Tengamos memoria: Esa democracia, no.
29.04.08 @ 15:56:44. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Empalizada en el campo de Boecillo. Acuarela de José Mª Arévalo. 34 x 46)
Conste que no me ha gustado revivir, aunque sea intelectualmente, esto que se está llamando “memoria histórica”. Pero puestos a ello, hay cosas que claman, de esa historia y de la post-historia. Me explico. Aunque a cosas ocurridas en ella me refiero, no tengo por qué manifestar, de entrada, cuál sea o haya sido mi profesión. Orgulloso de ella, jamás renegaré de haberla vivido largos años. Pero si tras mi escrito la sospechan, bien. Y si no, todos contentos y ¡“santas pascuas”!
Un excelente amigo y compañero honrado donde les haya, sufrió lo indecible porque, adelantado a su tiempo, se le ocurrió defender la democracia cuando ésta no se llevaba…: cuando corrían los tiempos muy duros del final de la posguerra y comienzo de la transición. La pasada contienda fratricida se libró, tal vez inevitablemente, por causas diversas. Sin ser exhaustivo en enumerarlas, sí citaré algunas, desde mi discutible punto de vista las más importantes: la II República, democrática en principio, degeneró de forma tan radical, que también en mi opinión, se hizo insostenible: con influencia extrema, la doctrina marxista procedente del Este de Europa, prendió con fuerza entre las gentes del pueblo cuyas condiciones de vida, nadie lo pone en duda, dejaban mucho que desear.
Pero ¡ay!, que la liberación económica que propugnaba venía envuelta en tal odio de clases y adoctrinamiento marxista-leninista (anticatólico exacerbado), que el pueblo español, en su mayoría tradicionalmente cristiano, se vio engañosamente impulsado en su sencillez (¿ignorancia?) hacia el extremo opuesto: odio e intransigencia tan intensos, que acabaron en abierta persecución y ansias -“conducidas”- de acabar con quienes profesaban o practicaban tales tradiciones o creencias. En consecuencia, se desató el implacable afán de destrucción y exterminio de todo lo sagrado.
Por otra parte, debidamente adoctrinado el pueblo (el proletariado), arremetió contra su “secular enemigo”: quienes ostentaran o crearan, sin distinción, riqueza (insidiosamente clero y creyentes incluidos).
Los desórdenes, huelgas, venganzas… llegaron a extremos tales, que la inicial democracia se convirtió pronto en la más sangrienta de las dictaduras: la marxista dictadura del proletariado. La II República, pues, de democracia ¡nada de nada, de nada!
“Revuelto el río”, se exacerbaron los movimientos nacionalistas extremos. Lo que de siempre fueran peculiaridades honrosas de las diferentes regiones de España, también convenientemente manipuladas, pasaron a ser afanes independentistas del tronco español.
Lo que con abundante sangre derramada y luchas sin cuento tanto había costado: la unidad de España, estaba a punto de romperse en “mil pedazos”.
Podría continuar la enumeración con otras causas: minucias que, por tal vez no serlo, también contribuyeron al Alzamiento Nacional: el que yo entiendo (por eso se le llamó Cruzada), que no fue contra la democracia, sino contra “esa democracia”. No confundamos pues: la marxista-leninista-estalinista, iconoclasta y anticristiana exacerbada. En la que no se me ofendan, pues si hubiera tenido edad, también yo hubiera sido de los “sublevados”; como muchos de nuestros padres e infinidad de españoles de bien, equivocados o no. Y a mucha honra.
Pues héteme aquí, y en ello está, creo, el craso error, algunos de los de mi profesión y tiempo, en la pretransición, confundieron, con perdón, “el culo con las témporas”. Honradamente los más, sibilinamente los menos, no se les ocurrió otra cosa más que defender la democracia; la que, mal llamada, porque no lo era en el recuerdo de la mayoría, acababan de derrocar con su total entrega e incluso su sangre y propia vida tantos compañeros, o simplemente los dichos españoles de bien, dirigidos por un caudillo providencial en aquellos días turbulentos. Sí, insisto y sin ocultar mi punto de vista, providencial. Otra cosa es, que acabada la contienda fratricida, no cometiera errores, no achacables desde mi opinable, repito, punto de vista a la persona en sí (intachable y con enorme prestigio ganado sobradamente durante años en la profesión), sino a errores propios de de la condición humana en tiempos necesariamente muy duros, como lo son los de cualquier guerra o a veces más, posguerra.
O sea, que cuando ya se había consolidado la victoria de los “sublevados” sobre un régimen tan mal denominado (¿democrática la II República?) , no en su esencia (la de la verdadera democracia) sino en su concreta aplicación (en realidad era la peor de las dictaduras), no se les ocurrió más que abogar por el origen (esa democracia que nunca lo fue) –no sin sobradas razones, así se consideró por los “sublevados”- de tantas atrocidades; y, con ellas, no menos injusticias en ambos bandos contendientes. ¡Y no precisamente, ya me entienden, a partes iguales! Resultado: fueron denostados y señalados con el dedo mis adelantados amigos y compañeros –entrañables algunos-, por “demócratas”... (el recuerdo de la en absoluto democracia, no podía ser peor) ¡A ver! ¿no?.
Si fuera así la democracia (la que aplicó la II República soviética-española), que no lo es y aunque tarde tantas naciones de rancio abolengo democrático se han encargado -¡ahora! (¿y antes?)- de dejarlo muy claro, ¡¡yo no soy demócrata!!
Dentro de lo jerárquico (como en la Iglesia, la milicia, y en muchas profesiones), sí se puede ser demócrata; y republicano; y liberal bien entendido; y, ¡viva la libertad!, monárquico; y… ¿por qué no? responsablemente, honradamente, cualquier opción honesta puede ser válida y el hombre libre, muy idem de optar así por una u otra. Faltaría más.
Pero por favor y por prudencia, “cada cosa a su tiempo y los nabos en adviento”; de acuerdo ¿no? Sin meterme en profundidades, para las que por mi profesión no estoy capacitado y sin ánimo alguno de polemizar, así entiendo las cosas, y que me perdone quien se sienta ofendido. Pues eso.
Como don Juan (q.e.p.d.), sin que esto implique (no tengo por qué) mostrar mis preferencias: ¡“Por España!, ¡¡todo por España”!!
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