Honor a los caídos por España
14.11.08 @ 08:01:51. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(En la Cañada Real, Valladolid. Acuarela de J.M.Arévalo. 32x43)
El artículo publicado en este blog dedicado a los difuntos y magníficamente escrito por Carlos Palacios, me pareció que en todo él se decían verdades como puños, aunque “no se lleve” hablar del tema. Por ser este mes (Noviembre), dedicado a los difuntos, siento que, aún cayendo en el mismo defecto –que no lo fue-, abunde sobre el tema. Pero como soy militar aún en calzoncillos, me referiré a la ceremonia ¡impresionante! de cuantos actos se celebran en la milicia en honor a los caídos por la Patria (o sea, también difuntos), dentro o fuera de España.
Por muy acostumbrado que uno esté, y lo está, recorren continuos escalofríos por el cuerpo cuando, formada la tropa con sus mandos al frente y todos en absoluta quietud y silencio, se oye el “toque de oración”. Bien si el objeto de la ceremonia es el monolito que recuerda a todos los caídos por España, y no tan bien -por lo tremendo- si se rinde pleitesía a quien, de cuerpo presente en el ataúd, entregó cuanto tenía –su vida- por la Patria. Es estremecedor, digo, el lento caminar de los/as soldados, que portan la corona de laurel hacia lo o el que se rinde tributo. Y cuando las voces recias de nuestros soldados entonan, como buenamente pueden si la emoción no les atenaza la garganta, “la muerte no es el final”, la sensibilidad más ruda se conmueve. No es mal momento para recordar –meditar- (y perdonen mi reincidencia de foramontano), la letra mas -¡ay!- no la música que, compuesta por monseñor Cesáreo Gabaráin, el general Urrutia pasó a todas las Capitanías Generales. Letra y música patriótica, perfilada definitivamente por Tomás Asiaín (militar) para destino castrense, dice así:
Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.
Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.
Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo,
nos devolviste la vida,
como en Betania al amigo.
Cuando la pena nos alcanza
por el compañero perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la fe su esperanza.
En tu palabra confiamos
con la certeza de que Tú
ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz.
Ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz
Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.
Porque el coro de la Parroquia de san Lorenzo la interpreta divinamente (aunque, y que me perdone don Jesús Mateo –párroco-, mejor nuestros soldados), como ya estoy retirado de por vida y no mando tropa alguna, me he apuntado, sin merecerlo, claro, al postrer homenaje allí, a los pies de nuestra Patrona. Así que por favor don Jesús, que afinen…Gracias.
Tenía terminado el presente artículo en tono más bien alegre pese a lo serio del contenido, cuando recibo consternado la tiste noticia de la muerte de dos soldados de nuestro Ejército y cuatro más heridos, uno de ellos de gravedad.
Cuando la pena nos alcanza por los compañeros perdidos, cuando el adiós dolorido busca en la Fe su esperanza, en Tu Palabra confiamos con la certeza de que Tú ya los has devuelto a la Vida, ya los has llevado a la Luz. Con el orgullo de pertenecer a la Milicia en la que ellos murieron, es hora de rezar cantando tan hermosa oración. Es hora de meditar el porqué de esas muertes.
Pero antes de que se escapen mis sentimientos del corazón sin previo paso por la meditación, les pido a ustedes, para terminar, no un “minuto de silencio” oficial que de poco o de nada vale, sino el mismo tiempo, al menos, para pedir-rezar con el centro de mi escrito. Que Dios los acoja en su Seno y descansen en paz. Porque evidente, “la muerte no es el final”.
Si Dios es servido, continuaremos otro día.
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