Regreso a la orilla. Espectacular libro de familia
09.05.08 @ 07:50:09. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Valoria la Buena. Acuarela de Manuel Prieto Hernández. 32,5x44,5)
-¿Has inscrito ya a tus hijos?, le dije un día a Drito, un año después del prematuro parto.
-Yo, yo…, titubeó, todavía impresionado por el repentino aumento de su familia.
- ¡Venga, vamos al registro, que es imprescindible para que tus hijos sean oficialmente legítimos, le dije, en absoluto experimentado.
No muy consciente de cuanto era preciso llevar a cabo para las ventajas o inconvenientes de ser familia, por acompañarle pude ser testigo privilegiado de un acontecimiento burocrático más que jocoso.
En la ventanilla para el registro y confección de los “libros de familia”, medio dormitaba un funcionario con cara de no muy buenos amigos.
-¡A ver, el siguiente! , espetó con el ceño fruncido; no sé por qué, como de cabreado.
Tomó tinta y cálamo (entonces no había bolígrafos) y, pluma en ristre, preguntó en tono de mortal aburrimiento. Sin saludo, ni el habitual -¡ay entonces!- buenos días no dé Dios…, áspero, inquirió:
¡Nombre del hijo! Pedro, contestó sonriente Drito, orgulloso de su primogénito.
-¿Edad?, volvió el funcionario a la carga.
-Un año, respondió el padre con la sonrisa aún puesta.
-¿Algún hijo más?, preguntó tras la oportuna anotación. Sí, Pepsi… digo –rectificó enseguida con mayor sonrisa- Leticia.
-¿Edad?, prosiguió el interrogatorio con el aburrimiento pintado de la más pura rutina. Un año, le dijo Drito, aún más sonriente.
-Serán mellizos ¿verdad?, salió del aburrimiento, más bien intrigado, por lo no habitual.
-¡No, no! ,“aclaró” Drito.
Al funcionario se le cayeron las gafas por el asombro, pero un mucho mosqueado, prosiguió el interrogatorio tras la oportuna y dudosa apuntación.
-¿Más…? , preguntó, por preguntar, pues bien suponía que habría de llamar al siguiente; es decir a los siguientes, pues por el tiempo empleado con Drito, la cola iba en aumento.
-Sí, sí…titubeó: otro, o sea, otra… Eugenia, al fin respondió tras rondarle “Coca-cola”.
Con los ojos llenando la “órbita” de las gafas ya puestas, volvió a la pregunta tantas veces de rutina, pero no ésta. Presagiando tormenta, el relator se retiró a prudente distancia mientras los de la cola (no Coca), intrigados, se arremolinaban en la ventanilla.
-¿…E…dad?, fue ahora el funcionario quien titubeó en la pregunta.
- ¡Un año!, contestó Drito rotundo, para que lo anotase bien claro.
-¡¿Cooómo…?!, ¡serán trillizos ¿no?!, exclamó, dudoso, pero con aspecto aún comprensivo. El personal, ya notoriamente arremolinado en derredor de la ventanilla, sonreía divertido por el inusual acontecimiento.
-Pues va a ser que no, respondió Drito impertérrito.
Adelantado en los términos de la contestación a varias décadas, la respuesta de Drito, levantó murmullos de asombro y la ira del hasta ahora aburrido funcionario. Soltó de golpe la pluma, derramó con el gesto el tintero fuera de la ventanilla, se le cayeron hasta los manguitos de los brazos, al tiempo que visiblemente contrariado vomitó el habitual y mortal aburrimiento, hasta no quedar dentro de él ni siquiera un vestigio.
-¡Oiga caballero, que está usted en una oficina seria y aquí no se ríe de mí ni mi padre!, respondió cabreado hasta en los poros de su blanquísima piel. Tales fueron las risas del personal regocijado, que hasta la pareja de “grises” vino a escape. El bueno del funcionario continuó su inusual desahogo:
-¡No te fastidia el caballero éste…! y con el tono subido por el monumental cabreo, explicó a los grises el intento de tomadura de pelo. Me dice el tío –con perdón, añadió correcto- que no son mellizos los dos chavales con la misma edad. Y para reírse de un servidor, va y dice que el tercero, sin ser trillizos, tiene también un año, como los anteriores. ¡¡Como para llevarle al cuartelillo!!, se desahogó hasta quedar vacío del todo. Uno a cada lado de Drito, los grises asieron de los brazos al padre perplejo. Me obligaron a intervenir: Miren ustedes lo que hacen, les dije; que a quien quieren llevarse al cuartelillo dice la verdad y además es militar.
Sereno, y ¡encima! Sonriente, Drito desenredó el enredo, al funcionario, a los grisas y al público divertido:
-Mire usted, se dirigió al “desencajado”: Primero nos nació Pedro, el mayor; a los dos meses de dar a luz, mi mujer se quedó nuevamente embarazada. El funcionario, con las gafas ya puestas, abría cada vez más los ojos: Drito prosiguió: Pepsi cola y Coca cola –mellizas-, o sea Leticia y Eugenia, nacieron sietemesinas…Tanto se le dilataron los ojos al de la ventanilla ¡ y a todos los presentes!, que de las gafas, tanto le sobresalían los ojos atónitos, que de nuevo cayeron al suelo. O sea, concluyó el padre, que los que deberían llevarse once meses, sólo se llevan nueve y tienen, por tanto, tres meses la misma edad, contada por años. Impresionados todos, estallaron en descomunal aplauso, mientras el buen hombre sólo pudo decir: ¡¡Jóoo…der...!! Y ustedes perdonen el palabro, que son exigencias del guión; el mismo que les he relatado fielmente. DRITO y el relator salieron de aquella oficina “arrullados” por la misma expresión, que no repito y que el funcionario lo hizo durante buen rato. Y con el libro de familia en regla ¡por el momento!
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