Desde la orilla. Celebraciones en el día de nuestra Patrona
12.12.08 @ 08:00:10. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Wamba al final del otoño. Acuarela de José M. Arévalo. 34x45)
Terminada la solemne celebración religiosa –emotiva en extremo por los acontecimientos ya referidos-, el desfile ante autoridades (militares) e invitados fue brillante. Los aplausos fueron para todos; pero si cabe más intensos, al paso extremadamente marcial de la 19 compañía, la del teniente Quivir, y del nuevo moro converso. Luego, vino la debacle, o casi: tuvieron la culpa varios garrafones de vino peleón, “de a cántara” con los que Drito obsequió a sus soldados porque sí; Stito, ni lo cató. A más tocaron los otros, que, con singular efervescencia interna y externa, cortaron ramas de palmera y acompañaron en curiosa procesión a su teniente motorizado (un “mercedes” comprado para un pariente) desde Laucién a Tetuán. No sé si cantando, porque yo no fui y nada me dijo Drito “al respetive”. Pero sí sé, que Leticia con el primer hijo de ambos (Drito J.), lo estuvo esperando con una tarta más de dos horas en la preciosa plaza de España, para celebrar el día; y que poco faltó (es broma) para que se la “estampanase” al verle llegar en tan extrañas circunstancias y ¡encima! sonriente.
Más que por el fenomenal plantón, Leticia se enfadó, con razón, por la zozobra de que, en tiempos tan peligrosos, le hubiera sucedido algo malo. Pudo más al fin la alegría, y después de la comida extraordinaria (los solteros o de “Rodríguez” -muy numerosos por las razones dichas- permanecieron en el Regimiento con la tropa) los ya casi veteranos en matrimonio, subieron (los dos juntos, claro) a Laucién, para continuar los festejos con los soldados en honor a su Santa Patrona.
Leticia y su hijo (Drito J., “apadrinado” por toda la oficialidad joven), tomó asiento en el teatro improvisado donde, el Quivir había montado un espectáculo extraordinario: elegidos entre todos los mejores cantores o “cantaores” del Regimiento, realizaron un recorrido musical por todas las Regiones de la madre Patria. Como de todas había representación, se cantó a España entera, sin distinción alguna en cuanto a la intensidad de los enfervorizados aplausos.
Si me perdonan el inciso, aprovecho para decir, que allí faltaba el señor “Rodríguez” (Z), y algunos, muchos, incrédulos que, con desvergüenza total acusan de puta –con perdón- a la mili, para que uno y otros hubiesen comprobado cosas importantes: el primero, la barbaridad que está montando en la España de hoy, con su incontenible, desdichado, miserable, afán de poder; y el error, los otros, aunque también el primero, de menospreciar hasta límites ¡¡ofensivos!! a quienes hemos entregado “todo por la Patria”. E incluso para cuantos “sirvieron” con orgullo a ambas patrias –chica y grande- con canciones regionales, que levantaban de sus asientos a cerca de ¡cuatro mil! soldados espectadores. Por citar algunas canciones, se festejó a la Inmaculada, con preciosos “zorcicos” vascos, “sardanas” catalanas, jotas aragonesas, castellanas…, deliciosos coros gallegos, melodiosas “isas” canarias, prolongadas “saetas” andaluzas, “flamenco” cantado y bailado…
En fin, toda nuestra España, tan rica en bellísimas canciones que en el África profunda, “sabían” a gloria. Hasta Stito hubo de repetir su impresionante Ave María, que escuchado por primera vez por muchos (y muchas, que dicen algunos tontáinas ahora), se entusiasmaron por la belleza en sí del Ave María y por quién lo cantaba a la Virgen precisamente este día. Aquí yo sí vi la ternura con que Leticia miraba a su marido, por festejar a la que juntos y desde “ siempre” querían tanto. El alto mando, felicitó efusivamente a una ¡Leticia! Exultante. Drito miraba a su mujer, tan “embobado” como el primer día que la conoció allá por la plazuela de san Miguel del Valladolid lejano. Una cena extraordinaria, amenizada por la Música del Regimiento fue un digno colofón para un día tan cargado de emociones. El toque largo, largo, de silencio estremeció a todos ( y “…”) los presentes que, felices, muy felices y hermanados, regresaron a sus casas.
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