La Virgen del Tránsito, patrona de Zamora
15.08.08 @ 10:35:15. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Imagen de la Virgen del Transito, en el Convento de La Magdalena de Zamora)
Vaya, Carlos, que se nos ha pasado a los foramontanos, con esto de las vacaciones, dedicar un artículo a la Asunción de la Virgen, fiesta grandísima en estas tierras nuestras en fechas importantes para los castellanos, quizá la más importantes del año, cuando se recoge la cosecha de la que se vive todo él y asegura el siguiente. O recogía, porque hoy día ya hace algunas fechas que se ha recogido, con esto de las cosechadoras. No me digas, Carlos, que no da el tema para mucho. Además yo tengo varias Asunciones en la familia, como debe ser; ya le he dicho a mis hijos y sobrinos que a ver si ponen Mª Asunción a alguna de sus hijas, que ya son buen número y llevan otros nombres, la mayoría, gracias a Dios, tradicionales (je,je). Pero no se dejan. Mis mejores recuerdos de este día, además de las celebraciones familiares, se refieren a la preparación de la fiesta, la comida que nos llevábamos los chavales en el pueblo de mi padre, Carbonero el Mayor, cerca de Segovia, hasta el río, para en éste lavarnos bien y estar limpitos el día de la Virgen de Agosto. Pero el corazón se me va a Zamora, a la Virgen del Tránsito, de la que también voy a contar algo, tomado de Internet, donde está todo, dada la premura de tiempo para resolver esta omisión tan culpable. Lo que no encuentro es si nuestra Patrona está en la famosa iglesia románica de La Magdalena, donde recuerdo haber hecho de jovencillo algún rato de oración delante de esta imagen, o en la que hay justo enfrente, que recuerdo como iglesia del Tránsito. Debe ser el alzheimer, que escarba, o que la imagen estuvo temporalmente trasladada. Ya les diré.
En aquellos años, los cincuenta, la única casa que tenía cuarto de baño en Carbonero era la de mi abuelo. Mis primos y amigos curraban en las eras del pueblo a modo, y yo con ellos, conduciendo las parejas de machos sobre el trillo y tragando polvo de trigo y cebada en abundancia. Lo que no se tragaba, se pegaba al cuerpo entero, traspasando la ropa, y sobre todo en el cuello. Este sí se lavaba de vez en cuando, pero en cuanto al resto, se dejaba para el baño en la víspera de la Virgen. En uno de estos baños colectivos, en el río Pirón, al que íbamos en las caballerías, se nos olvidó llevar navaja –cosa rara, porque la llevábamos todos entonces, con una cadena, al cinturón- y mientras tratábamos de abrir una enorme lata de chicharros con piedras, empezamos a beber de la garrafa de vino, que no podía faltar, así que cogimos una moña tremenda, y nos tirábamos al agua entre carcajadas inusitadas. Teníamos en torno a diez, doce años, o sea que fue mi primera borrachera, o simplemente "moña", simpática –alguna más hubo, en las fiestas de Septiembre-. En Carbonero el Mayor, como en toda Castilla, se celebraba por todo lo alto la Virgen de Agosto, aunque las fiestas eran en la de Septiembre, las de la Virgen del Bustar, la patrona, a cuya ermita nos íbamos en carro, habrá que contarlo por esas fechas.
Cuando me pongo a improvisar este artículo, mientras desayuno y oigo en la radio que hoy es la fiesta, busco en Internet “Villalpando”, lo primero que se me viene a la cabeza, el pueblo zamorano famoso por ser el pionero en defender la inmaculada concepción de la Virgen, y rápidamente caigo en que no es hoy la Inmaculada, sino la Asunción, en Zamora el tránsito de la Virgen, o la Virgen del Tránsito. Encuentro enseguida varios links con la leyenda de esta imagen zamorana, uno de los cuales, de autor anónimo, en tierradelpan.com, transcribo. En artículo reciente conté una leyenda similar sobre la Cruz de los Ángeles de la catedral de Oviedo.
