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Solzhenitsin, la conciencia de Europa

Permalink 14.08.08 @ 07:22:08. Archivado en Artículos

Por José María Arévalo

(Primavera en el páramo. Óleo de José Mª Arévalo. 1982. 44x52)

El 3 de agosto pasado falleció en Moscú Alexander Solzhenitsin (1918), como titulaba la prensa, el escritor que reveló al mundo el interior del terror soviético. Pero también quien denunció la indiferencia con que Europa contemplaba la terrible masacre de Stalin, y, cuando pudo volver a su patria, tras la caída del telón de acero, la nueva plaga del materialismo y una sociedad sin valores que había copiado la ya presuntamente democrática Rusia. A pesar de haber recibido, aunque entonces no pudo recogerlo, el Premio Nobel de Literatura en 1970, tras publicar en 1973, en París, su gran obra de denuncia, Archipiélago Gulag (donde descubre los secretos más terribles del gulag, la red de campos de prisioneros en la que millones de rusos murieron durante las purgas de Stalin), el enfrentamiento con el gobierno ruso llega al máximo y en febrero de 1974 será arrestado y expulsado de la Unión Soviética, desposeído de su nacionalidad. Exiliado con su familia, con cuatro años de retraso, Solzhenitsin recibe el premio Nobel en Estocolmo.

Vuelve a Moscú en 1994, después de residir durante veinte años en los Estados Unidos, y denuncia la corrupción de la nueva democracia rusa. Así dicen ahora los obituarios que fue un disidente en los dos mundos. En el exilio, acabó siendo molesto en Occidente, cuyas miserias morales denunció. En “aceprensa.com”, bajo el título “El escritor que reveló al mundo el interior del terror soviético”, hay un buen elenco de artículos sobre su enorme figura y reseñas de sus libros. “El primer círculo”, que escribió entre 1955 y 1957, explica en Aceprensa Miguel Castellví , recrea el ambiente de una prisión especial adonde iba a parar la élite intelectual de la extensa red penitenciaria soviética. Las sharashkas constituían el llamado primer círculo, que otorgaba a los condenados una serie de privilegios de los que se carecía en otros lugares.

“Todas las historias personales –reales y conocidas por el autor– reflejan el horror del individuo frente al Estado policial. Por la novela –continúa Castelví- transitan las vidas dramáticas de un buen puñado de personas encarceladas a finales de los años 40. Con gran minuciosidad, Solzhenitsin reconstruye un rompecabezas sobre la miseria y la dignidad humanas. Cada pieza es un ser humano, complejo, creíble, perfectamente representado. Seres que lo han perdido todo, que no esperan nada de la vida.”

“A través de un prodigioso sentido del ritmo interior de los personajes, asistimos a escenas plenas de dramatismo, como el patético encuentro anual de los presos con sus esposas, o la despedida de un grupo de reclusos, que marchan sin nada hacia un destino desconocido. El primer círculo asombra por las actitudes de sus protagonistas: la humillación y la mentira no apagan el amor fiel, los gestos generosos, la amistad desinteresada, el afán de verdad. Como responde un preso a un oficial: "El hombre al que ustedes hayan quitado todo, ya no está supeditado a ustedes, ya vuelve a ser libre"

Pero vayamos a algunos extremos de su vida, siguiendo también a Miguel Castelví, en un artículo de Julio del 99 que recoge también Aceprensa, y que por su enorme interés reproduzco:

“Desde sus primeros días, la vida de Solzhenitsin está marcada por la Revolución. Su padre, que había luchado en el frente como oficial de artillería, muere en accidente de caza en junio de 1918, pocos meses después de la toma del poder por los bolcheviques. Solzhenitsin nacerá en diciembre, y la figura de su padre, que no pudo conocer, adquiere perfiles heroicos en su imaginación infantil. Tanto la familia materna como la paterna perdieron sus posesiones durante la Revolución. El primer recuerdo de Solzhenitsin es su madre que lo levanta por encima de las cabezas de los fieles de la iglesia del pueblo mientras un grupo de soldados rojos atraviesa la nave.

De su familia recibió una formación cristiana, aunque al final de la adolescencia se dejó deslumbrar por la ideología marxista. Años más tarde recuperó la fe y ahora es un devoto ortodoxo. Cursó con brillantez estudios universitarios de matemáticas y física. En 1941 se alistó voluntario en el Ejército Rojo –"no se puede ser un gran escritor ruso sin haber estado en el frente", parece ser que dijo–, y alcanzó el grado de capitán de artillería. Sus experiencias bélicas cuajaron en el poema Noches de Prusia.

Estaba al mando de una batería en el frente de Prusia, muy cerca de Kaliningrado (Königsberg), cuando en febrero de 1945 fue detenido. El servicio secreto militar había interceptado sus cartas a otro oficial, gran amigo suyo, en las que criticaba a Stalin. Condenado a ocho años de prisión, fue desterrado a Kok Terek, en la estepa de Kazajstán. Allí se le diagnosticó un cáncer, del que se salvó. La enfermedad, el tratamiento en el hospital de Tashkent y su curación dio origen a un gran relato, Pabellón del cáncer. En 1956 llega la rehabilitación y el retorno a Moscú.

