La Ciguiñuela
26.02.09 @ 07:45:49. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana
(Segovia y almendros. Acuarela de Luis Labrador en la actual exposición del Torreón de Lozoya, Segovia).
Si hay algo que me cae bien de mis compatriotas es su cohabitación con las cigüeñas. Desde luego esto es cosa bien sabida, pero para mí, en mi circunstancia actual, se convierte en fuente de diaria satisfacción, porque el valle del Jarama es como la corrala de estas zancudas y simpáticas aves. De entrada tengo que reconocer que su gusto por las alturas me es especialmente grato, desde luego mucho más que la tendencia a esconderse en la oscuridad y en los rincones como es propio de otras especies. Yo a veces comparo estas actitudes con las de los hombres, y reflexiono sobre el atractivo que para estos animales ejercen los lugares sagrados.
Ellas, las cigüeñas, gustan de observar el paisaje desde alturas y pináculos, y nada hay más cerca de los cielos que las torres de las iglesias. En El Casar, las cigüeñas siguen la actividad municipal desde lo alto del templo parroquial, y sólo lo abandonan, esto sí, con cierto espanto, con el disparo de los cohetes en las fiestas del pueblo.
Pero de mis alrededores, la más encariñada con las cigüeñas es una ermita de Fuente el Saz, o sea de la Fuente del Sauce, para entendernos. Tan encariñada está, que han acabado por llamarla la “Ermita de la Ciguiñuela”.Podría decirse que la Ermita de la Ciguiñuela está superpoblada si no fuera porque sus inquilinas se han repartido el tejado y la torre como si fuera una casa de vecinos. Desde allí miran las alturas de la sierra y otean el valle en cuyo fondo corre el río, su mejor despensa.
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