Asociación de jubilados
06.11.08 @ 08:00:21. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Paredes de Nava. Acuarela de José Mª Arévalo. 42x50)
Todo jubilado que se precie, si no vive hundido en la miseria del no tener nada que hacer, pertenece a alguna asociación. Tiene tiempo, o sea que puede desarrollar lo que se viene llamando “cultura del ocio”, dedicándose a las aficiones que siempre tuvo o deseó abordar, solo o con otros aficionados, mejor en compañía. También es el momento de integrarse activamente en las llamadas “sociedades intermedias”, que es la mejor forma de participar en la vida social e incluso pública. Tampoco está mal mantener alguna tertulia de las que frecuentabas más o menos. Yo tengo varias tertulias de pintores (dos de acuarelistas y una de quienes practican técnicas diversas), otra de abogados laboralistas, una de escritores, las derivadas de mi pertenencia al Foro Español de la Familia, y algunas más, para no quedarme corto. Y si en activo no tenías tiempo para nada, las mejores para abrir brecha y confirmar que hemos pasado a mejor vida, las de compañeros jubilados; además de facilidad para integrarte con los que han vivido las mismas circunstancias, te permiten no perder las raíces profesionales, que no son las únicas pero sí importantes.
Hoy, como primer jueves de mes, tendré la reunión mensual de la asociación de Antiguos Mandos Superiores de Renault (AMSAFA, antes de que se quitara el “FASA”), que se fundó, con apoyo de la empresa, tras el primer plan de bajas fuerte, el del 88. O sea que llevaba ya catorce años funcionando cuando me apunté yo. Tiene desde hace años revista mensual, “El mirador”, cuya versión digital puede verse en w.w.w.telefónica.net/web2/npg/elmirador.html. Además de reunión mensual, tenemos excursión también mensual –tres o cuatro al año, de varios días-, y reuniones diversas para aficionados, por ejemplo al mus, visitas culturales en la ciudad, y por supuesto, cena de Navidad. Según los casos, con cónyuge –si puede y quiere- o sin él. Hace unos días nos invitó la Factoría de Palencia, a conocer el nuevo Megane y cómo se fabrica. Me encantó ver a algunos compañeros tocar, casi acariciar, la chapa de los vehículos aún sin pintar, las carrocerías, como diciendo “qué cosas se montan ahora, tan distintas de las que yo hacía”. La fábrica palentina está en la cresta de la ola, como se suele decir, la más “performante”, que no es castellano y nunca he sabido muy bien qué significa. Impacta la nueva soldadura por láser. Nos dijeron es la primera que funciona en todas las fábricas europeas (y de todas las marcas, si no me equivoco).
Como soy de letras, no me entero de mucho. Así y todo, me gusta que me enseñen los talleres a mí: cuando estaba en activo casi solo los recorría cuando acompañaba a algunas visitas relacionadas con mi trabajo. En los años setenta solo había máquinas de café en las naves, de forma que bajábamos bastante, y muchas veces nos tomábamos el café con algún sindicalista, a pié de máquina. Era la época de las cadenas atestadas, y de los problemas cuando a alguien se le pasaba “la fase”. Ahora está todo mecanizado, quitando montaje, que también en buena parte. Casi todo robots y gente de mantenimiento. La Factoría tuvo el detalle de invitarnos a comer, con tertulia en las mesas que se prolongó hasta media tarde. Lo mejor, encontrar a tantos compañeros a los que no veía desde hace años, y el entusiasmo de unos y otros con lo que tenemos en Palencia. Con la que está cayendo.
Mi mayor sorpresa cuando llegué a la asociación, hace seis años, que nadie me pidiera mi correo electrónico. Los avisos se daban por carta o por teléfono. En la primera reunión mensual a la que asistí, aproveché las quejas de que se rompía la cadena de avisos cuando cualquiera estaba ausente -hay bastantes compañeros que viven buena parte del año en alguna costa; este clima nuestro no hay quien lo aguante- para proponer lo de los “emilios”. Casi tuve abucheo general. Estaba claro que la mayoría de asistentes superaba bastante mi edad. Sin embargo en estos años se ha rejuvenecido la asociación con las nuevas incorporaciones, ya que los planes de bajas han seguido funcionando, aunque a menos ritmo. A pesar de ello todavía casi no se usa el “internete” más que para la revista. Entre otras cosas porque en la guía con los datos de todos los asociados no aparecen los “emilios” de quienes lo tengan. Cosa que me extraña. Quizá se considera confidencial (no así la dirección postal ni el teléfono); o quizá los que no lo tienen no quieren quedar mal (je,je).
Dicen que en casa y comunidad no luzcas tu habilidad. No juega este refrán para los jubilatas. Al revés, en nuestras reuniones mensuales, además de apuntarnos a la excursión próxima y comentar noticias que nos interesan, a veces se cuenta con algún invitado que nos explica un modo de invertir, o un plan de viviendas, etc., pero otras es alguno de los compañeros quien nos cuenta este tipo de asuntos o simplemente nos hace una síntesis de su afición como coleccionista o experto en algo. Hay muy buen nivel en las intervenciones, y sobre todo un entusiasmo contagioso. Así hemos sabido de la historia y recorridos del Canal de Castilla, de un trabajo de investigación en el archivo de Simancas, de la gastronomía riojana, etc. Por mi parte creo que acabé con lo que tengo entre manos, después de hablar de pintura, de música clásica, de acuarofilia y no sé si de alguna otra afición. Bueno, me queda este tema de los “blogeros”, aunque puede ser más tema para un artículo en “El mirador”.
En las primeras excursiones a que asistí, se me ocurrió tomar fotos y pintar algunas acuarelillas que después llevé a nuestra reunión y ofrecí rifar entre los presentes, lo que fue celebrado ampliamente. Al poco tiempo, no sé si estimulado con mi ejemplo, el compañero (y sin embargo amigo, como suele decirse) Jorrín empezó a publicar en la revista caricaturas de esta gran familia de asociados y sus cónyuges. Es un maestro de la caricatura, bueno, para qué vamos a entrar en detalles, es un gran pintor, de lo mejor que tenemos en Valladolid. Él ha perseverado en esta agradecida tarea, no como yo, justificado por mis circunstancias familiares. A ver si vuelvo a las buenas costumbres.
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