Editado por

C. Bustamante y J.M.ArévaloC. Bustamante y J.M.Arévalo

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Julio 2008
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031   
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS




El Hospital. Concha María, que buen prójimo.

Permalink 04.05.08 @ 07:38:28. Archivado en Artículos

Por José María Arévalo

(Concha María en la colegiata de S. Martín de Elines, 1989. Acuarela de José Mª Arévalo. 43 x 34)

Creo que va a ser este ya el último artículo sobre el fallecimiento de mi esposa, Concha María, para no resultarles pesado. Aunque seguirán saliendo anécdotas sueltas de tan enriquecedora experiencia en los siguientes, porque en mi mente está ella cada vez más viva. Veo ahora que los tres a ella expresamente dedicados han seguido un orden natural de agradecimientos: a los amigos, a la cariñosa y profunda intervención de don Federico en el Funeral, y a la carta de las alumnas de Concha María. Seguro que tendría que expresar muchos otros agradecimientos, pero hay uno importantísimo al que dedico este artículo, el que tengo a flor de piel para los médicos y enfermeras de la Residencia, que así llamamos todos al vallisoletano Hospital Pío del Río, antaño Onésimo Redondo, y ya pronto, con nuevas instalaciones, no se con qué nombre. Pero lo importante no son los medios, sino las personas. Especialmente en esa quinta planta de Oncología, llena de cuadros, plantas y detalles de agradecimiento de los allí tratados. Sea este mi homenaje, aunque también ofrezco una acuarelilla, si les apetece a las enfermeras, que son las que más tiempo pasan en los pasillos de planta, muchas veces corre que te corre.

De esas carreras recuerdo que, una madrugada, me despertó una voz agobiada, casi grito, de Concha M: “Me ahogo, me ahogo”. Cuando aún trataba de levantarme del asiento extensible donde dormía -profundamente ya desde el segundo día, acostumbrado a todo-, irrumpieron un enfermero -creo que fue Antonio- y otro, no recuerdo si enfermera, que en un periquete le pusieron oxígeno, y en unos minutos nos quedamos otras vez dormidos, “fritos”, ambos. Para esa diligencia no hay palabras ni compensación posible, solamente cabe dejar el corazón allí con ellos.

Lo del doctor Torrego -he procurado no dar apellidos hasta ahora, pero en este caso no puedo por menos- es ya el no va más. He conocido muchos médicos, pero con la humanidad sencilla y afectuosa de este hombre, solo alguno más. Nos recibía siempre con una sonrisa y dándonos la mano, y la conversación empezaba sistemáticamente por el “¿cómo has estado, Concha María” “o “cuéntame cómo te has encontrado estos días”. “Pero qué dicen los análisis?” respondía ella al principio, hasta que se convenció de que su respuesta era para él más importante que los marcadores tumorales. La intuición femenina, tan especial en Concha M, de la que he hablado en el artículo anterior, la llevaba a decirle en muchas ocasiones que le veía cara de cansado -momento en que yo me daba cuenta de que efectivamente la tenía-, o a preguntarle por su hijo, que cuando empezó el tratamiento, hace cuatro años, acababa de nacer.

Así iba convirtiéndose la relación médico-pacienta en confianza, en amistad. Como contaba en aquel artículo, un tipo de amistad especial, de los varios - hijos, alumnos, jefes, etc.- que caben. Solo me faltó añadir que Concha M decía que una cosa eran los amigos y otra los conocidos. Él estaba siempre muy pendiente de nuestros posibles planes familiares, para poner las fechas de tratamientos y citas médicas. Especialmente recuerdo mi sorpresa cuando, para fijar uno de ellos, sacó un papel en que había apuntado las fechas de las tres bodas de nuestros hijos, de las que le habíamos hablado a principios del año pasado. Concha María tenía puesta en él absolutamente toda la confianza. Más de una vez habíamos barajado la posibilidad de irnos una temporada a su tierra andaluza -yo la había ofrecido, sabiendo su amor a aquella y a sus amigas, incluso afincarnos allí-. El debate se acababa enseguida: “no quiero cambiar de médico por nada del mundo”.

