Imágenes de entonces. El jardín del colegio.
05.02.09 @ 08:08:16. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Callejón del Tomillo. Acuarela de Manuel Prieto Hernández. 37x28)
Mi amor a la naturaleza como un refugio que nos acoge siempre, que nos ofrece lo más auténtico, como un entorno de belleza sin artificio siempre a nuestra disposición, como una forma de acercarse a Dios, no me viene en su origen de la contemplación de los grandes paisajes. Procede, sencillamente, de mis sensaciones infantiles en el jardín del colegio de las Teresianas. Recuerdo de aquel jardín los rincones en sombra bajo los grandes árboles, los setos semiabandonados, las castañas caídas sobre la tierra de los caminos... y unos cacharritos de barro para los caracoles, llenos de agujeros y que nunca he sabido cómo se utilizaban.
Allí percibí por primera vez algunos de los olores del campo que ahora me subyugan, como el que levanta el agua al caer sobre la tierra, o el olor dulzón de las higueras, o el de esas florecillas que de pronto te envuelven en un aroma inesperado y te transportan al cielo. Aquellas sensaciones se relacionaban en mi mente con todas las cosas bellas y sublimes que yo percibía en el silencio de la capilla, en la espiritual pulcritud de los pasillos de la clausura.
No era un parterre; ni siquiera un jardín cuidado. Aunque no creo que tuviese árboles frutales, para él me cuadra mejor el nombre de huerto, porque siempre he asociado a esta palabra la imagen de un lugar recoleto, umbrío, cerrado con tapia alta, tal como yo veo aquel jardín en mi memoria.
Daba al jardín o huerto la parte del edificio del colegio donde se realizaban los trabajos más humildes para atender a la vida de las monjas: la lavandería, el cuarto de la plancha; quizás también la cocina. Todas estas dependencias estaban a la misma altura del jardín, es decir, en la planta baja. Las recuerdo con sus puertas abiertas, de forma que en mis paseos solitarios podía entrar directamente en ellas. Desde entonces siempre he encontrado un particular atractivo a las trastiendas, que son como la parte íntima y entrañable de las cosas. En ellas se descubre un poco ese corazón que los hombres nos empeñamos en ocultar.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


