Ya soy víctima de ETA
27.11.08 @ 07:48:24. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Fábrica. Acuarela de Joseph Zbukvic en artarmongalleries.com)
Pues sí, ya lo soy. Esperaba tener más detalles que contar, pero mi hijo José, que sobrevive de milagro, no ha podido venir a explicárnoslo todo, y ya se va a quedar el atentado en el olvido, como tantos otros de la banda asesina. Así que voy al asunto sin más demora. Ocupó el pasado 31 de Octubre todos los titulares de los medios: “ETA hace explosionar un coche bomba en la Universidad de Navarra”. Sólo la suerte, decían, un milagro digo yo, evitó una masacre. “ETA hizo estallar ayer un coche-bomba en uno de los aparcamientos situados en el lateral del Edificio central del campus de la Universidad de Navarra, a las afueras de Pamplona. Un millar de estudiantes y profesores –yo diría que muchos más- se encontraban en las aulas próximas. La explosión, que hizo temblar todos los edificios del centro, causó 21 heridos de carácter leve y provocó un incendio en la sede central de la Universidad.”. Allí trabaja mi hijo José, a tres metros del coche que hicieron explotar los etarras. Si hubiera estado en su despacho, no lo cuenta. Así ocurrió con muchos otros compañeros y alumnos. Una chica se salvó por dos segundos, pues acababa de doblar la esquina del edificio. En otros dos despachos no había nadie, incluso uno de sus ocupantes había sido convencido de que fuera a tomar un café con otros compañeros, e hizo una excepción esta vez. Mi sobrino Jorge acababa de pasar a la sala de reuniones que tiene en su despacho y que está protegida por pared separadora, no así el despacho, que quedó destrozado.
Y para postre, la intoxicación que sufrieron los del edificio central cuando entraron a sacar sus pertenencias y medios de trabajo. La bomba dejó algo más que explosión, algo que quedó acumulado en el doble techo de los despachos, todavía no está claro qué, pero muy dañino. Por respirarlo, cuando ya había pasado el primer susto, mi hijo pasó cuatro días ingresado en la Clínica Universitaria, con oxígeno etc.. Parece que a los fumadores, entre ellos mi hijo, les afectó más –hay que dejarlo José, vamos a dejarlo ya los dos-. En fin, un desastre. Hace un año, cuando el Gobierno todavía negociaba con ETA – y vaya usted a saber si no lo sigue haciendo, miente tanto…- se discutió en la prensa quien era realmente victima y quien menos, no recuerdo a cuento de qué, para fastidiar a la AVT, claro. Todos los españoles somos víctimas, porque ETA va contra todos nosotros, no nos quiere como conciudadanos. Pero cuando te toca de cerca una de sus fechorías, te sientes mucho más víctima, víctima propiamente dicha. Yo ya soy víctima propiamente dicha, como Aznar, aunque resultara frustrado el atentado que iba a por él. He estado a punto de quedarme sin hijo. En esta situación, uno tiende a radicalizarse. He tenido que hacer un esfuerzo para no perder el equilibrio y seguir el ejemplo de lo que dijeron el Rector y el Vicerrector de la Universidad de Navarra, éste en un artículo en La Razón, y aquél en las primeras declaraciones: que no guardaban rencor. Hay que perdonar, sin claudicar. Y como estaría feo tomarse la justicia por la propia mano, lo que tenemos que hacer las víctimas es seguir exigiendo a los poderes públicos que acaben con ETA, pero sin concesiones. Y ahí está la clave de la cuestión, que entre nosotros hay muchos condescendientes.
Empezando por los más conservadores, que, no entiendo bien por qué, dicen que se queden ellos con el País Vasco. Que los vascos se las arreglen solos. Que nos dejen de dar la lata. Que no hubieran votado al PNV, cuando estuvieron a punto, juntos PP y PSOE de ganar las elecciones allí. El llamado “intento constitucionalista” fue una oportunidad de oro, es cierto. Pero, como también está pasando en todo el territorio nacional, lo que cuenta en las elecciones, en todas partes, es el bolsillo, la “pela”, y si con el PNV su economía había funcionado, ¿para qué cambiar?. Sinceramente, ¿qué se puede esperar de una sociedad tan egoísta, tan infantilizada, como la nuestra?. Tiene lo que se merece.
Recuerdo la estupenda movida de las manos blancas. Aquello sí que fue dignidad de un país, de todo el país, del vasco y del español en su conjunto. Qué fácilmente se olvida. Ya digo, lo de Navarra, ahí se ha quedado
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