Desde el primer día nos dio su teléfono y ofreció que si pasaba cualquier cosa le llamáramos, como así hubimos de hacer en varias ocasiones. Si no estaba él, sus enfermeras - ¡como quería ella a Magdalena, bueno a todas¡- le pasaban el recado y nos llamaba él a casa. Y siempre pudimos contar con su absoluta sinceridad, excepto –creo yo; puede ser que él pensara que aún le quedaba más vida- cuando unos días antes de morir le sometió al tercer grado sobre lo que iba a durar, como conté en el segundo artículo, y la intervención de nuestro amigo Pepe, que estaba en contacto frecuente con él.

Tengo que hacer también una referencia especial a las familias que durante las dos semanas que duró su hospitalización, estuvieron con nosotros, atendiendo a otra enferma de cáncer en la cama contigua. Ya he referido, en artículo del año pasado, mi experiencia de cómo el sufrimiento hace mejores a las personas, recordando, entre otros casos, el grupo de padres que fundamos la Asociación para la Estimulación Precoz, cuando nació uno de nuestros hijos minusválido. Pues esa misma sensación he tenido estos días de hospital, y no solo con estas familias, era algo que se notaba en el ambiente. Recuerdo con tanto cariño el alta de la primera compañera de habitación, que nos insistió no dejáramos de acercarnos a su casa, en un pueblo próximo a Torrelobatón, para celebrar la recuperación de ambas, donde, dijo en sincero castellano, “tienen ustedes su casa”.

Después tuvimos otra familia extraordinaria. El día antes de fallecer Concha María, las enfermeras tuvieron que cambiarle las sábanas a última hora, pues aunque no pudo cenar -por vez primera; yo lo probaba todo y era excelente- regurgitó algo. Me vi el partido, la final de la copa del Rey, tras el que caí como un leño, no sin darle las buenas noches a Concha M y a la hija de la enferma próxima, que solía dormir apoyada sobre la cama de su madre, porque ella no tenía asiento extensible sino fijo y tampoco se acomodaba al extensible-o no quiso molestarme-, que le ofrecí. Esa noche dormí más profundamente que nunca, y hasta casi las nueve de la mañana, y cuando, con el trasero dolorido, iba a salir a desayunar, pregunté a madre e hija, como de costumbre, qué tal noche habían pasado. Cuál no sería mi sorpresa cuando me dijo que había tenido que avisar a las enfermeras tres veces porque había oído regurgitar de nuevo a mi mujer, y tuvieron que cambiarle otras tantas veces las sábanas. “Pensé que para qué iba a avisarle a usted, si no podía hacer usted nada, y no era alarmante”.

Finalmente algo un tanto negativo, porque, como en la acuarela, tiene que haber siempre luces y sombras para que tenga profundidad el cuadro, y por si sirve para solucionar otros casos. Ya expliqué, en el primer artículo sobre Concha María, que un grupo numeroso de familia y amigos, varios compañeros míos acuarelistas con sus esposas y diez o doce jóvenes compañeros de mi hijo Paco, esperaron la llegada al tanatorio de los restos de Concha desde antes de la once de la noche, hasta pasada la una de la madrugada. Tuve que irme al hospital, acompañado de dos amigos médicos, y sobre las doce y media se firmó el certificado de defunción por el médico de guardia de la planta. Al parecer había tenido catorce ingresos y dicen que dijo: “Antes son los vivos que los muertos”. Tenía razón. También tenía razón el responsable del hospital que fijó el criterio de que no saliera un cadáver sin el certificado, porque por lo visto, tiempo antes hubo problemas con el Juzgado por entregar uno indebidamente. Y tenía razón la funeraria que ya tuvo casos iguales y no nos advirtió, no va a alarmar a las familias cuando puede que no ocurra. Pero eso no pasa en el otro hospital que tenemos en Valladolid.

