Mucientes, nuestro paisajista.
07.12.08 @ 08:00:54. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Zaratán. Öleo deManuel Mucientes en la reciente exposición del Colegio de Lourdes. Agosto 1945. 81x114)
Es muy de agradecer la labor de Miguel García Pérez como comisario de las exposiciones del colegio Lourdes, consiguiendo fondos de particulares hasta completar tantas muestras representativas, como la que nos ha ofrecido hasta el domingo pasado, del vallisoletano Manuel Mucientes (1887-1960). Como hemos podido comprobar, Mucientes era un magnífico dibujante; como explica la profesora Ortega-Coca en el catálogo, vivió de ello en puesto de funcionario, pero pasa a la historia de los pintores vallisoletanos como paisajista de Castilla, por “su visión de las inmensas planicies desnudas del paisaje castellano”. Personalmente, me parecen mejores, técnicamente, sus dibujos que sus óleos, en los que aplica con poca destreza todavía la moda que entonces se iniciaba de incorporar texturas añadiendo tierras al óleo, o aplicando pegotones con espátula o el palo del pincel, que más tarde daría lugar a la pintura llamada “matérica”. Quizá por ello quedan mejor sus obras vistas de lejos, incluso en foto, que apreciadas de cerca. Pero algo parecido ocurre con la obra de Benjamín Palencia, y este sí que fue un primera fila.
El acierto de Mucientes es, creo, más conceptual, al dedicarse a estudiar e interpretar el paisaje castellano. Y lo hizo con gran acierto. Mientras que el gran Sorolla no añadió nada a la visión de nuestro paisaje, a pesar de la indiscutible maestría de su pincelada (lo vimos no hace mucho en la interesantísima exposición de la calle de la Pasión sobre sus andanzas por estas tierras), Mucientes (dice Manolo, compañero de salidas a pintar al campo, que García Lesmes ´más aún) ha sido el inspirador de tanta pintura “mitad cielo mitad tierra” que, más recientemente, ha proliferado en exceso para explicar nuestros páramos ( y también con mucho menos acierto). Mi mujer, Concha María, que era andaluza, y que tenía ese concepto ocre de nuestro paisaje que ya es tradicional, se quedó sorprendida, cuando me la traje, de tanto verde con que contamos, y no solo de nuestros mares de pinos, sino de nuestras vaguadas y rodales de choperas, y no digamos de los campos de cereal naciente. Pero la dureza del clima y la tierra que conforman el alma castellana, quedan mejor expresadas como hizo Mucientes cuando muy pocos pintores frecuentaban el paisaje.
Mucientes (quizá influido por García Lesmes) toma la afición por el paisaje que, como ya comentábamos en uno de los primeros artículos de este blog, introdujo en nuestro país Carlos de Haes, desde su cátedra en la Academia de San Fernando, que se llevaba a sus alumnos a pintar en directo o al menos tomar apuntes, a la sierra de Guadarrama. Haes era belga, y de su tierra natal trajo este valorar la pintura paisajista, que tanto cultivaron los impresionistas. En Google veo que varios artículos califican a Manuel Mucientes como impresionista, lo que me parece un error craso; impresionismo tan tardío diría muy poco en su favor; cuando al final todos los figurativos o somo impresionistas o expresionistas, pero en términos absolutamente generales. También puede decirse de Mucientes que era expresionista o incluso conceptual, tan evidente es su afán de reflejar lo propiamente castellano de nuestro paisaje.
“La pintura de Mucientes – recoge Ortega-Coca en el catálogo-, como la del vasco Arteta, que en la primera década del siglo estudiaba en Valladolid, tienen algo de la jugosidad de la de Lesmes, con esos tonos cárdenos, violáceos, de cuando se pone el sol en el lejano límite del horizonte, que para muchos hace fijar la vista al infinito como cuando se mira el mar”.
Para los que practicamos habitualmente esta cultura especial de pintar en el campo, son muy apreciables las explicaciones que al respecto nos ofrece el catálogo, que cuenta cómo Mucientes trataba de reflejar especialmente la luz de cada momento, hasta el punto de que en los bastidores solía anotar la fecha, el lugar y la hora del día en que trabajaba al natural. Y por demás las explicaciones que él mismo incluyó en el catálogo de su exposición de 1957 en el Palacio de Santa Cruz sobre su modo de entender la pintura. Háganse con un catálogo, porque solo voy a reproducir un par de párrafos:
“Te invito mi querido amigo (el que lees) a venir conmigo al campo, y, en efecto, ten la seguridad de que vienes a contemplar la naturaleza. Nos situaremos o haremos un descanso en un cerrito y solamente miraremos; no hemos venido a pintar, sino a observar, a compenetrarnos con tan infinita belleza, a captar un momento, sea el que se quiera; de época, de luz, de nubes, de atardecer, y así no solo un día, muchos, nos servirán de recreo y disfrutaremos de una apacibilidad maravillosa oyendo el cántico de los jilgueros, el del cucuelo o el monótono de los sapos al atardecer y el seguido chirriar de la parrilla.
En este constante rondar, de verdadero enamorado, surgirá el motivo y felizmente quedará concebido el cuadro, cuya realización será ya inmediata, y hasta fácil, al presentarnos nuevamente en el sitio, con todo el equipo necesario que requiere el pintar de frente al natural”.
En fin, nos ha dado en el gusto, esta exposición, a los compas acuarelitas. Mucientes también practicó nuestra técnica, de la que figuraba un ejemplo discreto en la exposición.
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