Destrucción del arte, en Arco.
26.09.08 @ 16:00:52. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Sunsite. Wassily Kandinsky, en lispsfmp.wordpress.com. 800 x 549)
He recibido otro Rv de esos de los que hablaba hace unos días, este titulado “Arco, el gran engaño”. Entiendo que no quiere decir que todo lo que aparece en Arco es un engaño, pero sí es cierto que esta exposición suele caracterizarse por incluir lo más extremo y rompedor de la bohemia actual. Cosas de estas salen en otras exposiciones, pero no tantas. Siempre que he pasado por el Guggenheim bilbaino, lo que más atraía al público era el laberinto, en la planta baja, una estructura de madera llana por la que podía uno perderse. Así somos. Y recuerdo que, hace unos años, encontré en Feriarte obras extraordinarias junto a otras increíblemente penosas. Me llamó la atención un cuadro firmado por Tapies. Era muy simple: había pegado sobre un bastidor la cubierta de un paquete que había sido remitido por correo, el papel de embalar usado, con la dirección, sello y matasellos, ahora extendido. Era papel de estraza, o de similar color, que casi llenada la base de un metro de alto por algo más de ancho. Y sobre esta cubierta, había dado dos brochazos con óleo blanco, como un lazo creo recordar, o quizá fuera un aspa, a la que es tan aficionado ese autor. Pregunté el precio: un millón y medio de pesetas. ¡Vaya engañifa¡. Eso sí, matérica. Como del arte matérico ( y por el contrario, del abstracto, de la importancia de Kandinsky, por ejemplo, aunque sea difícil de entender) ya hemos escrito en varios artículos anteriores, ahorro explicaciones.
En el Rv de que les hablo en éste, se reproduce un vídeo que ha publicado “malgusto.com”. En él, una tal Fany Estevez presenta a 12 niños de dos o tres años, en una guardería, a los que se ha presentado una tela preparada en blanco, en su bastidor, para pintar. Se les proporcionan pinturas de todos los colores, y pinceles, pero les dicen que pueden pintar con la mano también. Los niños, protegidos con sus “babys”, no tardan mucho en embadurnarse y hacer lo propio con el lienzo, en el que finalmente se puede apreciar un mejunje tremendo de rojos, verdes y azules, todos ellos bastante oscuros porque se han mezclado mucho. La monitora les dice que “para poder colgarlo en Arco, una feria internacional del arte, vamos a tener que desmontarlo y después volver a montarlo allí, o sea colarlo a escondidas”. De los niños no se vuelve a saber nada, porque la escena siguiente es ya en Arco, donde explica cómo procede a elegir un rincón no muy a la vista, despliega el lienzo, que ha entrado dentro del bolso de la comentarista, y lo cuelga en una pared tras colocarlo de nuevo en el bastidor. Y sin más preámbulos empieza la gente a pasar y la comentarista a preguntarles que les parece. Pinchen el “Sigue” y no se pierdan las intervenciones que son de antología.
La presentadora pregunta “¿Que véis aquí?”, a tres chicas jóvenes que se han acercado.
- Pues a lo mejor un poco de angustia, tristeza, por los colores –contesta una de ellas.
- ¿Veis algún tipo de dibujo que haya querido representar el autor? –vuelve a preguntar. - Pues sí, unas flores –dice una-, algo de paisaje sí que hay –contesta otra.
- Muchas sutilezas, corrientes… - dice la tercera. Y cambia la escena.
- Usted ¿que ve aquí?, - pregunta a un señor.
- Es un cuadro… complejo, de mucha meditación detrás.
- ¿Qué le hace pensar a usted este cuadro? –insiste la entrevistadora.
- No se, un pintor con mucha experiencia.
Se acerca más gente, ahora de nuevo jóvenes.
- ¿Creeis que si fueran niños pequeños los que lo han pintado estaría aquí, en una feria internacional?.
- Si le gusta a un crítico, puede ser. Dice un joven.
- Si le gusta al crítico sí – añade una chica.
- Y los mejores críticos? –insiste la entrevistadora.
- La gente, la gente, sí – contestan a la vez varios de los presentes.
- Caballero –pregunta ahora a un señor bastante mayor, pero con ropa deportiva-, ¿a usted qué le parece este cuadro?, ¿qué refleja?
- A mi me parece que refleja un poco la desesperación por buscar un camino nuevo. Me parece que es la búsqueda de una persona que ha buscado mucho. Pienso que más bien es obra de un hombre.
- ¿Y quizá de cierta edad? –le sugiere.
- De cierta edad. Posiblemente un hombre con una carga erótica muy grande pero también de una represión muy grande.
- O sea que usted le ve un poquito de tendencia sexual.
- Sí, sexual.
A continuación aparece ante la cámara un grupo de señoras maduras.
- ¿Les parece caro si yo les digo que cuesta 15.000 euros?. Fíjense que está en una exposición internacional.
- No me parece caro, la verdad –dice una de las señoras-, puede costarlo, es que la obra no tiene precio.
- No, está bien –contesta otra-, para el sitio en que está, sí.
- Creo que tiene un precio… más o menos -tercia otra-, mucho menos para el sitio donde está, sí.
- Me gusta esa mezcla de colores y que los veo además trabajados. Me gusta, veo que tiene mucho trabajo
- Lo veo arte. Y el arte no tiene precio para mi.
Concluye la entrevistadora: “Nadie ha dudado de su calidad ni de su pertenencia a esta exposición. ¿Por qué será?. Porque quizá Arco expone solamente a gente reputada, reconocida, lejos de la calidad de sus obras. El debate queda en la calle.”
Y una voz de hombre, añade, para concluir: “Hemos comprobado que el arte es muy, muy subjetivo. Les hemos sorprendido, ¿verdad?.
Pues sí.
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