“Hace mucho tiempo, entre los siglos XVI y XVII, unos zamoranos piadosos, Doña Osorio y Don Juan de Carbajal, donaron su hacienda para que se fundara un convento de monjas descalzas de la orden de Santa Clara.
Se juzgó que las monjas más adecuadas serían las Descalzas de Gandía. Éstas aceptaron y tras duros caminos llegaron a Zamora. Una crecida del Duero les impidió llegar a la ciudad, así que se refugiaron durante varios días en el convento de los Jerónimos.
Al fin, llegaron al convento y se asentaron. Pero la madre Priora estaba triste. Cuando las demás le preguntaron por qué estaba triste respondió:
- " Es que he añorado mucho la imagen de Nuestra Señora que teníamos en Gandía" -
Las demás hermanas rezaron mucho porque se cumpliera el deseo de la madre Priora, porque ellas no tenían dinero.
Pasó un tiempo hasta que una mañana llegaron unos peregrinos de Santiago de Compostela. Eran conocedores del anhelo de la madre Priora y se ofrecieron a hacer una escultura de la Virgen. Sólo le pidieron una habitación dónde no fueran molestados hasta que ellos avisaran.
Y dicho esto, se pusieron a trabajar. Al principio se les oía trabajar, pero poco a poco, la madre Priora se fue poniendo nerviosa y llegó un momento en que no podían aguantar más.
Entraron en la habitación y ante sus atónitos ojos descubrieron la imagen de la Virgen del Tránsito, al abrir la puerta no encontraron ni rastro de los escultores. Se dice que eran dos ángeles y que a la Virgen le faltan dos dedos en un pie porque la curiosidad de la monja no les dio tiempo a terminar su obra.
Nuestra Señora del Tránsito se ha convertido en la patrona de la ciudad y ha salido de su clausura en los momentos en que la ciudad de Zamora ha pasado por grandes calamidades.”
Además me ha parecido muy interesante el artículo de Alberto García Soto, “La Virgen Dormida, honra de Zamora”, en lapasiondezamora.com, del que transcribo lo siguientes párrafos:
“La declaración de dogma llegó a la Iglesia Universal 331 años después que la Virgen María resplandeciera en nuestra tierra: “…que la Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del Cielo”. Así glosa la Constitución Apostólica “Munificentíssimus Deus”, por la cual el Papa Pio XII, declara como materia de fe la Asunción de la Virgen María el 1 de Noviembre de 1950. Zamora, tan dispuesta a las cosas de Dios, tan piadosa, tan creyente, y al igual que lo ocurrido en lo concerniente a la Inmaculada Concepción, ya creía firmemente en tal dogma, y como prueba de ella, un monasterio, una advocación, una talla y un nombre.
Los españoles estamos acostumbrados a los bellos cuadros y murales de la Madre de Dios siendo asunta al cielo entre ángeles, pintados por los grandes maestros de todos los tiempos. Pero los zamoranos veneramos una talla dormida, en tránsito, más propio de la Iglesia Oriental que la de Roma. La respuesta se encuentra en la tradición valenciana, de donde provienen las primeras moradoras del Convento del Corpus Cristie de la calle de la Rúa de los Francos.
