Así se escribe un artículo
26.06.09 @ 08:05:00. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Puente. Acuarela de Ceferino Olivé, en la XI Exposición Internacional de Acuarela, Segovia, Junio 2009. 43x56)
La verdad es que mis amigos foramontanos me tienen trabajando a destajo. Y menos mal que soy más rápido que Speedy González. Tan pronto como tengo un tema me pongo a escribir, y entonces el artículo es ya cuestión de poco tiempo.
Confesaré que la mayoría de los temas se me ocurren mientras me ducho. Me he preguntado por qué, y he llegado a elaborar la teoría de que para hacer trabajar a la imaginación conviene sujetar la atención inmediata anclándola a una actividad lo más monótona posible. El movimiento de las olas que van y vienen, o de las llamas que suben y bajan, absorben esa atención y nos permiten liberar el pensamiento para lanzarlo en busca de objetivos más interesantes; por eso suele decirse que algunas de las situaciones más favorables para discurrir son sentarse frente al mar o frente a una chimenea encendida. Mi padre paseaba de un extremo al otro del pasillo. En mi caso, la insistente caída del agua sobre mi cabeza parece proporcionarme la condición idónea.
Claro que la idea también puede surgir en otros momentos del día. Pero en todo caso debe considerarse como una especie de semilla; puesto que debe contener un cierto potencial de desarrollo. Con eso basta. Yo no hago un guión casi nunca; sólo cuando he de elaborar una conferencia de cierta duración y complejidad. Para un artículo corto, como requiere un blog, me basta con pensar un instante y aplicar la capacidad que adquirí profesionalmente para visualizar un esquema en pocos segundos. Así que en el momento en el que me he hecho con el tema ya tengo como encarrilado lo que voy a escribir, puesto que he encontrado la sustancia. Y entonces puedo ya tirar para alante sin darle muchas más vueltas.
Luego, una vez puesto a redactar, las palabras fluirán a caballo de las tres o cuatro ideas que componían el esquema mental, y éstas generarán sobre la marcha las siguientes. Lo que sí que habrá que procurar es mantener una cierta contención, porque al final la totalidad del artículo debe quedar por debajo de los dos folios a intervalo sencillo.
¿Y el final? se preguntará mi improbable lector. Porque a cualquiera se le alcanza que cuando se escribe un artículo corto conviene rematarlo de alguna forma contundente, o con cierta gracia, o con una frase redonda, o con una expresión feliz y que venga al caso, o parando donde hay que parar, y en todo caso de manera que lo escrito no quede como desflecado. A veces puede quedar bien parar de repente y dejarlo en suspenso como quien no quiere la cosa, porque escribir es un arte, y en el arte entra casi todo: desde la armonía al contraste y desde la perfección a la más despiadada imperfección. Incluso podría decirse que la aparente imperfección puede ser una forma de perfección en el arte, y esto no es un simple trabalenguas sino un interesante motivo para la reflexión. Pero de eso ya hablaré en otra ocasión, quizás en un elogio de las limitaciones.
Por lo que a mí respecta, sólo de tarde en tarde se me ocurre como terminar cuando todavía no empecé a escribir, pero el remate no es una cuestión que me preocupe demasiado. Sé que acabará surgiendo de forma natural, como esa nota final que nos está pidiendo el aria cuando ya está a punto de terminar, y que provocará el entusiasta aplauso de los amantes de la ópera. Aunque no sea siempre un do de pecho.
Posdata.
Observará el lector que este artículo “de continuidad” tiene un tratamiento - en prosa -parecido al de las obras de teatro cuyo tema es precisamente una representación teatral, o como el del famoso soneto a Violante (un soneto contando con se hace un soneto). Aprovecho la ocasión, y así alargo un poco más este artículo aunque sea ya con la posdata, dando a conocer a mi improbable lector un soneto de mi autoría en el que hago exactamente lo mismo:
Soneto improvisado*
¿Puede haber un poeta sin soneto?
No pasará esta noche sin que intente
escribir uno al menos. Solamente
serán catorce versos. Lo prometo.
No pretendo escribir un mamotreto.
Tampoco presumir de inteligente
delante del lector o de otra gente.
Sólo cumplir el rito. Éste es mi objeto.
No veréis una estrofa complicada;
respetaré la métrica obligada
para evitar la nota discordante.
Y lo terminaré como si nada;
sin darle la importancia acostumbrada
ya que hacerlo fue cosa de un instante.
* De mi libro de poesías “Banda sonora”
.
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