Siguiendo a Ortega
12.02.09 @ 07:54:10. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Zenona.Óleo de Mª Angeles Sáez.Zenona. 971x130)
Aquí un servidor debe ser bastante listo, porque antes de leer a Ortega ya sabía que yo era “yo y mi circunstancia”. Es más, me daba cuenta de que esa circunstancia me superaba en tamaño y en edad, y esto hacía que me sintiese como un trasto dominado por cuanto tenía alrededor. Lo que pasa es que, entonces, aunque reflexionara no me daba cuenta de que lo hacía
Al principio yo no sabía bien a qué venía toda esta cosa tan compleja de nacer y tal, pero no crea el lector que mi perplejidad era consecuencia de mi corta edad, porque ahora me sigue ocurriendo lo mismo, y eso que ya vivo en tiempo de descuento.
Para mí, los mayores eran, sobre todo, las visitas. Cuando éstas venían le peinaban a uno muy deprisa, y con el agua todavía escurriendo por las orejas, le ponían en el lugar que le correspondiera por estatura para salir a que le viesen. La mayoría de los visitantes eran señoras, casi siempre vestidas de negro. Yo tomaba a todas por parientes más o menos lejanas y me comportaba adecuadamente, porque en aquellos tiempos era tan importante estar bien educado que hasta había tratados de urbanidad. No sé qué dirán de eso los niños de hoy día, tan conscientes de que tienen muchos derechos que hasta pegan patadas en la espinilla a sus maestros, que ni siquiera se llaman ya así.
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