Las más bellas palabras que nos relatan tan prodigioso misterio de la Virgen están en unos evangelios apócrifos muy queridos por los antiguos cristianos, y que recogen una tradición que se plasmó en la Edad Media y en libros tan conocidos como la Leyenda Dorada. Así, el libro del Tránsito de la Virgen María, evangelio griego del s.IV ó V, recoge una hermosa tradición. Nos cuenta como la Virgen María estaba orando en el Huerto de los Olivos, y como un ángel le profetiza su muerte, dejándole un regalo muy especial: una palma del Paraíso. La Madre de Dios queda turbada por este anuncio, y se muestra preocupada de que el Maligno le pueda atacar durante su muerte. Pero su mismo Hijo, ya glorioso, le dice que Satán no le tocará, y le concede la gracia de ser asistida durante su muerte por los Apóstoles, que son traídos de los lugares donde proclaman el evangelio. Incluso el mismo Pablo, apóstol de los Gentiles, es trasladado por Dios hasta Jerusalén para acudir en ayuda de María. Cuando llega el momento, el alma de la Virgen es llevada por San Miguel a la Gloria, y su cuerpo queda en la tierra. Éste, brilla con una luz sobrenatural; “los apóstoles vieron entonces un resplandor tal que ninguna lengua humana podría expresarlo, porque sobrepasaba la blancura de la nieve y la claridad de la plata” Posteriormente, los Apóstoles deciden enterrar su cuerpo, y San Juan antecede el féretro con la palma del Paraíso. Durante el trayecto, un personaje judío intenta destruir el féretro, pero de forma milagrosa no lo hace, y se convierte a la fe. Una vez que han llegado al sepulcro preparado para Ella, el mismo Jesucristo baja en su gloria para concederle a su Madre un último privilegio, resucitar su cuerpo y ser llevada al Cielo. Así, en alma y en cuerpo vivirá eternamente en la gloria de Dios.
La talla zamorana respondería al momento en que la Virgen ha muerto, aunque su cuerpo se mantenga lozano y desprendiendo un olor celestial. Solo después, la Virgen ascendería en cuerpo y alma. La Virgen del Tránsito, ha gozado siempre de mucha devoción entre los zamoranos, y ha salido en procesión extraordinaria en multitud de ocasiones ante la guerra, el hambre o cualquier calamidad pública. La imagen de la Virgen es de una extraordinaria belleza, de una serenidad celestial, que provoca en todo aquel que la mira el ardor de su fe, la curación de su alma o todo favor que necesite. Nuestra Señora Dormida, aparece bellamente adornada, siendo de las pocas excepciones en que una talla zamorana rompe con la austeridad propia de estas tierras. Los exvotos que luce la Virgen contarían miles de historias, de curaciones, de favores y milagros, que muchas veces quedan en el silencio de la clausura o de los corazones de sus devotos.”
“Y el rostro de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, era semejante a una flor de Lis, y su cuerpo expandía un olor de una suavidad maravillosa y tal que no se podría contar nada semejante” Así nos relata el evangelio apócrifo del Tránsito de la Virgen María. En Zamora, la flor de Lis, tiene una talla hecha por ángeles, María del Tránsito, que el 15 de Agosto, Zamora y su diócesis honra como especial protectora según el pueblo, y le pone un toldo azul cuajado de estrellas, con una inmensa corona, para que no extrañe el Paraíso desde el cual Dios bendice esta tierra pobre y parda tan querida por ella.”
Comentarios:
Quizá la solución sea lo que dice Jesús Simón Pardo en su libro “La devoción a la Virgen en España” de la Virgen del Tránsito: “la consideran Patrona de la ciudad”.
Bien pudiera ser que, como los zamoranos tenemos dos Patronos, San Ildefonso y San Atilano -como me has confirmado-, hayamos incluido dos Patronas, una oficial y otra popular, que en realidad son una sola, la Virgen Nuestra Señora.
Bueno, tú sabes más. Lo admito.
Convento del Tránsito: Fundado en el siglo XVI. Se trata de un edificio sobrio y de humilde portada clásica. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen del Tránsito, patrona de gran devoción en la ciudad.” (Sigo en comentario siguiente)
En Zamora -puede que recuerdes-, tal día como este la Virgen de la Concha se saca en procesión hasta el muy cercano pueblo de La Hiniesta, razón por la que, también, a dicho día se le identifica popularmente como "el día de La Hiniesta". La Virgen lleva al Niño unido a Élla con una cadenita. Me cuesta decir que va atado, tanto que, siendo yo niño, me lo explicaban diciendo que, como se le había escapado por los campos, había que poner remedio.... Hoy día, recuerdo aún mi perplejidad.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


