“Bella”, ¡qué gran película!
13.11.08 @ 07:56:21. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Nía. Acuarela de Roger Oncoy, en Hispacuarela.com)
Acabo de ver en Zaratán una gran película, “Bella” de Alejandro Monteverde. Me ha encantado que ya el título recuerde a otras dos grandes películas, “Qué bello es vivir”, del gran Frank Capra, y “La vida es bella” de Roberto Benigni. Está a ese nivel, es más, me quedo con la impresión de estas tres son las películas que más me han impactado en mi vida. Esperaba encontrar en “Bella” una defensa de la vida frente a la terrible lacra del aborto, como se ha publicitado en varios portales de fiar. Pues no es eso. Sí presenta a una mujer en circunstancias de verse obligada a abortar. Esa es simplemente la ocasión de profundizar en el sentido de la vida, como la avalancha capitalista en “Qué bello es vivir” o la crueldad nazi en “La vida es bella”. Las tres películas abordan el tema crucial de un momento histórico determinado, solo para decirnos que, a pesar del sufrimiento, la vida es bella, que vale la pena vivirse. El canto a la vida en “Bella” no gira en torno a la decisión de no abortar de la camarera despedida, cuyo momento ni siquiera aparece. El papel de la chica en dificultades lo borda Tommy Blanchard, sin aspavientos. Una gran interpretación también de Eduardo Verástegui, que asume el verdadero protagonista en el guión, el joven que ha descubierto la ilusión de vivir. No es un alegato del derecho a vivir -siento contradecir en esto a Hazteoir.org-, sino del valor de nuestra vida, que es bella, qué bello es vivir.
Y en esta comparación con aquellas otras dos grandes, grandísimas películas, resulta también muy interesante la evolución de la forma narrativa. Hace unos meses les comentaba en estas páginas el nuevo lenguaje de la tercera película del “Mito de Burne”, la sucesión vertiginosa de planos para reflejar la violencia. Pues bien, creo que
Alejandro Monteverde aporta en “Bella” también una nueva forma o lenguaje cinematográfico, justo en el lado opuesto, la imagen pausada de lo concreto para reflejar la vida ordinaria. La cámara se recrea en las cosas que nos rodean, que manejamos o en que nos movemos. Nunca he tenido una sensación de tanta normalidad al encontrarme -metido en la película- en una calle de Nueva York, en la que todo transcurre plácidamente, como en cualquier otra ciudad, sin los atascos ni gente corriendo a los que nos tiene el cine acostumbrados. Es algo así como el intento “matérico” en la narración cinematográfica. O como la “novela objetiva” de Alain Robbe Grillet, pero mejor construida la narración. Para mi gusto muy conseguido, y oportuno al objeto descrito, la vida misma, con sus alegrías y penas, la cruda realidad pero sin hacer de ella un dramón.
Por lo demás, también en “Bella” los buenos son buenos y los malos son malos, no hay confusión en los papeles, como siempre ocurre en las grandes películas sobre la vida misma; con la ventaja de que a los malos, en este caso, acaba ablandándoseles el corazón y pasan a mejor vida. Todo el mundo es bueno, concluimos, hasta las abortistas. Y no aparece la religión en ningún momento; bueno, una vez se ve al protagonista con un rosario en la mano, mientras espera que salga la chica del médico. La cuestión del aborto queda en eso: la embarazada con problemas recibe la ayuda -solo compañía, amistad- de un buen compañero, que le presenta a su familia y le deja ver su propio drama.
No me extraña que “Bella” haya obtenido ya varios premios por su calidad cinematográfica, allí por donde ha pasado: premio a la "mejor película" y al "mejor actor" (Movie Guide Awards), "Premio del público" (Toronto Film Festival). "Crystal Heart Award" y "Gran Premio" (Heart Land Festival). Y que se haya podido decir de ella “que ha cambiado la vida de cientos de personas en Estados Unidos”, donde ha estado en primera línea muchas semanas. También se dice que Eduardo Verástegui es un joven actor mejicano que tuvo hace algún tiempo una conversión a lo "San Pablo", y se está dedicando de lleno a difundir a través del cine los valores cristianos y, por tanto, humanos. Curiosamente se parece mucho al actor protagonista de “La Pasión de Cristo” Jim Caviezel. Pero insisto, no es una película ni religiosa ni confesional. Es una maravilla de película.
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