Nunca había entendido por qué, en la parábola del buen samaritano, se dice que el prójimo no es el enfermo, sino el samaritano que le ayudó. Me lo acaba de aclarar el libro del Papa, “Jesús de Nazaret” que estoy leyendo. Dice que esa inversión del termino nos enseña: “Debo aprender desde dentro a ser prójimo. (…) Tengo que llegar a ser una persona que ama, una persona de corazón abierto que se conmueve ante la necesidad del otro. Entonces encontraré a mi prójimo, o mejor dicho será él quien me encuentre”. Pues eso. Doy fe de que Concha María sí era prójimo con todos, como los médicos y enfermeras de la quinta planta.

Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/163229

Comparte esta información
  • delicious
  • meneame
  • digg
  • yahoo
  • talk bubble

Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:

Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Hacer comentario:
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.
Tu email no se mostrará en la página.
etiquetas XHTML permitidas: <p, ul, ol, li, dl, dt, dd, address, blockquote, ins, del, span, bdo, br, em, strong, dfn, code, samp, kdb, var, cite, abbr, acronym, q, sub, sup, tt, i, b>
URLs, email, AIM y ICQs serán convertidos automáticamente.
Opciones:
 
(Saltos de línea se convierten en <br />)

Blogs
El Blog de Francisco Margallo

El Blog de Francisco Margallo

Dios laico y virtudes públicas en Ortega

Francisco Margallo

Un niño de la guerra dando guerra

Un niño de la guerra dando guerra

SEPES: o la utopía de la compra de suelo privado

Emilio Castellote Madrid.

Familia Salvatoriana

Familia Salvatoriana

Eutanasia.... un debate inexistente

José María Rodanés Martínez

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Sana contaminación

Manuel Molares do Val

Esto es lo que hay

Esto es lo que hay

La fruta más sabrosa

Miguel Ángel Violán

Tres foramontanos en Valladolid

Tres foramontanos en Valladolid

Regreso a la orilla. Llora la Dehesa.

C. Bustamante y J.M.Arévalo

Iglesia en América Latina

Iglesia en América Latina

Catequistas: medios que facilitan el acompañamiento comunitario

Daniel Salsamendi

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Tessa ataca en Galileo

Juan Luis Recio

Artículos Incorruptos

Artículos Incorruptos

Los errores de los Muertos.

José Luis Palomera Ruiz

Cajón de sastre

Cajón de sastre

¿Otra entrevista inútil?

Rufino Soriano Tena

Soy físico y Católico pa más INRI

Soy físico y Católico pa más INRI

Deben de ser tan heréticos como Pagola los de Catholic.net

Julián Moreno Mestre

El club de los amigos malos

El club de los amigos malos

Cuando una bomba explotaba cada noche en La Habana y Fidel Castro se convertía en el mayor terrorista de latinoamérica*

Julio San Francisco

Contracorriente

Contracorriente

El sufrimiento de los cristianos en Argelia y Egipto

Rodrigo del Pozo Fernández

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

Santiago no quiero enviarte un SMS

Carmen Bellver

MASS Bierzo

MASS Bierzo

Escuredo: “Ha sido un año malo, irresponsable y de vocación caciquil”

Angel Escuredo

Corrupción global

Corrupción global

175 ¿Còmo salir de la crisis?. Mix de las visiones de: economistas de prestigio, de expertos en competitividad, Opiniones de comentaristas en PD, declaraciones del Gobierno, en medios de comunicaciòn y bloggers de Periodista Digital.Parte IV.

Luis Llopis Herbas

Escaño 351

Escaño 351

El cheque-bebé es discriminatorio

La cigüeña de la torre

La cigüeña de la torre

Los bobos de Coria (XX)

Francisco José Fernández de la Cigoña

Entre el Cielo y la Tierra

Entre el Cielo y la Tierra

XXVIII CORREO: ANA Y LAS PALABRAS DEL PAPA BUENO

Francisco Baena Calvo

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

¿Qué hacer contra el paro?

Enrique Arias Vega

Haz de PD tu página de inicio | Sugerir enlace | Informa a un amigo | ¿Quiénes somos? | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Denuncias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias