Valladolid pionera
02.12.08 @ 08:00:25. Archivado en Artículos
Carlos de Bustamante

(Valladolid, calle Torrecilla. Acuarela de José M. Arévalo. 32x43)
La noticia corrió de boca en boca como un relámpago. Digo mal, como un rayo al que siguió el correspondiente trueno horrísono: ¡¡Estamos como en el 36!!. Como entonces tenía tres años, ni idea lo que ocurrió. Sé, desgraciadamente, las consecuencias; las que tampoco ignora ZP nieto. Hijos, nietos, parientes, amigos…, todos los de mi generación, anteriores y posteriores, sufrimos las terribles consecuencias de una guerra fraticida. No todos los pertenecientes a un mismo clan, familiar, de amigos, conocidos, contertulios…, pertenecían al mismo “bando”; por este motivo, la confrontación resultó realmente fratricida, cruel, hasta extremos dramáticos.
¿A eso queremos volver…? ¡Bah!, exageraciones catastrofistas…Tengan tal carácter o no, sólo sé que, como el eco en las montañas con la tormenta, resuena una y mil veces, con presagios de mal agüero. No cabe en un simple (no tan simple) artículo, analizar las causas, primero, del Alzamiento Nacional, para no caer luego en el apelativo dicho, por juzgar similares los graves sucesos en nuestros días con los previos a la guerra del 36.
Algo tendrán que ver, digo, cuando cunde de tal forma la alarma entre gentes sensatas o escaldadas. Sirva de ejemplo, la triste noticia –para mí y para multitud de españoles- de la retirada de símbolos católicos de lugares como la escuela Macías Picavea de Valladolid: pionera, en cuanto que ha sido un juez quien lo ha dictaminado por sentencia firme, tras la “denuncia” y el recurso Contencioso Administrativo presentado y ganado por la Asociación Cultural Escuela Laica de Valladolid.
Dejando aparte culpabilidades u omisiones culpables, en absoluto es catastrofismo comparaciones ¡que se están dando aquí y ahora! con las del año mentado.
¿Fueron motivos religiosos –como éstos- los detonantes para que estallase la guerra?
Sinceramente, yo sí lo creo. Aunque no niego que hubiera otros. ¡¡Señores del gobierno, Sr. ZP!!: no haya más odios ni más crueldades. Con sentido común (verdad es hoy, que el menos común de los sentidos), extendamos ¡todos! en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico de algo no tan sencillo, según parece, como el amor. Si les suena a frase hecha de colegio de ursulinas, moléstense, por favor, sean creyentes o no, en repasar qué dice san Pablo, hombre cuerdo -además de creyente- donde les haya, sobre la palabreja que “no se lleva” si no es para indicar: “hagamos el amor y no la guerra”.
Hacer, lo que se dice hacer, ¡eso hombre! no es el amor al que yo me refiero. No hablo de la caricatura egoísta del placer sexual, por el solo placer. Hablo del amor ordenado y limpio (¡qué antigualla…!). Al que san Pablo, en sus creencias, coincidentes con la mayoría absoluta, dicha en términos electorales, de los españoles. Si no quieren llamar amor al que muchos, muchos, profesamos al Crucifijo y lo que representa, llámenlo caridad, o como mejor les plazca, o no lo llamen nada. Pero no sean tan insensatos, Srs, del Gobierno, Sr. ZP, de jugar con fuego. Con una sola experiencia, sobra y basta; aunque para algunos parece que no, puesto que remueven y remueven cielo y tierra, ¡mucha tierra!, para desenterrar lo que estaba olvidado y perdonado. ¿Catastrofismo…? No lo comprueben señores mentados; no “amen” el peligro… que pueden encabezar la lista de los que reciben un nombre por tropezar dos veces en la misma piedra. Y que conste que yo no les insulto ni se lo llamo. Es, la sabiduría popular. O sea.
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