Carpetazo
31.12.08 @ 07:56:55. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Segovia en nieve. Acuarela de Jose Orcajo, para la felicitación de Navidades 2008-2009)
Me propone el foramontano jefe que escriba algo para el fin de año, y de verdad que me cuesta siquiera intentarlo, porque ¡hay que ver lo que ha sido este dos mil ocho del demonio¡.Desde luego, en unas fechas transidas por el espíritu de la Navidad no es cosa de ponerse a soltar exabruptos o tacos malsonantes, lo que, por otra parte, no corresponde en modo alguno a mi estilo de caballero, pero hay que reconocer que en estos últimos trescientos sesenta y cinco días se han acumulado en nuestras mochilas tal número de sinrazones y pecados que, tal como los vemos ahora, ahí amontonados ante nosotros, se dirían un catálogo de despropósitos.
Agradeceremos a Rafa Nadal, a nuestros chicos del balón y a otros cuantos abnegados deportistas las gotas de alegría que nos suministraron para sobrellevar un año más de agresiones intelectuales perpetradas por una nariz insolente que pontifica desde el púlpito con las alas de la ignorancia; de lecciones impartidas por un maestrillo perverso que nos vuelve a enseñar el catón poniendo en levitación sus cejas; de inclementes rifirrafes administrados por un pitonisa que marca tendencias; de la circunfleja mirada del gran engatusador que esconde su odio a lo sagrado mientras abre los brazos como si fuera a distribuir el dominus vobiscum; de sometimiento a la zafiedad de esa cohorte de pequeñas inútiles que nos reparten las frases justas para no hacer nada mientras despedazan el idioma; y, en fin, de ver como la soberbia y la ineficacia se convierten en poltronas y carteras bien remuneradas…
…Un año entero fabricando leyes inútiles para crear problemas inexistentes, pergeñando entelequias, desenterrando muertos, estudiando la forma de que los bebés y los ancianos no molesten a los vivos que están en la plenitud del poder, un año cobrando dietas y viajando sin descanso para justificar clamorosas ausencias; tanto tiempo cultivando el egoísmo, tirando para acá de la manta y sobrecargando las arcas con una legión de asesores incultos que no saben hacer la o con un canuto… Todo un año entero insultando a la razón, haciéndonos creer que somos tontos y tomándonos el pelo, diciéndonos esto y lo contrario; que da igual porque al final nos lo creemos todo. Claro; como apostatamos de Dios…
…Un año que termina con la gran traca del terrorismo y de la codicia animando el gran fin de fiesta, y con el miedo y la ruina familiar como número fuerte del espectáculo de la Sociedad del Bienestar. “Señoras y señores: He aquí a quienes ordeñaron la vaca y mataron de paso a la gallina de los huevos de oro. Justo es que quienes antes presumíamos de liderar a los necesitados les recompensemos ahora con largueza por el servicio prestado. Y, por favor, que los responsables del desaguisado no se escondan tras las columnas, antes bien, que sigan exhibiendo con la debida arrogancia su distinguida condición de próceres, que nosotros, quienes para ganar adeptos hemos negado la evidencia, nos mantendremos impasibles y no alteraremos lo más mínimo nuestra galáctica sonrisa. Escuchadlo vosotros, los que entretenéis vuestra angustia en las colas de la INEM o en la espera de una comida caliente a las puertas de Cáritas: sabed que la cosa no es para tanto; bastará con aguantar unos cuantos meses. Y además el sol brilla en el cielo y vale la pena vivir, que son dos días”.
Queridos amigos: la verdad es que ante tanto desbarajuste moral y material, uno se ve tentado a despedir sin más miramientos a este anciano funesto y depauperado propinándole una aparatosa patada en la mismísima rabadilla. Pero, bien mirado, la culpa de tanto desastre acumulado no le es imputable a él. Porque el tiempo no sólo no tiene la culpa de nada, sino que es el gran regalo de Dios al hombre. El problema es que raramente sabemos emplearlo para el bien, porque sólo queremos utilizarlo para nosotros mismos.
Así que, con la mayor solemnidad, propongo el indulto para este desdichado año de desgracia, a la vez que recomiendo que os aferréis a la esperanza. Sí; que os aferréis a la esperanza y ya no la soltéis nunca más, sople el aquilón o la tramontana o caigan chuzos de punta. Que de todo eso y bastante más habrá, casi seguro, en ese nuevo año que tímidamente asoma con sus ojos ya bien abiertos a cualquier sorpresa.
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