Desde la orilla. En guerra contra los elementos.
19.12.08 @ 07:27:32. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Fin otoño en cañada Real. Acuarela de José María Arévalo. 36x48 )
El “personaje” que nos ocupa es Stito. No obstante, tratar de Stito (ya saben, el arrapiezo moro-“ispaniol”) en temas africanos durante el Protectorado español de Marruecos sin escribir de su “terente Quivir”(Drito), es poco menos que imposible. Así pues, insisto en las posibles repeticiones; molestas para el lector asiduo, mas imprescindibles para quien busque entretenimiento (que no otra cosa pretendemos) por primera vez en este blog. Sirva también como homenaje a quien sin llegar a la categoría de todo un general Mizzián,( moro-español), es en su humildad heroico soldado español.
La Residencia de Oficiales del Regimiento hierve con una actividad inusitada; en ella se ve envuelto –sin que le desagrade- el teniente recién incorporado. En el barracón que es la habitación común de los oficiales solteros o "solteros en comisión", se amontonan los petates, mochilas... , y cuantos útiles son necesarios para vivir tres meses en el campo a más de cuarenta kilómetros del mundo civilizado, que es Chauen. Los asistentes, veteranos que pasaron por la experiencia del campamento de A'karrat, se mueven con presteza para proveer de cuanto necesitarán sus jefes, que mientras tanto se dedican a los cometidos que les son más propios: todo lo relacionado con el contingente de tropas próximas a llegar. Para ser eficaces en cubrir las múltiples necesidades que lleva consigo la incorporación escalonada de ¡casi cuatro mil hombres!, es de todo punto necesario encomendar las suyas al soldado de total confianza: el “asistente”; si el sobrenombre fiel, le correspondió siempre con toda justicia y en cualquier lugar, mucho más, si cabe, aun acabado de conocer, en guarniciones del Protectorado.
En la “Residencia” del África 53, huele siempre a la humedad que sube por las paredes desde los cimientos asentados sobre un terreno poco sano; el que no hace mucho tiempo lo ocupaban grandes lagunas cenagosas. Esta es sin duda la razón por la que el regalo recibido nada más llegar, fue un tubo de pastillas de quinina; medicamento insustituible para combatir el paludismo, que causa estragos entre la población mora de la capital y aledaños.
De noche, “se juntaron -como reza la sabiduría popular- el hambre con las ganas de comer".
-Mi teniente, creo que este año las malditas lluvias nos llegan antes de conantes -dice Clemente, el asistente de Drito y casualmente paisano. Según los más viejos del lugar, lo normal en Chauen es que comience a llover mediado el invierno, para no dejarlo hasta que ya se barrunta la primavera, con la que se inicia la sequía; mas según caen ahora "chuzos de punta" (en otra ocasión les diré lo que realmente caían…), parece que pasó mucho más tiempo sin que se viera el agua por aquellos pagos, que Drito creía secarrales.
Pese al cansancio de los días del viaje y los preparativos para el campamento, no le es fácil conciliar el sueño. Además de las emociones propias del primer día de vida militar en guarnición, contribuye a ello una causa mucho menos prosaica: sobre un cubo colocado a la cabecera de la cama (¡), cae ruidoso un chorro continuo de agua que procede de una de las muchas goteras que tachonan la cubierta de la Residencia; burla a las estrellas ocultas tras los nubarrones del firmamento. Y si según dicen la cosa va para dos o más meses, cada noche verán la negrura de lo alto a través de los orificios. Repasa mentalmente todo lo acontecido hasta la fecha, y poco a poco, arrullado al fin por la música del agua, penetra en el mundo de las pesadillas.
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