En vanguardia
22.02.09 @ 08:07:08. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Spring in Lapland. Acuarela de Kalle Wikberg. de la Finnish Painters´ Unión, en la exposición del Symposio Internacional de Acuarelistas de Bilbao 2006.70x50.)
No sé si el lector se habrá percatado de que los cambios que experimentó la defensa nacional en estos últimos tiempos están dando lugar a algunas situaciones cuando menos curiosas.
No hace tanto que cuando hablábamos de defensa nacional evocábamos la defensa de nuestras fronteras. Ésta era, por ejemplo, la idea que tuvo nuestro gobierno durante mucho tiempo, incluso cuando se inició la elaboración de los acuerdos de coordinación con la OTAN; y eso que éstos suponían ya un gran salto adelante, pues hasta poco antes ni siquiera éramos partidarios de la defensa colectiva. Pero la estricta protección del propio territorio se consideraba responsabilidad puramente nacional y, por tanto, aportación insuficiente ante la solidaridad reclamada por Occidente durante la Guerra Fría. Sólo la cruda realidad haría cambiar de opinión a nuestros zigzagueantes responsables políticos.
Ahora, los militares españoles, desplegados en varios continentes, ven sus fronteras desde miles y miles de kilómetros de distancia. Un cambio llamativo que cualquiera justificaría aludiendo a la evolución de la situación estratégica mundial, pero que, en el fondo, responde a un cambio radical de actitud; el equivalente a la caída del caballo del apóstol San Pablo.
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