ESCRITOR EN EL GULAG

Desde que era estudiante de bachillerato escribía sin cesar. En el frente redactó un diario, incluso bajo los bombardeos. Esos cuadernos fueron destruidos por el KGB tras su detención: el propio Solzhenitsin describe su alivio –los diarios contenían textos comprometedores para muchos amigos suyos– y su pena por la pérdida de sus notas, que le habrían sido de gran utilidad para su proyecto de crónica de la Revolución.

Corriendo graves riesgos, continuó escribiendo en el Gulag. Una tarde, cuando ya no había luz, el viento le arrancó de las manos uno de sus apuntes. Pasó la noche sin dormir: si los guardias hubieran encontrado el papel, le habría costado muy caro. Pero sus oraciones fueron escuchadas, y cuando salió el sol, en un montón de basura pudo encontrar la nota. Nunca más volvió a arriesgarse. Y en vez de escribir, memorizaba sus poemas ayudándose de rosarios de migas de pan confeccionados por católicos lituanos compañeros de prisión.

La creatividad le salía por los poros de la piel, e incluso en el Gulag recitaba poesía para los presos. Uno de sus compañeros de destierro recuerda que él y su mujer pasaron una noche entera oyendo a Solzhenitsin que recitaba para los dos solos su obra de teatro El ingenuo y la complaciente, inspirada en una experiencia personal en el campo de trabajo de Kaluga. Tras su rehabilitación enseñó en la escuela de un pueblo cercano a Moscú (allí le pasó lo que cuenta en uno de sus mejores relatos, La casa de Matriona), y más tarde en un instituto de Ryazan. 1959 fue un año decisivo: empezó a recoger datos para Archipiélago Gulag, hizo el borrador de El primer círculo y redactó Un día en la vida de Iván Denísovich.

UN NUEVO GOGOL

En diciembre de 1961, Alexander Tvardovsky, buen poeta, editor de la revista literaria Novi Mir, leyó el manuscrito de “Un día...”, que había sido rechazado por otras publicaciones. Tvardovsky se lo llevó a casa un viernes por la noche, para leerlo con tranquilidad. Empezó a verlo en la cama. Cuando se dio cuenta de su importancia, se levantó, se vistió y se fue a su despacho. Luego explicó que aquella obra no podía leerse en batín: "hubiera sido un insulto al autor". Sin dormir, a primera hora de la mañana fue a la redacción de la revista, y con otro escritor, Víktor Nekrasov, brindó con vodka al nacimiento de "un nuevo Gogol", dijo.

Después de una larga campaña que duró casi un año y que incluyó una edición secreta de “Un día...” para los miembros del comité central del PCUS, en octubre de 1962 consiguió que Jrushchov autorizara la publicación. Cuando se supo la noticia, en la redacción de Novi Mir estalló una salva de aplausos: todos habían leído el manuscrito, por Moscú circulaban copias ilegales, y la publicación se esperaba con ansiedad. En noviembre salía a la luz el libro que cambió la vida de Solzhenitsin y logró difusión mundial en poco tiempo.

Con “Un día...”, Solzhenitsin entró con pleno derecho en la intelectualidad rusa. "Dentro de un mes, usted será la persona más famosa de la tierra: ¿será capaz de resistir a la fama? Es muy difícil resistir a la fama; Pasternak no fue capaz", espetó a Solzhenitsin Ana Achmatova, la mayor poetisa rusa de este siglo.

LA DÉCADA HEROICA

Solzhenitsin resistió a la fama, pero el gobierno soviético no fue capaz de resistir a Solzhenitsin. Lo que vino después fue la década heroica de los grandes disidentes: Solzhenitsin, Sajarov, Daniel, Siniavsky... los pocos pero valerosos profetas que denunciaban desde el interior los crímenes del sistema soviético. En el caso de Solzhenitsin, las autoridades comunistas repitieron la historia de Pasternak. En 1971, el Ministerio del Interior elaboró un largo memorándum sobre el trato a los escritores, subrayado por el proprio Brezhnev: "En el asunto Solzhenitsin estamos repitiendo los mismos errores que cometimos con Boris Pasternak. Doctor Zhivago debió ser 'suavizado' y publicado aquí, para así reducir el interés en el extranjero".

Pero, como escribe el historiador Raymond Carr, Solzhenitsin era imposible de suavizar. En 1971, el KGB intenta resolver el problema asesinando al disidente. Durante un viaje al sur de Rusia, el escritor sufre una grave intoxicación; todo indicaba que fue obra de un agente secreto. Tras la caída del comunismo, el hecho fue confirmado por Boris Ivanov, ex oficial del KGB.”


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