Técnica y teoría de la pintura en "Ramificaciones"
27.06.09 @ 08:07:42. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Cruzamiento. Óleo sobre aluminio de Fernando Zaparaín, en exporamificacionesobras1.blogspot.com. 100x100)
Les decía el pasado sábado que la exposición "Ramificaciones", de los hermanos y arquitectos Fernando y Rodrigo Zaparaín, en Sala de exposiciones temporales Rector Tejerina da mucho para comentar. Pueden verla hasta fin de mes en la vallisoletana Plaza de Santa Cruz. Mucho que comentar sobre los cuadros expuestos y sobre los textos que acompañan la exposición. Pueden encontrar, fotos y textos, en http://exporamificacionesobras.blogspot.com/. Vamos con la obra.
Dice la web que se muestra su particular visión sobre los árboles urbanos y su relación con el hombre. El hombre solo está en la intención, en los textos. Pero sí, todos los cuadros son de ramas y troncos de árboles, lo que en principio podría arrojar cierta monotonía. No es así. Las obras están hechas mediante un proceso de trabajo por capas sobre aluminio, “buscando –dicen los textos- el origen industrial de los soportes en contraste con el volumen y la pertenencia de lo pintado al mundo "natural"; del brillo del fondo con la opacidad y la textura de las cortezas, y de los límites del cuadro (los bordes geométricos propios de la acción humana) con los contornos orgánicos y vivos de ramas y hojas”. Aparte teoría, lo que más me ha impactado es el efecto que consiguen los Zaparaín en las figuras al óleo. ´
Vi un cartel de la exposición, con la foto que adjunto y otra parecida, e inmediatamente aseguré para mis adentros que se trataba de acuarelas, de las que, por otra parte, y de los mismos autores, había encontrado una magnífica exposición, hace años, en Caja Círculo. Las sombras de las ramas en los árboles, los nudos y vericuetos de la piel, tienen la factura típica, y que solo se consigue, normalmente, con la técnica de la acuarela, con la que una mano maestra puede hacer expandirse el agua consiguiendo magníficos degradados, suavidad en los contornos, en fin, formas inventadas de la realidad, pero muy creíbles.
Pues bien, esos efectos típicos de la acuarela se han conseguido, en estos cuadros, nada menos que con, y en, el óleo. Nunca lo hubiera dicho. No sé si el buen fin obtenido se debe al alumnio que le sirve de base al óleo, o al medio con que aplican éste; los autores no lo explican exactamente. Es sabido que con el óleo los colores se mezclan o empastan con dificultad, casi siempre hay que acudir al sistema de veladuras para obtener efectos de transparencia. En la acuarela, en cambio, el agua hace correr al pigmento con facilidad y transparencia. Un auténtico hallazgo, este de los hermanos Zaparaín. Limpieza, riqueza de matices, transparencia, todo con óleo, el medio menos propicio para ello.
“El óleo –explican los autores en los textos de la exposición- se aplica en veladuras finas ricas en aceite dentro del perímetro de las siluetas. De esa forma van apareciendo las texturas progresivamente, como ocurre en una fotografía cuando el líquido de revelado activa las zonas alteradas por la luz. Incluso el barniz se aplica sólo sobre lo pintado, sin afectar a la base. Por último se suprime la película protectora y aparece el fondo en su verdadero tono. A esta secuencia de trabajo por capas se añade con frecuencia una última veladura en forma de sombras arrojadas, procedentes de elementos que están fuera de campo, en el plano del espectador. El resultado final es tenue y apenas añade grosor. Pero en la práctica, se superponen un inconcreto plano neutro que está detrás, las ramas en sus diversos estratos y la sombra que es huella del plano fuera de campo del observador que está delante.”
Pero además, las formas, árboles urbanos, semidesnudos, se han elegido con una interesante intencionalidad, que con más detalle explican los autores y pasamos a transcribir. Me recuerdan varios extremos de la conferencia del profesor Enrique González, en Segovia, en el “Symposium Europeo de Acuarela, XI Exposición Internacional”, que comentábamos el sábado pasado. El primero, su incursión por las diferencia entre la horizontalidad y la verticalidad en la representación pictórica, sobre lo que le pedí ampliación en el coloquio. Sirven muy bien para explicar la naturaleza los planos horizontales, mientras que los verticales representan mejor lo humano, el hombre y sus creaciones. Así lo han utilizado, efectivamente, los hermanos Zaparaín en estos temas.
