Regreso a la orilla. Perder una batalla no es perder la guerra
09.10.08 @ 08:21:19. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Monasterio de Nuestra Señora de Palazuelos. Cabezón. Acuarela de José Mª Arévalo. 36x46)
Cuanto sigue tiene antecedentes en nuestro artículo El “nacimiento”, publicado por Navidad. Pero estamos ahora con el problema de la remolacha, y nos habíamos quedado en que era ya la hora del almuerzo, y el personal miraba tan perplejo que más uno de los que arrancaban muy “agudos” remolachas a pico, ni siquiera se acordó de echar un mal trago.
Los Reyes Magos habían venido “antes de conantes” y dejado en los castellanos lugares una herramienta curiosa, que podría ser la solución más que aparente a las necesidades: se trata de un arrancador de remolachas de tres picos que, manejado por el tractor, hace una labor similar, aunque a mucha mayor escala, que la del utensilio que los castellanos llaman jocosamente el lapicero.
-Como de palabra todos “semos mu güenos”, -que ya dijera Cagaris y que ahora repite Pablo- habrá que esperar a que oree el terreno, y allí es “ande” ya no hace falta hablar.
Después de varios días de lluvias intensas -¡qué clima éste, Señor, para los labradores!-, vino el hielo; y luego, ya próxima la Navidad, la nieve. Quiérase o no, excepto arrancar con el pico alguna remolacha de las lindes, la forzosa inactividad fue casi completa.
Digo casi, porque en el cuarto de los obreros hubo verdadera ocupación, aunque en un trabajo singular: era la víspera de Nochebuena, cuando Drito llevó varios cajones de su casa; contenían numerosas figuras de barro, que fueron la admiración del personal. Allí había vaqueros en faenas de arada con los bueyes; también pastores con su hatajo de ovejas, un pozo igual al de los abrevaderos y casas similares a las suyas; incluso con lumbre dentro como la que tienen en el cuarto donde se calientan. La figura del Niño en un pesebre de madera, igualito a los de la cuadra, y la de María, su Madre, son realmente hermosas; extraordinaria también la de san José, un hombre, aunque joven, de aspecto grave y recio; perfectas las de la mula y el buey, que con un poco de imaginación, bien pudieran parecer la Naranja y el Canastillo...
Las remolachas, sin embargo, presentan un aspecto desastroso. El corte que un día ya lejano fue blanco y limpio al “escularlas” en la tierra con la nueva “descoronadora” (la mejor herramienta…), hoy está negro y sucio por efecto del hielo; sin la protección de hojas y corona, dicen los hombres que están “aguarichadas o marrotadas”, que viene a ser lo mismo. Según el encargado del riego, más expresivo, ¡una cosa “isquerosa”!
El apero nuevo con picos las saca “de primera”, pero tanto daño las hizo el hielo que, como en los tiempos del “descontero” en la báscula de la estación, cuasi hubo que volver a por más remolachas para que se pudiera aplicar el descuento...
Para abreviar la labor, Drito se las dio “por su cuenta”. Pasados los años, aún recuerdan los buenos dineros ganados, que lo fueron a costa de un nuevo “réuma” y del sudor a chorros, pese al frío, en la pesadilla del cacho de la Encina. Con las nuevas herramientas, descorona una y arranca la otra cuantas remolachas pueden cargar en el día. El ritmo de trabajo es tremendo; pero las toneladas que de forma ininterrumpida transportan los camiones, cada día pesan más a los castellanos –recios, duros, austeros, pero hombres- que las cargan.
Próximo el cierre de la fábrica por fin de campaña, y pese al esfuerzo, no hay posibilidad humana de terminar el cacho en el plazo fijado. Si por ello el cachicán anda nervioso, Drito no le va a la zaga. Tiene la preocupación “a mayores” del grave problema económico que se le plantea. Hasta el presente, fueron cuantiosas las inversiones que en parte le obligó el progreso imparable, pero mucho se teme que una climatología adversa y los medios humanos tan valiosos como escasos, puedan causarle un considerable quebranto. “Lluvia”, tractores, arrancadora, descoronadora..., ¿será posible –se dice- que ilusiones, proyectos, sacrificios, tiempo y dinero, en parte se pierdan? Sin pecar de pesimista ni agorero, que nunca lo fue, ve el futuro lleno de sombras. La batalla de las remolachas, hoy está perdida; mas perdida una batalla, Drito se resiste a perder la guerra. Y desaparece.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


