento, todo junto y fundido en una misma cosa. Esto era lo que encandilaba a sus espectadores. Entonces, Michael se transformaba como si se hubiese liberado definitivamente de su compleja timidez.
En su última época el cantante cayó en picado y, milagrosamente, sobrevivió. Porque no es fácil que un espíritu atormentado e inestable como el suyo salga a flote, como él aparentemente salió, del desprestigio y de la ruina. Desde luego, si es difícil meterse en la piel de alguien, hacerlo en la de Michael Jackson resulta sencillamente imposible. De todas formas yo nunca llegué a creer que aquel hombre atormentado se debatiera en un vicio tan nefando como el que algunos le atribuyeron. Sí tengo la impresión de que, en el fondo, Michael Jackson era un complejo ser elemental.
Éste es el tipo de personajes que produce el mundo cuando caen en sus redes personas de frágil urdimbre interior. Cuanto más tienen, más desearían carecer de algo; cuanta más gente les conoce y admira, más desearían estar a solas. Cuanto más ruido les rodea, más piden el silencio. Porque, quizá, lo único que verdaderamente necesitan es alguien con quien poder hablar de corazón a corazón.
Estos seres divinizados suelen buscar todo esto y acaban, como Michael, incorporando a su currículo personajes como los suyos: una bella heredera de otro mito, y, por simple contraste, una enfermera de medio pelo ni agraciada ni poderosa. Personajes como fantoches de guiñol, a todas luces inadecuados, asimétricos, casi, casi, imposibles.
Y así, estos mitos van dejando cosas como a medio hacer, y han de romper retratos que al final les recuerdan tristes episodios de su vida, y acaban agarrándose desesperadamente, como a una tabla de salvación, a lo único que es realmente suyo: el don que Dios les dio y que les permite volver a ser aquello en que de verdad se reconocen: armarse de verdad por un instante.
Descanse en paz Michael Jackson, que bien lo necesitaba. En realidad, siempre nos queda el mito, y su muerte fue por fin, su mayor triunfo, porque consiguió no llegar a los cincuenta. Algunos soñarán, quizás, en su regreso, ya como zombi, en un siniestro escenario de sombras sepulcrales y al frenético ritmo de su famoso “Thriller”.
Comentarios:
También nos dijeron "ama al prójimo como a tí mismo". Y como no nos aceptemos con humildad y no nos queramos con compasión, creo que lo que demos será cualquier cosa menos amor.
Me alegro de saludarlo.
Acertando como suele, emplea el verbo "armarse" con respecto a la verdad. Creo que es el adecuado.
Y yo añadiría :aceptarse y amarse aunque fuera por un solo instante. La verdad nos hace libres. Ya nos lo dijeron.
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