Regreso a la orilla. La mejor herramienta de la Dehesa
07.09.08 @ 08:17:09. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Junto al Canal de Castilla. Acuarela de José Mª Arévalo.33x42)
En uno de tantos camiones como ahora circulan por el caserío sin que llamen la atención, llegó, importante, la empacadora. Sin esperar el cachicán las instrucciones de manejo, la engancha al tractor nuevo y toma a escape el camino hacia el cacho del Olmo. En las hiladas de alfalfa que se alinean perfectas de alto en bajo, quedará patente la eficacia de la última adquisición de “don Pedro”. La también revolucionaria empacadora sustituirá con enorme ventaja a la prensa manual en la que trabajaron tantos como ya marcharon en éxodo imparable. Sin que nunca sacie un apetito voraz, la nueve herramienta engulle sin parar el heno oloroso, prendido de los largos dientes, de acero, que rastrillan la tierra. Recoge hasta la última brizna para, acto seguido, arrojar por detrás, con desprecio, una paca –allí “alpaca”- tras otra.
Julián, el hijo mayor del señor Julio y que en “hablidades” salió “a padre”, prosigue impertérrito la siega con la guadañadora.
Eugenio “Carreño”, solo, perdido en el cacho del Olmo, “pica” paciente la guadaña, ajeno, al menos en apariencia, al trajín incesante de máquinas y tractores. El recio castellano, bebe con pausa de la bota, saca la piedra de la “colodra” (que así se llama la bolsa) y, también con parsimonia, afila la herramienta “en condiciones”. Paso a paso y con balanceo singular, maneja con maestría la guadaña que roncha los tallos verdes con vaivén monótono y acompasado. El veterano “guañino”, espigado, de buena planta, mueve los brazos potentes, robustecidos por muchos años de esfuerzo en la siega, mientras lleva perfecto el ritmo que acompaña con los giros precisos de cintura. En estrepitoso desafío, pasa ante él la máquina.
-¡Ya pararás, ya pararás...! –dice para sí Carreño, en el momento preciso en que una de las cuchilla de la sierra saltó echa añicos.
-¿Eh?, ¡se “marrotó”! –exclama con fuerza el segador, por el momento sonriente. Pero habilidoso Julián, repara en un verbo la avería y continúa la siega que interrumpió un tiempo en verdad breve.
Bajo los olmos centenarios que dan nombre al cacho, cachicán, guañino y tractorista, se conceden un descanso.
-¿Qué te parece Carreño? –pregunta enseguida el señor Julio.
-De “primera en primera” –contesta Eugenio, no sin un deje de tristeza-. Ya me lo decían los hijos –prosigue- , que vamos padre a la capital, que aquí ya no hay vida... Y digo ó que “pué” que tengan razón; y que además no hay punto de “comparanza” con la siega “quihace” la máquina y estas manos –las enseña callosas- ya una “mieja” cansadas.
-¡Otro que se marcha...! –dice Vidal, que llega en este momento, a modo de saludo-. No, si al paso que va la burra –añade-, el que no se marcha pa vivir a su antojo en la capital, a escape le echan las máquinas; “anque” pa mi –termina- esto es como las tormentas, que atruena, “escaña” agua a cántaros, y luego, todo como antes, que igual te “manga” una sequía de “quisió” los meses.
-A ver...! –asiente Eugenio.
-¡La mejor herramienta que hay en la Dehesa! –exclama el señor Julio apoyado en la empacadora y dirigiéndose a don Pedro que se acerca al grupo.
-¡Cuál!, ¡pues anda que ésta es menuda! –“ponderea” Julián las excelencias de la guadañadora, que sin duda es una herramienta de enorme utilidad.
-¡Que las dos son “extrordinarias” -tercia Peduco- y se acabó! Y es que Vidal está sin duda por el progreso..., mientras no le quiten los regadores del corte; personal cada día más escaso.
-No “quedría” ó que te disgustases -interviene el señor Julio-, pero las “alpacas” no se van a quedar en la tierra-; mientras los “ingenieros” no saquen la garia que las cargue sola –y eso “quisió”- otra vez habrá que echar mano de los regadores.
-¡A “qué ton” me voy a cabrear ó, no te jode...! –miente de forma soberana Peduco-. ¡Allá el “jefe” si se le “marrotan” las patatas y las remolachas!
Ni las patatas ni las remolachas se “marrotaron”. Que es mucho Vidal Peduco para, aun quitando horas al sueño (y ocasión habrá para hablar de él como se merece), sacar grandes producciones de cada cacho, hijas de su saber y esfuerzo que, pese a comentarlo aquí, nunca se le agradecerá bastante.
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