Hoy es Jueves Santo
09.04.09 @ 07:58:45. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Sol sobre un lago. Óleo de John Mallord William Turner, en ibiblio.org/wm/paint/auth/turner. 1840. Tate Gallery, London. 91 x 122.5)
Es uno de los tres que, decíamos, “relumbran más que el sol”… A punto de finalizar “Desde la orilla” con el fin, también, de Stito, aprovecho para que algún “improbable lector” considere conmigo la festividad del día. Maestro de nada, pero observador de mucho –ventaja de ser mayor-, voy a proponerles compartir, libremente, mi particular punto de vista en lo que de sobra es conocido por todos. Luego, me vendrán, como de costumbre, los “chorreos” en tan duros como bienintencionados comentarios.
Muy atareados debían estar el Señor (Jesucristo) con sus discípulos, para preparar cuanto era preciso en la fiesta tradicional de la pascua judía.
El agobio de los que acompañaban al Maestro, desapareció cuando Éste les indicó el lugar, sin más que seguir al portador de un cántaro de agua. Lo hicieron. Verían, con sorpresa, seguro, “una sala grande y bien aderezada” donde, como ya sabido por el propietario, prepararon todo: cordero, panes ácimos, ensalada “amarga”, vino… Con el Señor, los doce cenaron deprisa, “como quien está de paso”, conmemorando, como saben, la precipitada huída de Egipto. Luego, y a poco de terminar la cena normal, se hizo el silencio. Y es ahora cuando les pido que me acompañen a lo ocurrido cuando, muy serio y solemne el Señor, fijos todos los ojos en Él, tomó pan e hizo y dijo lo que ustedes están diciendo para sus adentros. Con una copa de vino luego, en la que había una miaja de agua, dijo e hizo eso mismo que tampoco hace falta les repita, porque lo saben mejor que yo, mediocre “relator”.
Y lo que parecía sólo pan, sin dejar de serlo, se convirtió desde ese mismo momento –imposible comprender del todo- en Cuerpo (carne) de Cristo.
Y lo que parecía sólo vino, sin dejar de serlo, se convirtió desde ese mismo momento –imposible también comprenderlo del todo- en Sangre de Cristo.
Y en el colmo de Amor por cada uno de nosotros (muy pío, pero así fue) mandó a sus discípulos –“nuevos cristos” - como lo son desde tal día como hoy los sacerdotes- que lo hicieran también ellos en memoria suya. Sin que tal vez lo apreciemos lo suficiente, eso hacen los sacerdotes cada vez que celebran y consagran en la Santa Misa.
Colmo de amor, digo, porque hoy lo he escuchado, pues como bien sabía “la suerte” que le esperaba en breve, se marchaba, sí, con el Padre (Dios), pero no quiso que fuera del todo y para siempre. Por eso se quedó con nosotros y no sólo en cada momento de la Consagración por quien está ordenado sacerdote con el Sacramento acabado de instituir, sino en las especies de Pan, que ya no es sólo pan en el que, como incorporado en todo cuerpo humano, está también la Sangre, con apariencia, antes, de sólo vino. Tan difícil es de entender tal milagro, que para recibirlo por vez primera, es preciso la adecuada preparación de los “comulgantes”.
No muy seguro el Obispo de que los niños de una Parroquia tuvieran conocimientos y fe suficientes, indicó a los catequistas y párroco, que examinaría a alguno. Expectación mientras paseaba la mirada por el grupo muy numeroso… Y justo se detuvo en quien menos hubieran querido los responsables de la enseñanza: un niñote, pero bajito y con cara de no muchos conocimientos, pues padecía ¡síndrome de Down! Las miradas angustiadas iban del niño al Obispo y de éste a los catequistas y sacerdote. El niño… ¡a ver…! tan tranquilo. No se pierdan el diálogo siguiente, pues con pocas palabras lo dice todo, o casi todo.
-¿Tu nombre chaval? -preguntó campechano su ¿ilustrísima?
-Pablito, señor… -medio balbuceó azorada la criatura, sin saber con qué tratamiento llamarle.
-Bien Pablito, bien, comenzó el interrogatorio que angustiaba más a los preparadores que a la criatura, extrañamente ya sosegada. ¿Sabes, continuó con ojos sagaces y casi seguro del silencio ante su complicada pregunta. El niño, Pablito, tranquilo, sin pestañear y expectante. ¿Sabes, al fin se arranca, dónde está Jesús, el que vas a recibir muy pronto?... El inicial silencio era tan denso, que se podía cortar. El Obispo sonriente… los “profes”, callados. Como muertos…
Para facilitar la respuesta, mira el Obispo al crucifijo en la pared inmediata –todas las miradas en él- menos la de Pablito, impasible, los ojos bajos, pero inusualmente sereno, absolutamente tranquilo.
-¿Está ahí, le inquirió, en el Crucifijo…? Sonriente, seguro el Obispo de la callada por respuesta o el más que probable equivoco por el “truco”, espera…
-¡No señor…! Y contesta con tal seguridad, que desconcierta a todos: Obispo, profes y condiscípulos incluidos. -Ahí, afirma, parece que está, pero no, ahí no está. Sólo lo parece … Sorpresa ¿consternación…?
-¿Entonces, ¿dónde?, y para facilitar… ¿acaso ahí –apunta al Sagrario- crees Pablito que en ése lugar tan pequeñito, es donde puede estar…?, como que sugiere el “no”, seguro. Nuevo silencio sepulcral… Pablito, sereno, muy tranquilo, sonríe levemente. La Autoridad, perpleja.
-Sí, señor…, duda, pero no titubea: -ahí, no lo parece, pero sí, dice, aunque ahí, con forma de un pan pequeñito no lo parezca, ahí, sí. Aunque no lo parezca, insiste, ¡es ahí donde de verdad está! Y Pablito, ante el asombro -¿susto?- de todos, sonríe complacido. Con un par de besos, sonoros, de obispo, concluyó el temido examen con aprobado general. Se escuchó, como un susurro, el respiro colectivo de alivio. Digo yo, que hasta el Cristo colgado en la Cruz y Ésta de la pared, también sonríe… Como Pablito.
Pues Ése, que no lo parece, pero es el Señor, lo tendremos hoy –día de Jueves Santo-, adornado con las luces y color de nuestro agradecimiento por quedarse para siempre con nosotros - y si el señor Rodríguez no nos sale con una de las suyas-, en cada uno de los Monumentos de nuestras iglesias. Allí nos estará esperando a que vayamos a visitarlo y le acompañemos, dialogando con Él, aunque sólo sea un ratito. Aunque me alargue un poco más de lo acostumbrado, les sugiero recuerden, aunque seguro se lo saben de memoria, el “Adorote”, que a continuación copio, para si les place, en cada “estación” le digan un párrafo al menos, de los que van numerados. Nada me extrañaría que, en el colmo de amor agradecido, se llevaran a casa un beso tan sonoro y tierno como los del Obispo a Pablito. Yo…, me apunto.
1.-“Te adoro con devoción Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
2.- Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios; nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
3.- En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí también se esconde la Humanidad; sin embargo creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
4.- No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere y que te ame.
5.-¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das la vida al hombre; concede a mi alma que de Ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.
6.-Señor Jesús, bondadoso Pelícano: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
7.- Jesús a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria”.
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