Desde la orilla en sus personajes
04.11.08 @ 08:10:55. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Marocco. Acuarela de Pedro Cano.galleriadelleone.com/artistes/cano/lemons)
A lo largo de los cien o más artículos con los que traté de entretener al lector (posiblemente sin conseguirlo), salieron a la palestra diferentes personajes que me parece oportuno dedicarles ahora, con mayor o menor extensión, la exclusiva de protagonismo. Creo casi obligada esta tarea, pues al no ser personajes de ficción sino reales –pese a que el relator se haya permitido algunas licencias que no se ajustan exactamente a la realidad- sí son merecedores de componer “DESDE LA ORILLA” con mayores detalles singulares de su singular personalidad.
No por el orden en que este testigo excepcional les dé, querrá decir que sean más importantes unos que otros. Como por alguno hay que comenzar, lo haré por el que mejor conozco y más tiempo le he dedicado hasta el presente: DRITO. Y porque en sus andanzas de militar africano hice referencia a un personaje del que parece que “nunca más se supo”, retomaré en los artículos que sigan, si Dios es servido, al que, aunque “pequeño”, cabe en esta alusión. Me refiero, claro, al pequeño arrapiezo moro-“ispaniol”: o sea, STITO.
Ruego a mi tiránico… corrector que si escribiendo de uno u otro, o de ambos en el mismo artículo, volviera a narraciones ya referidas, ejerza sin piedad su “oficio”. O sea, que junto al chorreo acostumbrado, tenga la amabilidad de hacérmelo saber antes de que mis lectores al unísono (si es que tengo alguno) me arrojen hartos a la papelera.
Cree el relator que, aún siendo historia, sí es conveniente –pese al (con perdón), coñazo, traer a colación los antecedentes imprescindibles en el recuerdo de todo militar africano que se precie de serlo. DRITO Y STITO lo son. Sin anticipar acontecimientos, paso, pues, a familiarizarles con las tierras africanas y los duros acontecimientos pasados en ellas a modo de preámbulo. Éstos que siendo verídicos –o casi-, sólo tienen la antigüedad de cincuenta y pico años, tienen indudable relación con la más fiel historia que sigue:
LAS GUERRAS DE ÁFRICA.
1.- Guerra de 1.859-60:
Desde que en 1.859, siendo sultán de Marruecos Muley Abd al-Raham, los kavileños de Ányera destruyeran parte de las fortificaciones de la posesión española de Ceuta, la situación en el Norte de Africa en lo que concierne a las plazas de soberanía española, era de tirantez con la dinastía serifiana de los alawíes, dominante desde el siglo XVII en parte de Marruecos.
Sultán a la sazón su hijo y sucesor Muahmad ibn Abd al-Rahman (1.859-73), el primer Gobierno de la Unión Liberal declaró unilarateralmente la guerra (22 octubre 1.859) con la aparente intención de vengar agravios.
Las fuerzas españolas, al mando de O'Donnell, vencieron en las batallas de Sierra Bullones, Castillejos y Wad-Ras; en la batalla de Castillejos se distinguió notablemente el general Juan Prim y Prats. Por el tratado de Tetuán se da fin a la guerra.
2.- La guerra de Africa (1.921-27), espina clavada en España que tantas vidas le había costado, aún le costará muchas más hasta que llegue la solución. El de 1.920 había sido un año de éxitos: en la zona oriental del Protectorado, el jefe de la Comandancia militar, general Fernández Silvestre, había ocupado Tafersit; en la zona occidental, las operaciones dirigidas por el alto comisario, general Berenguer, tuvieron como consecuencia la conquista de Xauen y la sumisión de Beni-Aros. En definitiva, se dominaban las comunicaciones entre Melilla, Tetuán y Fez.
-El desastre de Anual: Los proyectos de Fernández Silvestre eran muy ambiciosos: ocupar todo el territorio rifeño y llegar hasta el corazón de las kavilas más feroces y hostiles. Sin un plan previo de campaña, fue esparciendo torpemente hombres y posiciones sin cuidar las comunicaciones. Atacado a los pocos días por los kavileños de Beni-Urriaguel, dirigidos por Abd el-Krim, hubo que abandonar la posición; tampoco pudo mantenerse la plaza de Sidi-Dris, igualmente atacada por los kavileños. La situación había dado un giro total -a peor, claro- que aún se tornaría más desfavorable. La derrota de Igueriben (junio de 1.921), desmoralizó de forma ostensible a los mandos españoles que desde entonces perdieron la iniciativa. Silvestre entonces decidió concentrar todas las tropas en Anual; procuró prestar ayuda desde allí a la sitiada Igueriben y quiso mandar personalmente el convoy de víveres que se envió como socorro y que fue destrozado por los kavileños. Igueriben hubo de evacuarse precipitadamente; tanto la retirada del convoy como de la guarnición fue catastrófica. Amenazado también Anual, las tropas españolas inician la retirada a Ben-Tiedd. Ataca Abd el-Krim, muere Silvestre, cunde la indisciplina, y con el pánico, el desastre.
Todas las posiciones cayeron en poder de los moros, que acuchillaron sin piedad a sus defensores; se perdieron 5.000 kilómetros cuadrados, además de ser incontables las bajas.
-La matanza de monte Arruit: El alto comisario acude a Melilla donde se habían refugiado los españoles huidos. Allí la situación es lamentable; quedan solamente 1.800 soldados totalmente diseminados y la plaza se redujo a los antiguos límites. Pero la precipitada llegada de refuerzos desde Ceuta y la Península y que Abd el-Krim no pudiera utilizar los cañones capturados, salvaron en aquel momento a Melilla.
