Los trogloditas juegan al tute
15.12.08 @ 08:04:25. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Frío invernal en el Canal del Duero, frente a Tafisa. Acuarela de Antonio Arévalo.32x44)
No sé si el lector habrá reparado en la importancia que tienen el bar y los chiquitos en la vida del País Vasco. Rara es la biografía o el comentario periodístico sobre algún suceso que allí se desarrolle - por desgracia, casi siempre lamentable - que no tenga que ver con la costumbre de reunirse en torno a unos vasos de vino o de una partida de cartas. Esta costumbre tiende a evocar un ambiente de contacto frecuente con los amigos, a veces incluso en perjuicio de la vida familiar. Uno supone entonces que en aquella bella parte de España se cultiva la amistad, eso que en expresión muy actual y ya casi convertida en latiguillo, se conoce como “ser un buen amigo de sus amigos”.
Esta es la idea que yo tenía cuando de niño observaba la simpatía que todo lo vasco despertaba en la sociedad española - una prueba convertida en tópico era la popularidad que despertaba el Atlético de Bilbao - y eso fue lo que también deduje algo más tarde después de vivir un buen número de años en Vitoria. Ahora me pregunto si aquello fue un espejismo o si aquella región española ha sufrido tal deterioro moral que se han evaporado sus esencias para convertirse en un territorio de ciudadanos sin libertad, mediatizados y transformados por el terror y por la reacción del más primario instinto de supervivencia.
Júzguenlo ustedes: un hombre camina hacia el lugar de reunión en el que le esperan sus supuestos amigos para jugar una partida de tute. Esto es algo habitual que hace casi todos los días a la misma hora. Pero no lleva guardaespaldas. Algunos dirán luego que lo que le sucederá es porque no toma las precauciones debidas, porque en el País Vasco no se puede ir por ahí sin ese requisito, especialmente si eres empresario y no pagas la cuota del miedo. De pronto se oyen unos disparos y el hombre yace ya en el suelo rodeado por su propia sangre.
Los amigos acuden…Perdón, me he equivocado de guión. Los amigos no acuden, o si lo hacen será para volver enseguida a la mesa de juego. Los amigos buscarán un sustituto y proseguirán la partida; ahora dicen que “en homenaje a la víctima”. Esto es el País Vasco de hoy.
He aquí, amable lector, el efecto de una labor sistemática de “euskaldunización” basada en la doctrina perversa de Sabino Arana, que combina la referencia a Dios con el odio a los hombres si éstos son españoles. Pero quizás no les extrañe, porque ya saben que “arana” significa “mentira”, “engaño”. Y se dirán: realmente ¡que sabio es nuestro diccionario!
Todo esto es lo que hoy no permite decir con propiedad que España sea una nación democrática. Esta es la bajeza de un pueblo cobarde, en el que las excepciones adquieren la categoría de símbolos.
Y no me digan que se trata de un pueblo que se sentía sojuzgado. Las primeras elecciones “democráticas” registraron el triunfo de un partido - la UCD - tan lejos del nacionalismo como la Tierra de Saturno. Luego fue el PSOE el que triunfó. Ídem de ídem. Pero la cosa es que el PSOE regaló el poder al Partido Nacionalista Vasco con la cándida pretensión de facilitar la marginación de los amigos del terror. “Bien agradecidos quedarían”, dirá el lector. Pues bien, yo le recordaré que los nacionalistas no sólo no dieron las gracias, sino que trincaron el poder y tejieron la tela de araña. Hoy nadie se mueve sin su permiso, y aquellas ikastolas a las que muchos temíamos, cumplieron fielmente su propósito de adoctrinamiento. Y unos sacudieron las ramas y otros recogieron las nueces.
En fin, de todas aquellas lluvias vinieron estos lodos. Por lo que se ve, los trogloditas de la partida y los chiquitos llevaban tiempo en el bar y estaban ya en la fase de “exaltación de la amistad”.
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