Regreso a la orilla. Herramientas para curar “la réuma”.
02.10.08 @ 08:00:00. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Camino en otoño. Acuarela de J.M.Arévalo.36x48)
Dejábamos a Drito prometiendo a Vidal que en unos días tendría maquinaria en condiciones para nivelar el terreno como creyera conveniente, “pues para eso, mejor que tú, nadie”.
Vidal se convirtió de la noche a la mañana en el más experto de los ingenieros . Indica con sabiduría a los tractoristas de dónde quitar tierra con las nuevas traíllas (las mejores herramientas...) y dónde echarla luego, para dejar los cachos –ahora parcelas- grandes, llanas, sin obstáculos.
Por la noche, en Traspinedo y en cá Pedro, Vidal afirma contundente al personal que le rodea:
-“Diquiá” que pase el “ivierno”, la Dehesa entera, ¡como una carta! (traduzco: de llana). Pero quedan muchas labores pendientes y el señor Julio –siempre prudente- recuerda a don Pedro, que es preciso sacar pronto las basuras, echarlas en las tierras, terminar la arada, y cuanto antes (no sabe cómo sin personal) comenzar la saca de remolachas.
Abrieron un boquete en la pared del aprisco, y aunque a duras penas, al fin pudo entrar la pala cargadora y el tractor; pero limitado el movimiento a cargar siempre hacia delante, y a sacar las basuras marcha atrás. Para rematar las orillas y rincones, los pocos hombres libres tuvieron que emplear, como siempre, las “garias”. Una vez puestas a prueba las “hablidades” de los tractoristas –hijos todos del señor Julio- y que en tales menesteres, en efecto, “salieron a padre”, el montón de estiércol en el corral es disparatado.
Los hombres se miran consternados, pues a pesar de que cuentan con la inestimable nueva ayuda para cargar las galeras, saben que por fuerza tienen que repartirla a “garia” en gran número de pequeños montones, que extenderán luego de manera uniforme por todas las “parcelas”.
En tanto cavilan sobre tales extremos, el señor Julio puso junto a la basura un remolque de lo más extraño. Es otra adquisición más de don Pedro (¡¡incansable Drito!!). Ante la nueva “herramienta”, hubo verdadera expectación y los más diversos comentarios; al principio, y como siempre, no muy favorables:
-“Páice” una “mieja” pequeño...-dijo Vidal en cuanto le puso la vista encima.
¡-“Amusque”..., si sólo “tié” dos ruedas...! –dice Pablo con cierto tono de desprecio.
-¡Remolque J.F., para “esparramar” basuras por las tierras sin necesidad de garias! -explica enseguida el señor Julio, orgulloso de manejarlo y entenderlo “de primera”.
-¡¡Aaah...!! -exclamaron todos a coro.
-La me-jor he-rra-mien-ta que hay en la De-hesa –rectificó enseguida Vidal su primer juicio, en cuanto supo por el cachicán las excelencias de su trabajo.
-¡No, si “entodavía me se cura la réuma”!–hace Pepe el comentario, significativo de que al fin la herramienta fue bien recibida. -¡A ver...! –remata, por último, Pablo, adelantándose a la expresión de su compañero Divino, que ya iniciaba el acostumbrado ¡co-sas de- los de- …
El relator no se resiste al repaso de la nueva maquinaria que trajo Drito a la Dehesa y que el lector juzgará si no es en verdad sorprendente: tractores, remolques, “lluvia”, cosechadora, el “bombo”(para espolvorear el “arseniato” contra el “sapo” de las patatas), cargadora de pacas, arrancadora de patatas, traíllas, arados, remolque para esparcir las basuras... ¿Quedarían aún más “herramientas” de las que Divino tuvo ya en la punta de la lengua?
Y quedaban… ¡“quihacer si no quedar”! ,¡¡“aguarden una mieja”!!, digo ó…
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