No tuvo la misma suerte la columna del general Navarro; acude con fuerzas tan desmoralizadas, que al no atreverse a operar con ellas, se refugió en Monte Arruit, puesto cercano a Melilla, desde donde no pudieron o no se atrevieron a ayudarle. Abandonado a sus propios recursos, Navarro capituló con la promesa de que si entregaba las armas y la posición, tendría paso libre hasta Melilla. Los kavileños no cumplieron su compromiso, y una vez desarmada la guarnición, organizaron una espantosa carnicería entre los soldados, mientras conservaban al general Navarro y a sus oficiales como rehenes. Es el momento de gloria de Abd el-Krim, kaid de la tribu de Beni-Urriaguel, que había estado al servicio de los españoles en la administración de justicia indígena en Melilla y que, expulsado por Silvestre, había jurado vengarse.
Gracias al envío de nuevos pertrechos militares, el alto comisario general Berenguer comienza la lenta recuperación de los territorios orientales y en la zona occidental reduce al kaid Raisuni al último reducto. Pero "la guerra" está ahora en la Península: rivalidades entre los militares de las Juntas de Defensa y los "africanos"; divisiones en un parlamento hostil a Maura entre los que quieren seguir en Africa y los que quieren abandonarla.
Procesan al fin a Berenguer y le sustituye Burguete quien propone el soborno a las kavilas para acabar con la guerra. Tal propuesta indigna a los africanos que la consideran humillante después de haber creado allí las mejores fuerzas de choque: los Regulares y la Legión. Cae el gobierno, y nueva ofensa a los africanos por el nombramiento de un civil, Luis Silvela, en la alta comisaría; heridos asimismo en su honor cuando el millonario vasco negocia con Abd el-Krim el rescate por dinero de prisioneros con pleno consentimiento del Gobierno. Por tanta debilidad, protestó enérgicamente el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera. Poco después, con un golpe de estado, puso fin al gobierno constitucional.
-Acción militar de la Dictadura: Si inicialmente Primo de Rivera era partidario del abandono de Africa, propugnado por muchos políticos, sería él quien cambiara radicalmente el planteamiento de la guerra de Africa. Nombró a Aizpuru alto comisario, se hizo cargo personalmente del mando militar y visitó el Protectorado para recoger las opiniones de los jefes militares. En agosto de 1.924 hubo un levantamiento general de todas las kavilas con lo que la situación era muy grave, pues los moros están ahora más y mejor armados que nunca.
El general acude a Marruecos y ordena el repliegue general hacia la línea "Primo de Rivera", paralela a la costa en las zonas de Ceuta, Tetuán y Melilla; evacuó Xauen y suprimió 180 posiciones más. Cuando se estuvo tan cerca de que se repitieran los desgraciados sucesos de 1.921, el éxito del repliegue de las tropas detrás de una línea perfectamente segura, no dejaba de ser alentador.
A partir de entonces, cambió la orientación de la guerra de Africa y del propio Primo de Rivera que, de una actitud defensiva, pasó a la idea de derrotar a Abd el-Krim. Éste había conseguido vencer a Raisuni, fiel a España, sometiendo Yebala. Envalentonado por el triunfo, cometió el error de atacar la zona francesa al norte de Xauen por A'karrat y Bab-Taza. Francia y España se prestan entonces a colaborar ante el enemigo común. En la conferencia de Algeciras (agosto de 1.925), Primo de Rivera y Petain preparan el plan de campaña que inician los españoles con el feliz desembarco de Alhucemas; continuó la progresión victoriosa hasta Axdir, la capital de Abd el-Krim, estableciéndose en la línea alcanzada desde Monte Palomas a la Rocosa. Concluida la acción principal, deja el mando directo de las operaciones, después de recibir la Laureada, en el apogeo de su prestigio.
-El fin de la guerra: Quedaba la tarea de acabar con Abd el-Krim y a ello se dispusieron franceses y españoles. Primo de Rivera y Petain prepararon el plan en Madrid. El rifeño quiere pactar; rompe las negociaciones al mes de iniciarse y se reanuda la lucha. La derrota de Abd el-Krim es completa entregándose a los franceses que le confinan en la isla de La Reunión. Primo de Rivera completó la total ocupación militar.
El problema marroquí, obsesión española desde 1.909, quedaba al fin resuelto.
Me perdonará el lector Preámbulo tan largo; lo estimé conveniente, para que burla burlando, a veces, pueda mejor "vivir" luego la presente narración, que, en su mayor parte, transcurre en Marruecos. Escenario que ahora le resultará más familiar e incluso entrañable, puesto que en él se escribieron abundantes páginas de la historia contemporánea de España; páginas que no ocultan errores ni aciertos y que son fieles sobre todo en constatar la presencia española, en circunstancias a veces extremadamente difíciles, desde Ceuta a Xauen, y de Tetuán a Melilla.
Norte de Africa, querido por unos, odiado por otros, y con irresistible atracción para la mayor parte de la milicia. "Africanos" a quienes, con el mayor afecto, dedico esta 2ª parte: “DESDE LA OTRA ORILLA. (La que algún año de éstos y, como siempre, si Dios es servido, saldrá a la luz con tres partes: Desde la orilla, Desde la otra orilla y Regreso a la orilla. O así.
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