Evolución en la técnica de la acuarela
14.12.08 @ 07:32:07. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Fontana dell'Acqua Paola a Ponte Sisto in Via Giulia (Roma). Acuarela de Ettore Roesler Franz)
Escribo estas ideas cuando lo que tenía que hacer era estar pintando para mejorar mi técnica. La llegada a mi correo electrónico de dos pps de acuarelistas, Roesler y Sargent, ambos a caballo entre el siglo XIX y el XX, me ha impactado tanto que no se me quitan de la cabeza tan bellas imágenes. Así que lo mejor va a ser escribir sobre ellos y sobre lo mucho que ha cambiado la técnica de la acuarela, aunque, francamente, en este momento no tengo muy claro que sea para mejor, simplemente es otra técnica distinta. La evolución a la que me refiero es puramente formal, no sustancial, como sí ha ocurrido con el óleo, que ha soportado la destrucción del arte pictórico –como tantas veces he comentado, las últimas en los artículos sobre la Cúpula que aún sigue a debate, y sobre el manifiesto de los Artistas Hartos-. En acuarela no se ha pintado nada realmente importante, en los tres últimos siglos, que no sea figurativo; ya hemos comentado también cómo esta técnica se presta poco al abstracto y no digamos al matérico; se ha intentado (puede verse en la misma web de Barceló) pero sin mucho éxito.
El primero recibido es sobre John Singer Sargent 1856-1925, autor bien conocido por los acuarelistas, porque es el padre de la acuarela contemporánea. Todos los grandes del siglo pasado, Trevor Chamberlain, Edgard Wesson, etc., siguieron sus pasos y llegaron más lejos aún, aunque no sé si tanto en la técnica como en el concepto, la síntesis, el trabajo en húmedo etc. En fin, es muy opinable, espero no se me eche nadie encima. Sargent sigue siendo, todavía hoy, la cumbre, el gran maestro. Solo Turner, maestro de la luz, el adelantado al impresionismo, muy anterior aún, muerto en 1881, se adelanta también a la técnica simplificadora que domina el siglo XX (no me refiero a sus apuntillos de campo que nos enseñó, felizmente, la Fundación March hace ya tres o cuatro años, sino a sus acuarelas venecianas, que están en la Tate Galery, y en las que creo se ve cómo raspaba el papel para obtener lo que un siglo después se hacía en húmedo).
El otro acuarelista que me ha impactado es un italiano del XIX, extraordinario, Ettore Franz Roesler. Me llegó en pps, y después lo encontré con Google ( un galimatías, el link es http://images.google.es/images?um=1&hl=es&client=firefox-a&rls=org.mozilla:es-ES:official&sa=X&oi=spell&resnum=1&ct=result&cd=1&q=ettore+roesler+franz&spell=1), pero no se ve ni la mitad de lo que en el pps, que es impresionante. Así que he difundido éste a todos los compañeros acuarelistas. Uno de ellos, Manuel García, ecuatoriano, me contesta que Héctor Roesler Franz, nació en 1845 de una familia alemana de banqueros; desde 1870 se dedicó sólo a la pintura y la dejó en 1907; y que unas 120 grandes acuarelas suyas fueron adquiridas en 1908 para la Comuna italiana y se encuentran hoy en el museo ciudadano de Palacio Braschi. Roesler, a diferencia de Sargent, es un clásico puro en los temas, pero con un tratamiento de la técnica de la acuarela también muy actual, no tanto en el uso de pintar sobre húmedo, que también, como en la forma de describir el paisaje urbano, lleno de matices. Como su pintura es rica en descripciones, no detallista pero sí compleja, uno se queda asombrado de tanta perfección y belleza, en el color, en las formas, en todo.

(Vía Rua, Roma. Acuarela de Ettore Roesler Franz)
Roesler me recuerda, en algunas de sus acuarelas, minuciosas también, a las de nuestro Fortuny, extraordinario igualmente, pero no tanto desde el punto de vista de la técnica de la acuarela. Fortuny era un maravilloso dibujante, y en sus acuarelas consigue sacar todo el partido a esa facultad suya, con llamativo colorido y efectos inmejorables de luces y sombras. Pero no “corre el agua”, que es lo propio de la acuarela, sus obras con esta técnica, muy creativas, podían haber sido realizadas con otra cualquiera sin perder valor alguno. Sorolla pintó poca acuarela, pero las que yo he visto solo podían realizarse como acuarelas. Roesler es, ya digo, minucioso en muchas de sus obras, pero siempre aprovechando la transparencia de esta técnica, el color que solo con ella se obtiene. Y de vez en cuando simplifica, se anticipa a su tiempo. En la que adjunto para ilustrar este artículo se comprueba en la forma tan elegante de conseguir esos chorritos de agua, a pura reserva, como, un poco velados, los barrotes delante de la fuente, en negativo. La expresión de las máculas de la pared de la derecha es inmejorable. Y las transiciones o degradados, el contraste luz y sombra con mil matices intermedios, en fin, extraordinaria realización. Un ejemplo para todos nosotros.
Como de Sargent estoy colgando más obra con otros artículos, pongo una segunda de Roesler, más compleja y rica todavía que la de cabecera. Ésta, ya no es solo un modelo de cómo pintar paisaje urbano, sino de cómo pintar la vida misma. Diez cuadros en uno.
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