“Los que nosotros mostramos son árboles urbanos y de ahí el subtítulo “naturalezas urbanas”. Son casi retratos, imágenes humanizadas de árboles concretos, casi con nombre y apellidos, con una edad determinada, con unas coordenadas espaciales. Los hay jóvenes y viejos. Viven anónimos en las ciudades, en unos pocos metros cuadrados, en el mejor de los casos con algo de hierba y otros árboles alrededor. No han nacido ahí, pero han sido plantados y están ahí, con sus raíces en la tierra, buscando el alimento, y soñando quizá con vivir en un sitio mejor. Alguien los colocó donde están después de nacer en un vivero, artificialmente, con todo tipo de cuidados, protegidos para que todo fuera bien. Les pusieron estacas para que no se torcieran. Ahora hacen su trabajo cada día y descansan por las noches. Sus ramas crecen y se entrecruzan. Dan sombra, proyectan sombras. Les brotan yemas, y hojas y flores. Dan frutos incluso. Muchas veces frutos estériles que nunca podrán dar vida. Morirán. Incluso los árboles milenarios mueren. Luego serán madera. Algunos quizá sirvan para sujetar a otros.”
Pero, además, la elección de formas verticales sobre planos luminosos o neutros tiene una segunda intencionalidad. “Los dos artistas pretenden con este trabajo conocer mejor la generación física de imágenes y los principios de gestión compositiva, especialmente en un entorno cultural caracterizado por una gran inflación de imágenes.”
“Esta exposición es una mirada hacia los árboles y las ramas, hacia su forma de crecimiento, hacia su lugar en el mundo, en el espacio y en el tiempo, hacia su imagen y la imagen que de ellos tenemos. Aparte de por su contenido, nos parece apropiado titularla “ramificaciones” porque si el motivo central del escudo de la Universidad de Valladolid es un árbol enraizado en el árbol eterno de la Sabiduría, nuestro trabajo puede verse como una forma más en la que la reflexión académica profundiza y amplía su comprensión de la realidad.”
Especialmente interesante es el uso de alumino como soporte físico del óleo y fondo que se mantiene. “Las imágenes que presentamos están hechas sobre metal. Buscamos el contraste de la planeidad euclídea, casi incorpórea, y el origen industrial de los soportes, con el volumen y la pertenencia de lo pintado al mundo “natural”; el del brillo y los reflejos del fondo con la opacidad y la textura de las cortezas; el de los límites necesarios del cuadro, los bordes geométricos fruto de la acción humana, con los contornos orgánicos y vivos de ramas y hojas.”
“El carácter antropológico de las pinturas se refuerza con la posición del “sujeto” en el cuadro y con la negación de la perspectiva al optar por fondos planos, de proyección infinita. El encuadre, la elección de los límites de la visión, constituye un aspecto esencial de la generación física de cualquier imagen. A partir de aquí adquiere particular importancia el `fuera de campo´, todo aquello que se ha quedado fuera de la configuración plana de la imagen.”. Y más adelante: “Las obras que aquí se presentan, desde su realismo aparente, aparecen como proceso, heredero de la superposición progresiva de capas propia del positivado fotográfico o del palimpsesto. La heterodoxia del soporte neutro de aluminio con recubrimiento plástico, ha llevado a una primera reproducción del motivo original sobre la película protectora. Después ese revestimiento se recorta sólo en las zonas delimitadas por el dibujo y preserva el resto de la plancha tal como es. (…) Así se renuncia a una profundidad derivada de los efectos perspectivos del realismo clásico. A cambio, desde la paradójica planeidad del cuadro, se exploran aspectos más modernos como el efecto fondo-figura, o las relaciones geométricas dentro del marco y con el contorno. Las figuras ya no son una mera representación de la realidad sino la excusa para operaciones actuales como la superposición, la densidad o la acumulación.”
Buena aportación a la teoría del arte, esta de los hermanos Zaparaín. Muy merecida su difusión en nuestra Universidad. Enhorabuena a ellos y a ésta.
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